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El coronavirus, continente por continente III: el día a día, en aislamiento


CLG dialogó con personas en 12 países del mundo para conocer cómo se vive el avance de la pandemia. En esta tercera parte, cuentan cómo cambió su vida a partir del Covid-19

Por Ariana Operti y Gonzalo Santamaría

El nuevo coronavirus no distingue de profesión, país de origen, cultura ni idioma. Los gobiernos, día a día anuncian nuevas medidas para hacer frente a la pandemia mientras los profesionales de la salud, paradójicamente, ponen su vida para tratar a los enfermos. En cada latitud y meridiano del planeta, se padecen los coletazos del mismo. Ese es el caso de 14 personas que, mientras cumplen con el aislamiento social, describieron a CLG qué cambió a partir de la alerta mundial.

Pasó un día más. Argentina se prepara para conocer los nuevos datos que dejó el coronavirus. El informe epidemiológico del Ministerio de Salud llega. Son cerca de las 21, cada medio replica: casos positivos, fallecidos y descartados, en ese orden. La gente escucha. Siempre suma. Pero los números, según los funcionarios, son todavía controlables y el pico esperado de contagios puede retrasarse. A partir del 3 de marzo, cuando se conoció el primer caso positivo en el país, la sociedad tuvo que adaptarse a una nueva forma de vida, nuevas costumbres, nuevas reglas. Dejó de lado su rutina para combatir al coronavirus desde su casa.

Así son los días en estas latitudes, pero también lo pueden ser en distintos puntos del mundo. Cada región está pendiente del avance del virus que nació en China a finales de 2019 y que ya afectó a más de dos millones personas en 185 países. Sabiendo de la rápida propagación, la intervención de los estados se volvió inevitable y con ella, las medidas para detener la enfermedad: desde la suspensión de eventos públicos hasta aislamientos obligatorios, pasando por cierre de locales donde concurra mucha gente o campañas de concientización sanitaria, que se extienden en los cuatro hemisferios.

Las personas que hablaron con CLG se encuentran llevando adelante una cuarentena que consiste en, básicamente, no salir de sus hogares, entre el padecimiento y la conciencia de tomar los recaudos necesarios. Y como ya te contamos en las anteriores entregas donde se tocó la reacción del mundo y el sistema hospitalario que combate al coronavirus, en esta oportunidad se refleja cómo cambió el día a día.

Imaginando un mapa, si se parte desde Argentina, subiendo por la Cordillera de Los Andes se llega a Colombia. Allí, con casi 3.700 infectados, vive Daniel Florez Ospina, quien trabaja para una empresa desarrolladora de software internacional, y “está acostumbrado al teletrabajo” para estar en contacto con compañeros argentinos. Es por eso que el aislamiento no le impacta de lleno en su jornada laboral: “Comer en casa permanentemente es mi cambio más radical”. En cambio, el joven contó que sí repercutió en la vida diaria de su pareja: “Ella administra un restaurante en una zona turística de Medellín y cuando las ventas empezaron a estar pésimas, optó por quedarse en casa. Ella no está acostumbrada a estar en el departamento”.

Siguiendo por América, en Estados Unidos, con los números subiendo de manera exponencial y en el primer puesto en infectados y muertos, la presencia del Estado depende de cada gobernador, ya que a nivel nacional no se impuso la cuarentena. En California, Carolina Fernández relató a CLG que su vida sigue su curso a pesar de estar decretada el aislamiento social: “Mi marido y yo seguimos trabajando, los chicos míos son grandes así que se pueden quedar en casa” y en este contexto, y con un poco de humor, esgrimió: “Ahora las calles están más tranquilas en cuanto al tráfico y se puede llegar a tiempo a trabajar”.

Saliendo ya de América y cruzando el océano Atlántico está Europa, hoy por hoy, el foco más importante de infectados del mundo. Allí, a la rutina también la golpeó fuerte el Covid-19.

Para Luciana Paglietta, en Dublín, Irlanda, la crisis la tocó justo en su trabajo. Ella se desempeñaba como niñera y había estado sin hacerlo por una operación a la que se sometió por una lesión en su muñeca y “cuando empecé, me encuentro nuevamente con que no tengo trabajo y me debo que quedar en casa”, relató la mujer de 32 años. “Eso me cambió un montón la rutina. No puedo salir a hacer deporte, lo hago en casa. Me modificaron los horarios y no es fácil acostumbrarse a estar encerrado”, indicó.

