Por Franco Albornoz

Alejados de los vaivenes del valor del dólar y el riesgo país que obsesiona a muchos argentinos, en las villas la prioridad es conseguir un plato de comida. Y al padre Pepe Di Paola no se la contaron. Con más de dos décadas de trabajo en las villas, conoce como nadie la pobreza y asegura que la falta de trabajo “rompe las estructuras familiares con efectos devastadores”.

En un extenso diálogo con CLG, el cura villero cercano al papa Francisco contó cómo se vive la miseria, la marginación, la creciente violencia en las barriadas, y cómo, en aparente paradoja, hay más preocupación, solidaridad y recepción para el que no tiene nada.

“Pasé la crisis de 2001 en la Villa 21 y fue impresionante la fuerza comunitaria para apoyar al que estaba mal anímicamente y para compartir un plato de comida. Como en aquel momento, el individualismo se apoderó de la comunidad y se impuso como ideología. Por eso la salida es mirar al otro como un hermano, no cómo un rival”, explicó Di Paola, quien este jueves desde las 19 brindará una charla abierta y gratuita en la sede que Universidad Católica Argentina (UCA) tiene en Rosario.

—¿Cómo impacta la crisis económica actual en las villas en las que trabaja junto con la Pastoral Social de la Iglesia?

—La situación en este momento es tremenda. Hay un problema estructural en cuanto a la pobreza atravesada por la marginación y por la droga. Pero lo que se sumó en este último tiempo por la crisis económica es muy grave, y que tiene que ver con lo que los curas de las villas llamamos al eje de trabajo, pues se perdió empleo en negro y se terminaron las changas, porque la clase media al ajustar su presupuesto para vivir eliminó ese tipo de gastos: cortar el pasto, pintar y muchas cosas que les permitían a nuestros hermanos en los barrios llevar un plato de comida diario a la mesa.

—¿Por qué se llegó a esta situación y cuáles son las consecuencias?

—Nunca se pensó en los sectores más humildes. El exceso de aumentos en todos los rubros desarticuló la economía popular. Todo esto hace que la pérdida de la ocupación no solamente tenga que ver con lo que significa tener comida, sino se desarma el rol del trabajador, de la ocupación del tiempo y una de las peores cosas que son los inconvenientes y rupturas familiares. Los efectos del desempleo son devastadores y difíciles de dimensionar para quienes no lo padecen.

—Además de una crisis económica, el país atraviesa una profunda pérdida de los valores humanos más indispensables…

—Tiene que ver con una mirada individualista, por eso voy a estar en Rosario para hablar de la comunidad. Se perdió la noción de comunidad a manos del individualismo, que se apoderó de muchas propuestas y se impuso como una ideología, cuando en realidad sabemos que la única forma de salir adelante es pensar la vida y felicidad con el otro. No se escucha, no se comparte y se piensa mirando otros lugares, lo que hace que se pierda el eje de comunidad organizada.

—¿Cuál es la salida para volver a recuperar todo lo perdido?

֫—La salida es recuperar una agenda basada en la cultura del encuentro y valorar lo que hace el otro, algo que propone el Papa por medio de una vida espiritual diferente. Esos tienen que ser los ejes de la mirada hacia adelante. Recuperar los valores que fueron buenos en nuestra Patria a lo largo de la historia pero principalmente mirar a los demás como hermanos, no como rivales. Ahí están algunas de las claves para reconstruir el tejido social.

—¿Y en todo este contexto de qué manera influyen las adicciones y el consumo problemático de drogas?

—Las adicciones son la sociedad de consumo en su peor cara. Consumir en cualquier ámbito como base de la felicidad hace que vayamos a una sociedad muy superficial. Y el consumo dañino de la droga hace que la gente se aleje de su camino. Tenemos que buscar el cuidado del otro y las propuestas comunitarias que llevamos adelante en los barrios van en ese sentido.

—¿Habla con el Papa sobre la realidad de Argentina? ¿Puede influir desde su lugar para impulsar un cambio espiritual profundo en el país?

—El Papa nos muestra día a día el horizonte de una vida cristiana muy ligada a sus raíces evangélicas con la predicación de Jesús, llevados a la actualidad. La iglesia tiene mucha experiencia en la vida en comunidad, la llevamos de una punta a la otra del país y hay una base y una experiencia muy grande de prevención y recuperación. Tenemos que sumar mucho al proyecto de Argentina que se está armando y que tiene que ver con recuperar la comunidad organizada.

—¿Qué mensaje se les deja a aquellas personas que la están pasando mal y que por la situación actual perdieron su fe en Dios?

—No coincido mucho con esa visión. Mi experiencia me dice que en general la fe la tienen. Te aseguro que la gente con grandes dificultades es la más religiosa. Pase la crisis de 2001 en la Villa 21 y fue impresionante la fuerza comunitaria para apoyar al que estaba mal anímicamente, para compartir un plato de comida o simplemente experiencias. Recuerdo que los chicos que iban de campamento todos al mismo lugar compartíamos la misma comida. Esa vida mirando al otro es la que nos va a salvar en lo personal y en lo colectivo. Creo que es el momento de acercarse a Dios y a las comunidades más cercanas para poner de pie nuestro país.

Charla del padre Pepe en la UCA

*Este jueves 26 desde las 19, el padre Pepe Di Paola brindará una charla abierta en la Universidad Católica Argentina (UCA) sede Rosario (Av. Pellegrini 3314), bajo el eje temático “Compromiso y organización comunitaria”. La organización de la actividad está a cargo de Comunidad del Padre Misericordioso, una Asociación Civil sin fines de lucro encabezada por el Padre Fabián Belay, dedicada a la prevención, asistencia e inserción de personas atravesadas por la problemática del consumo de drogas, con tratamientos gratuitos, voluntarios y confidenciales.

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