Por Diego Añaños – CLG
No siempre es sencillo determinar cuándo comienza el ocaso de un gobierno. Esto es así porque la realidad social fluye, está en permanente movimiento. Como canta Caetano Veloso, “as coisas não tem paz”. No solamente las gestiones no son siempre las mismas, y como consecuencia tienden a responder de modos diversos a los desafíos de la administración de los asuntos públicos. Cambian los contextos internos. Cambian los contextos globales. Cambian las motivaciones de los agentes sociales. Sin embargo, a veces es posible detectar algunas señales de un lento declinar. Una de ellas se observa cuando los gobiernos se quedan sin relato, sin historias nuevas para contar, sin un futuro para proyectar. Los pueblos suelen tolerar el sufrimiento, incluso algunas ofensas, pero cuando desaparece la esperanza, las energías se agotan más aceleradamente.
El martes, durante su disertación en el congreso anual del IAEF (Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas), Javier Milei volvió a apelar al álbum de los grandes éxitos y fatigó a la audiencia con su archiconocida misa: “Éramos uno de los países más ricos del mundo”, “La Argentina no tuvo mala suerte, tuvo pésimos gobernantes”, “Por primera vez en cien años hay un gobierno que quiere hacer las cosas bien”, “A fin de año van a estar mejor, y a mediados del año que viene mucho mejor”, “Vamos a seguir defendiendo las ideas de la libertad”, etc, etc, etc. Pero esta vez fue por más, y citó una película infantil (Monsters Inc.). En la misma, una empresa contrata monstruos asustar niños, para utilizar sus gritos como fuente de energía. Apelando a una literalidad no menos pueril, el presidente sostuvo: “El día que le saquemos la careta a los monstruos colectivistas, éste país va a ser definitivamente libre y va a ser grande NUEVAMENTE”. Una larguísima vuelta en calesita sólo para referir a la vieja “campaña del miedo”. Mucho gre gre, para decir Gregorio. Se repiten y no se les cae una idea. Se están agotando.
Pero Milei no fue el único que habló. Luis Caputo también hizo lo suyo. Desde hace algunas semanas el ministro viene intensificando su presencia mediática, y no para de dejarnos jugosas declaraciones. Durante un evento organizado por la Cámara de Comercio Argentino Brasileña el Messi de las Finanzas se despachó con algunas afirmaciones que, más que temerarias, fueron surrealistas. Sostuvo que, por primera vez en 15 años, el país crece durante 24 meses consecutivos. Y los dejó a todos sin palabras. Tal vez con surrealistas me quedé corto, son directamente delirantes.
Ahora, cuando no se podía ir más allá preguntó: “¿Esto no quiere decir que estamos bien, no?; quiere decir que vamos bien”. Les suena? Si, no se equivocan, es una copia textual del “Estamos mal, pero vamos bien” que popularizó Carlos Saúl Menem en 1990. Repito, se están quedando sin libreto. Ya están apelando a la vulgata menemista.
Pero sin dudas lo más sustancioso apareció sobre el final de la conferencia cuando aseguró que las cosas marchan tan aceitadamente que lo más probable es que nos salgan los dólares por las orejas (textual). Evidentemente Caputo está intentando llevar tranquilidad a los mercados, que miran con desconfianza la marcha del programa económico. De hecho esto se enmarca en un contexto en el que el ministro intenta enviar señales explícitas sobre la certeza del rumbo. En este sentido, y durante su intervención en el Congreso del IAEF, aseguró que la Argentina ya tiene cubiertos todos los vencimientos de deuda previstos hasta el final del mandato de Javier Milei. Es probable que así sea, no conozco las cuentas de Caputo, ni tengo acceso a información calificada. Sin embargo, y repito, siempre guiándome por indicios y no por pruebas, resulta muy sugestivo que el gobierno sostenga que los dólares van a sobrar, en un contexto donde:
a. la Argentina tuvo que recibir un waiver por parte del FMI, por no alcanzar la meta de acumulación de reservas (de hecho estuvo U$S11.800 por debajo de lo estipulado),
b. el gobierno acaba de anunciar el envío al Congreso de un nuevo proyecto de Inocencia Fiscal, que apunta a hacer emerger los dólares del colchón, y c. el tipo de cambio oficial sigue subiendo. Qué se yo, es raro . . .
Ya que estamos en el tema, vamos con eso. El 25 de noviembre de 1998, se estrenó la película infantil “Bichos: una aventura en miniatura”, una verdadera maravilla que nació de la colaboración entre Dísney y Pixar. En la misma, se cuenta la historia de una comunidad de hormigas, que son sometidas por una banda de saltamontes que las obliga a tributarle una gigantesca porción de los alimentos que producen. Sin embargo en la colonia hay una hormiga que se destaca, Flik, un inventor genial, que se atreve a desafiar a Hooper, el líder de los saqueadores. En una reunión en la base de los saltamontes, llegan a la conclusión de que ya tienen comida suficiente para pasar el invierno. Sin embargo, Hooper recuerda el desafío de Flik y ordena volver por más. Entonces uno de sus subordinados le dice: “pero fue sólo una”, a lo que el líder responde: “Si una hormiga se revela contra nosotros les aseguro que todas lo harán pronto. Esas hormigas ridículas nos superan en número de 100 a 1, y si llegaran a averiguarlo, adiós a nuestro estilo de vida. Es por eso que volveré. No es por la comida, es para mantenerlas alineadas”. No tengo otra que spoilearlos. Las hormigas se enteraron, y los echaron para siempre. Digo, para pensar un poco. A ver si nos enteramos.
