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Tener la presión arterial bajo control reduce el riesgo de Alzheimer y otras demencias


Llevar un estilo de vida saludable, dejar de fumar y controlar los niveles de colesterol son medidas que también contribuyen a prevenir el daño cerebral

En la Argentina, mueren por año cerca de 100 mil personas por enfermedades cardiovasculares y uno de cada tres fallecimientos se evitaría si la gente tuviera bajo control su presión arterial mientras que por Alzheimer y otros trastornos mentales y del comportamiento, se producen anualmente cerca de siete mil decesos.

Por esta razón, llevar un estilo de vida saludable, dejar de fumar y controlar los niveles de colesterol son medidas que también contribuyen a prevenir el daño cerebral e inclusive a mejorar la condición de los pacientes cuando ya está instalado.

Los especialistas señalan que existe una estrecha relación de ida y vuelta entre los factores de riesgo y la patología que afecta tanto al cerebro como al corazón mientras que también se debe considerar el vínculo entre la depresión y la enfermedad cardiovascular ya que estudios demuestran que tener depresión aumenta un 30% el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio y duplica el riesgo de muerte cardiovascular a largo plazo.

Entre los principales factores de riesgo modificables que afectan al cerebro y producen este tipo de daños se destaca la hipertensión arterial y sobre este tema se discutió en el evento regional denominado NCD Fórum «Haciendo visible lo invisible: tomando conciencia de las enfermedades no transmisibles».

Se considera hipertensión arterial cuando luego de tres mediciones consecutivas, en más de una oportunidad, los valores registrados son iguales o superiores a 140/90 mmHg. Constituye el principal factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, incluidas las cerebrales.

El doctor Augusto Vicario, coordinador de la Unidad Corazón-Cerebro del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) señaló en diálogo con la prensa que «cuando los clínicos y los cardiólogos atienden a un paciente con hipertensión arterial, evalúan el estado de su corazón a través de una ecografía y/o de un electrocardiograma y revisan el riñón mediante un estudio de laboratorio de función renal, pero no estudian el cerebro, que es algo muy importante».

«La hipertensión arterial es una enfermedad silenciosa; la mayoría de los síntomas que la gente atribuye a la hipertensión no son tales. Para detectar daño cognitivo, no se pueden indicar resonancias magnéticas o tomografías de cerebro a todos los pacientes, pero sí puede evaluarse el funcionamiento cognitivo a través de test sencillos en el consultorio, cuyos resultados son un indicador muy preciso», indicó Vicario.

Cuando alguien desarrolla hipertensión arterial, las paredes de sus arterias comienzan a perder elasticidad y las características propias de su función se alteran, este daño incluye a los pequeños vasos cerebrales que irrigan la subcorteza del cerebro.

La lesión va produciéndose lentamente y lastima vascularmente todo lo que está en la subcorteza cerebral y Vicario explicó: «Estas lesiones vasculares, comprometen las conexiones entre las neuronas alterando la función cognitiva 10 o 15 años después».

Además de la hipertensión arterial, tanto las enfermedades psiquiátricas como la depresión o los trastornos de ansiedad, también facilitan la presencia de enfermedades cardiovasculares y éstas a su vez se relacionan con una mayor probabilidad de tener enfermedades psiquiátricas, es una relación de ida y vuelta.

El doctor José Manuel Santacruz Escudero, médico psiquiatra y psicogeriatra y presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, expresó: «Dentro de afecciones psiquiátricas, la más frecuente de encontrar es la depresión. Esto en parte es así porque quienes padecen enfermedades cardiovasculares que limitan su funcionalidad, como una falla cardíaca, por ejemplo, pueden tener más fácilmente síntomas depresivos y llegar a constituir un trastorno psiquiátrico como la depresión».

«Algunos datos estadísticos refieren que, en personas con falla cardiaca en estadios muy avanzados, hasta el 40% de estos pacientes puede tener una condición comórbida con depresión, es un número muy alto», añadió.

Además el médico señaló que dependiendo de la severidad de la enfermedad «también varía la frecuencia de la depresión» ya que «si la enfermedad cardiovascular es más leve, manejable, la proporción de depresión es menor».

«También se observó que las personas con enfermedad vascular cerebral con mucha frecuencia presentan depresión, se estima que aproximadamente 1 de cada 4. No hay que olvidar que hay personas que tienen depresión constituida y otras que tienen síntomas depresivos y que no se categorizan como enfermedad, se denominan ‘depresiones menores’, pero igual tienen sufrimiento emocional, allí los números pueden ser mucho más elevados», añadió Santacruz Escudero.

En tanto, manifestó que «no tratar la depresión aumenta el riesgo de otras enfermedades. Hay estudios que demuestran que tener depresión aumenta el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio, ese incremento puede ser incluso de hasta un 30%. A su vez, tener depresión también se relaciona con mayores tasas de enfermedad de Alzhéimer o demencia en la vejez».