Dinamarca queda frente de las Islas Británicas. Allí Luisina Mattana, en Copenhague, sufrió el cierre del restaurante donde ella trabajaba gracias al sistema Working Holiday y pasa los días con su compañera cordobesa, Andrea.Nosotras estamos todo el tiempo adentro viendo Netflix e intentando no volvernos locas con la información”. Además, comentó que son pocas las veces que salen a la calle, y en caso de hacerlo optan por no utilizar el transporte público.

“Tratamos de meterle onda, cocinar, comer rico, no compartir el mate y no sobrecargarse de información”, resumió. La joven de 28 años también dejó en claro que ella y su compañera están en una situación de “privilegio” porque viven en un departamento, lo cual no es fácil de conseguir, y muchos argentinos terminan compartiendo habitación con más personas, y en la convivencia, se volvería complicado.

La ruta europea número 7 conecta el país escandinavo con Alemania. En Niedersachsen, Valentina Tognoli, describió cómo se sorprendió cuando visitó los supermercados luego de que el brote saltara en ese país: “Compraron y vaciaron todas las góndolas de papel higiénico. También se nota la falta de alimentos no perecederos”, describió la joven que dejó de asistir a la Universidad de Braunschweig luego de que el gobierno decretó el aislamiento social. “Ahora como en casa, salgo sólo de ser necesario y siempre me lavo bien las manos”, puntualizó.

Más al centro de Europa está Italia, una de las zonas más complicada por el coronavirus en el viejo continente. En el norte del país vive Carina Petracci, quien viaja a trabajar ella sola en su auto y con un permiso especial. “Para nosotros, la cuarentena significa quedate en casa con tu familia y cada uno de dentro de ella hace una actividad distinta”, precisó. En el hogar de Carina alguien cocina mientras otro mira la televisión, y otro día los roles cambian, pero siempre los más pequeños están realizando las tareas o dibujos que le dictan los maestros italianos.

La sobrina de Carina posa junto a un cartel con un mensaje de esperanza: «Yo me quedo en casa. Irá todo bien»

En la capital está Ezequiel De Lorenzi, que sufrió desde el comienzo de la pandemia la caída su trabajo de artesanías al punto de perderlo. Él vive con Simone, su esposo, que si bien sigue ejerciendo, es bailarín en un programa de televisión azzurro y las restricciones para circular aumentaron: constante medición de la temperatura, barbijos obligatorio, un metro de distancia entre las personas. “Acá es de casa al trabajo y del trabajo a casa”. La cuarentena en Italia comenzó en la segunda semana de marzo y se extiende hasta el 3 de mayo, mínimamente. “Hasta ahora se lleva bien, el tema es que se agotan las ideas para hacer”. La pareja ya se tomó el tiempo para acondicionar su jardín, limpiar la casa, mirar mucho Netflix y también se permitieron reflotar esas amistades perdidas por la vorágine del día: “Se piensa mucho, nos conectamos más con gente”.

Partiendo desde el mar Tirreno y llegando por el Mar Balear, está Barcelona. Allí, Agustín Di Cristoforo, un rosarino de 58 años, debió dejar obligadamente el hotel donde trabajaba ya que la franquicia decidió cerrar sus puertas como medida preventiva por el aislamiento. Por eso transita los días en su casa de Granollers junto a su familia: “A mi hijo lo hicieron trabajar desde casa, mi hija y mi nieto hacen trabajos didácticos y yo por ahí los ayudo, mientras que mi yerno se quedó en su casa”.

Más al sur, y ya en otro continente, Sandra Cortabarría, es una porteña que se encarga de realizar viajes de turismo por Sudáfrica. “A mí el coronavirus me afecta en el trabajo, porque todos los tours que tenía se me cancelaron, no tengo ingresos”, dijo preocupada. El país africano es el pico del continente y las noticias de la extensión del aislamiento entran en una nebulosa: “Sabemos que en Wuhan, China, donde inició todo, día a día bajan los casos y da esperanza”.

Una familia en GOA, India, camina kilómetros por día para llegar a la estación de colectivo a la espera de la apertura de fronteras

La mujer y su familia, integrada por su hija y su nieta, comprenden que desde la fe y el conocimiento pasarán una mejor cuarentena: “Reforzamos los lazos familiares, nos levantamos el ánimo mutuamente y siempre intentamos de estar con una sonrisa, sin dejar de ser responsables, tomando conciencia”. En la familia Cortabarría, estos días los aprovecharon para “reflotar” actividades caseras.

