Por Carlos Duclos

Tomaron la Bastilla, símbolo del poder opresor monárquico; iniciaron una revolución que fue paradigma y marcó un cambio rotundo en los derechos de las personas en el planeta; decapitaron por traición a la patria al rey Luis XVI; resistieron al grito de “¡Vivre la résistance!” al invasor nazi; marcaron un rumbo nuevamente con el famoso “Mayo Francés” del año 1968, días de protestas en el que se encontraron trabajadores, estudiantes y todo francés comprometido y no dispuesto a claudicar en la lucha por la dignidad humana. Para los franceses lo que está mal está mal y no lo toleran, así sea que la medida de gobierno la adopte el personaje político de su simpatía.

Por eso la reforma jubilatoria de Emmanuel Macron estaba destinada a morir en la guillotina de los derechos levantada con dignidad y decisión por los trabajadores franceses, a los que otra vez se unieron diversos sectores de la sociedad. El gobierno francés, como era de aguardarse, ha dado marcha atrás y luego de las protestas airadas impulsadas por las entidades sindicales, acaba de dejar sin efecto la cláusula de la edad en la reforma jubilatoria. Otro triunfo del pueblo francés.

Las dos grandes centrales obreras francesas han celebrado esta victoria:

La Confederación Francesa Democrática de Trabajadores ha dicho que «nuestro sindicato ha conseguido lo que pedíamos. Es una victoria, para nosotros. Seguiremos nuestra acción para seguir un sistema de pensiones más justo, donde se tengan en cuenta otros factores».

La CGT Confederación General de los Trabajadores, primer sindicato histórico, sigue la lucha y pide la retirada total y completa del proyecto de Ley.

El compromiso de los franceses con los derechos de las personas, con una vida que merezca ser vivida es robusto, sin claudicaciones, sin resignaciones ni complacencias. Esta cultura política dista mucho de la de algunas sociedades en la que a los funcionarios se les tolera todo por el mero y disparatado hecho de que son parte de sus simpatías.

La imagen de este breve comentario muestra a un hombre en plena protesta con una pancarta que expresa: “Vivir, sí. Sobrevivir, no”. Cuatro palabras que resumen el espíritu y pensamiento de una sociedad que reacciona con furia ante la injusticia alevosa y premeditada.  Espíritu que algunas sociedades manoseadas cotidianamente harían bien en imitar.

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