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Qatar 2022

Opinión: «No es solamente una final del mundo: es el privilegio de volver a creer»


Por Diego Mussetta - CLG

Por Diego Mussetta – CLG

Durante mucho tiempo el fútbol argentino vivió de los recuerdos. Vivíamos mirando hacia atrás. Hablábamos de 1978. De 1986. De Kempes. De Maradona. De aquellos héroes que parecían irrepetibles.

Durante décadas nos preguntamos cuándo volveríamos a sentir esa felicidad colectiva que solamente un Mundial puede regalar. Y un día apareció esta generación.

No llegó de golpe. Se fue construyendo de a poco. Con derrotas, críticas, frustraciones y noches donde parecía que el destino otra vez nos daba la espalda. Hasta que todo cambió.

Cambió Lionel Messi. Cambió Lionel Scaloni. Cambió una Selección que decidió dejar de jugar con el peso de la historia para empezar a escribir una nueva.

Hoy Argentina vuelve a disputar una final del mundo. La segunda consecutiva. Algo reservado para muy pocas selecciones en toda la historia del fútbol. Y lo hace con un sueño enorme: convertirse en bicampeón mundial.

Pero esta Selección ya consiguió algo todavía más difícil. Reconquistó el corazón de los argentinos. Porque hace tiempo dejó de ser un equipo de once jugadores. Es una familia. Y el país entero siente que forma parte de ella.

Messi dejó de cargar solo con la mochila de las comparaciones para convertirse simplemente en Lionel. El mejor futbolista argentino de todos los tiempos. El capitán que lloró derrotas, soportó injusticias, pensó en dejar la Selección y terminó regalándole al país dos Copas Américas, la Finalissima, el Mundial de Qatar y ahora otra posibilidad de hacer historia.

Su historia ya está escrita. Pero todavía quiere seguir agregándole capítulos. Quizás porque entendió que el amor de un pueblo no se mide solamente en títulos. Se mide en emociones. Y pocas veces un futbolista emocionó tanto como él.

A su alrededor apareció una generación extraordinaria. Dibu Martínez. Cuti Romero. Enzo Fernández. Alexis Mac Allister. Julián Álvarez. Lautaro Martínez. Rodrigo De Paul. Giovani Lo Celso. Todos entendieron que el talento alcanza cuando está acompañado por el compromiso. Y arriba de todos ellos, Lionel Scaloni. El entrenador que llegó sin hacer ruido y terminó construyendo una de las etapas más brillantes de la historia del fútbol argentino. Nunca prometió revoluciones. Prometió trabajo. Nunca respondió críticas con declaraciones. Respondió con resultados. Construyó un grupo que volvió a hacer sentir orgullosos a millones de argentinos.

Por eso esta final trasciende un resultado. Porque pase lo que pase, nadie podrá borrar todo lo que esta Selección ya le regaló al país. Nos devolvió las ganas de juntarnos. Nos hizo volver a abrazarnos con desconocidos. Nos recordó que todavía existen causas capaces de detener un país entero durante noventa minutos. Y eso vale muchísimo más que cualquier estadística.

Claro que queremos ganar. Claro que soñamos con otra estrella. Claro que imaginamos a Messi levantando una vez más la Copa del Mundo. Pero si algo enseñó esta generación es que las grandes conquistas empiezan mucho antes del pitazo inicial. Empiezan cuando un grupo decide creer. Y hace tiempo que Argentina volvió a creer.

Hoy habrá una final. Pero, sobre todo, habrá millones de corazones latiendo al mismo tiempo. Y eso también es hacer historia.