Para CLG por Fernando Cesaretti

«El poeta Aragón» fotografiado en el ocaso de su vida. Alfonso Alonso Aragón nació en España en 1891 y se afincó para siempre en Rosario desde 1917 hasta su muerte en 1974. Con ironía y sorna era coronado cada año como «Rey de los carnavales rosarinos», papel que él en su ingenuidad tomaba en serio, al igual que los estrafalarios versos que escribía.

Ya anciano, era un marginal que vivía casi de limosna en la zona de Pichincha, barrio que no tenía entonces la intensa vida de sus tiempos prostibularios ni el desarrollo turistico gastronómico actual.

Rafael Ielpi le dedicó como despedida este tema:

«Cruzabas el corso sobre una carroza
con la tapa añeja bordada de rosas
y un aire indefenso de mago cansado
que llora su drama de rey sin reinado.
Andaba tu asombro por los carnavales
como un buen remedio de todos los males,
repartiendo versos de rima gastadas,
por parques desiertos y olvidadas plazas.
Un rey Momo triste, de ojos de criatura,
casi un Don Quijote de corta figura,
repartiendo dones de dicha mezquina,
con ecos de murgas y de serpentinas.
¿ Quien iba a decirte rey de fantasía,
que tu reino vive libre todavía,
sin esa carroza de flores de trapo,
en la que reinabas solo por un rato?
Reinaste en un corso de luces opacas,
donde hay mascaritas que esconden la cara
y viejos payasos de boca infinita
para la sonrisa de tu bienvenida.
Un rey escondido dentro de un poeta,
de larga melena, menguada chaqueta,
y ese don perdido de dar alegría
al que solo tiene penas en la vida.
Ay, ay, ay Rey Alfonso, que sonso
se ha quedado el carnaval…»