Opinión
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La neumonía: daño colateral de la Covid-19


Por el Dr. Alejandro Videla (M.N 85.057), vicepresidente electo de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria

La neumonía es la principal causa de mortalidad por infección a nivel mundial y en Argentina es la 6ª. causa de muerte en general y la 5ª causa en mayores de 60 años. Este año la pandemia de Covid-19 ha resignificado el Día Mundial de la Neumonía, ya que un 15% de las personas que contraen esta infección presentan neumonía, con necesidad de internarse o de recibir oxígeno suplementario.

Llamamos neumonía a la infección de los pulmones. Estos órganos están formados por dos tipos de tejidos: las vías aéreas de conducción, que llamamos bronquios, y los alvéolos, que son como bolsitas de tejido en las cuales se cumple la función de oxigenar la sangre. Cuando esta porción del tejido pulmonar se infecta, se llena de moco y pus, configurando el cuadro clínico de neumonía.

En Covid-19, el diagnóstico de neumonía se hace a partir de la combinación de la presentación clínica, el examen físico y los estudios de imágenes (incluyendo radiografía, tomografía y ecografía de tórax).

Gracias a trabajos de investigación rigurosos, hoy sabemos que la administración de corticoides, ciertas maniobras para favorecer la respiración -como la posición decúbito prono- o el uso de equipos de ventilación no invasiva, pueden evitar la progresión hacia formas más graves. También sabemos que las personas con infección grave tienen mayor riesgo de sufrir alteraciones de la coagulación que podemos prevenir y han mejorado las técnicas de ventilación mecánica que usamos cuando se requiere asistencia respiratoria mecánica. Y ha mejorado sustancialmente la forma en que protegemos al personal de salud.

Por estos avances, se ha reportado que la mortalidad de la enfermedad ha disminuido comparando con el inicio de la pandemia. Aún estamos usando antibióticos en gran cantidad de casos, porque se ha reportado la presencia de infecciones por bacterias junto con el virus, pero es probable que cada vez los usemos menos.

Aún no sabemos a ciencia cierta cuántas personas quedan con secuelas de la Covid-19. Algunas publicaciones relevaron que una de cada diez presenta al mes síntomas como decaimiento o fatiga y que una de cada tres tendría alteraciones medibles de su función pulmonar al momento del alta. Este tipo de información necesita ser comprobada por estudios de investigación a gran escala, que estamos aguardando para poder medir el impacto real. La preocupación es si algunos de estos cuadros pueden progresar a una fibrosis pulmonar. La experiencia de otros coronavirus agresivos (como el MERS o el SARS en el pasado) es que la mayoría de estos cuadros mejoran espontáneamente.

Para recibir el tratamiento adecuado y que el cuadro no progrese, es esencial la consulta precoz ante síntomas como fiebre, tos y dificultad respiratoria. En nuestro país se ha registrado este año muy poca circulación del virus de la gripe o de otros virus respiratorios y por ello cualquier «gripe», «bronquitis» o «resfrío» tiene que ser evaluado como si fuera causado por Covid-19.

Las medidas de protección como el uso correcto de tapabocas, el distanciamiento social, el lavado frecuente de manos y evitar reuniones en ambientes cerrados han demostrado evitar la propagación viral. En el caso de los tapabocas, parecen actuar previniendo casos graves ya que disminuyen la cantidad de virus que se inhalan.

A pesar de que la pandemia no ha terminado de ceder, existen motivos para tener confianza, mientras esperamos contar con vacunas efectivas, seguras y ampliamente disponibles.