El último recorrido está en India, país de Asia limítrofe al foco original en China que hasta el día de hoy contabiliza 15.700 casos. En esas tierras se encuentra Fabiana Dimase, que transitó los primeros días con la enfermedad declarada pandemia en Bombay, la ciudad más poblada del país con más de 18 millones de habitantes. La mujer le confió a CLG: “Decidí dejar el lugar donde estaba porque se veían venir estas medidas y quedarme en una ciudad con tantos habitantes no era opción. Por eso me fui a Goa, un poco más al sur”. Se trata de una zona generalmente llena de turistas por sus extensas playas y sus hoteles lujosos, pero “ya no hay huéspedes en el hotel, solamente quienes trabajan”. Fabiana fue clara: “Hoy sólo se ve a extranjeros en motos, algunas bicicletas y por supuesto vacas sagradas por todos lados. Es muy tranquilo todo”.

En el medio, los medios

Si bien los trabajadores de la Salud y las autoridades de control tienen su rol crítico ante la pandemia, también juegan un papel fundamental los medios de comunicación. Son los canales para distribuir la información, mostrar cómo es el avance del covid-19 en el mundo, generar conciencia ciudadana y luchar contra las fakes news.

El trabajo en los medios muchas veces se ve saboteado por las redes sociales y la sobreabundancia de información que circula en ellas. La llamada “infodemia”, es una epidemia de “datos falsos, erróneos o maliciosos” que termina generando más incertidumbre y pánico del que provoca por naturaleza una situación como la actual, y en la que a veces también caen los trabajadores de la comunicación.

Luciana, en Dublín, duda de las redes sociales: “Trato de mantenerme aislada porque hay dudas de todo, se dicen muchas cosas y se genera más”.

“Uno tiene que cuestionarse lo que ve en Whatsapp y las redes”, disparó Emiliano Espinosa desde Moscú, donde trabaja en el portal Sputnik News, y agregó: “Todo aquello que no venga de medios oficiales siempre necesitará confirmarse”.

En cuanto a lo que divulgan los medios en sí, Emiliano fue claro: “Son informativos, pero bombardean al lector. Incluso, llegando al punto de ser responsables en alguna medida de la especulación generada”.

Así lo ve Lucía, en Granada, que reconoció que por un lago “intentan calmar a la población”, pero en otro sentido, siguen alarmando e informando la cantidad de casos día a día y de esa forma “buscan que se cumplan estrictamente las medidas para que no se propague el virus”.

Cruzando el Atlántico, en Colombia, Daniel Flórez Ospina, el joven de 23 años que vive en cercanías a Medellín, destacó el trabajo de los medios y resolvió: “Han sido muy responsables, noto que promueven mucho las técnicas de higiene y prevención, además de las recomendaciones para quienes sospechen de un posible contagio”.

Mismo sentido para los medios del Líbano. “Están todos indicando a la gente que se queden en sus casas, las desinfecte y respeten la cuarentena”, explicó Leonela Morro Bazzana, rosarina que está en el Valle de Beqaa, a 20 kilómetros de Beirut. “Es muy importante par concientizar a la gente”, agregó la joven de 26 años y puntualizó sobre la campaña que parte del Ministerio de Salud libanés que, a través de los canales de comunicación, lanzaron propagandas explicando los síntomas y dando indicaciones médicas y teléfonos de emergencias.

En Italia lo viven de otra manera. Tanto Ezequiel, en la capital, como Carina, en el norte del país, consideran que si bien informan durante toda la jornada, la agenda de los medios pasa más por indicar cuáles son las medidas de prevención, evitando “mostrar imágenes fuertes o ser tan drásticos como lo son en Argentina”, remarcó la mujer.

En este punto se detuvo Agustín y no dudó en dar su ‘receta’ sobre cómo combate junto a su familia el bombardeo informativo: “Tratamos de escuchar las noticias justas y buscamos las que son positivas. Hay que mantener la calma y el nivel anímico alto para fortalecerse uno mismo”, enfatizó desde Cataluña.

Quedate en casa

Sin vacuna ni una cura específica contra el Covid-19 todavía, los gobiernos basan las medidas que aplican en los resultados que otras naciones obtuvieron, y en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La principal y fundamental, que ha sido positiva en el epicentro del brote en China, es el aislamiento social por, al menos, 14 días, que es el período de incubación del mismo. Es decir, el tiempo que transcurre entre que una persona se infecta y aparecen los síntomas de la enfermedad.

Por eso, es esencial cumplir con los pedidos gubernamentales de aislamiento y recomendaciones sanitarias, para evitar que siga expandiéndose el virus. El alcance mundial da cuenta la gravedad de la situación, caótica en China, Italia o España y transitando las fases menores en otros territorios, como Argentina, y que, por ahora, sólo se combate haciendo caso a una simple frase: “Quedate en casa”.

*Todos los datos de este informe fueron relevados de la empresa de estadísticas World O Meters