Por Diego Añaños – CLG
Cualquier buen cratilista, afirmaría que el nombre de las cosas refleja, (o en todo caso, debería reflejar), su esencia. Borges lo decía de manera mucho más poética: “Si (como afirma el griego en el Cratilo) el nombre es el arquetipo de la cosa, en las letras de rosa está la rosa, y todo el Nilo en la palabra NILO”. Sé que soy una persona grande (vi los tres campeonatos de la selección argentina y me correo es un yahoo.com.ar), pero cuando desde que soy muy chico, el ingenio popular ha transformado la sentencia filosófica del diálogo platónico en un hábito juguetón. En efecto, la imposición de los sobrenombres o los apodos, no es más que un intento de acercar el nombre a la esencia de la cosa. El pelirrojo era “iamaaarada”, el pelado “cabeza de rodilla” y el rubio “antojo de mayonesa”. Lamentablemente, y lo digo adrede utilizando un tono decadentemente nostálgico, estos tiempos de subjetividades frágiles y ofensividades ubicuas, nos han ido privando de tan entretenida costumbre. Pero hoy la quiero reivindicar, para hablar de Javier Cuarenta. Está bien, todos sabemos que se llama Javier Milei, pero más de uno ya le andaba buscando un nombre que lo identificara más. Por eso lo de Javier Cuarenta, porque si el dato de inflación no existe, el Javo te lo inventa. Como el 17.000% heredado del kirchnerismo o el 12 trillones por ciento acumulado desde la creación del Banco Central.
Sin embargo, en los últimos días parece haber metido otro gran éxito, y ahora le dicen Javier Pagoda, porque si se equicovó en un dato, enseguida te lo acomoda. Como todos recordarán, y los incontables recortes de redes sociales nos lo traen a la memoria casi diariamente, el presidente había establecido una fecha para la defunción de la inflación: mediados de 2026. La explicación, siguiendo los dictados del canon impuesto por Milton Friedman, que sostiene que la inflación es en todo tiempo y lugar un fenómeno monetario, suponía que, habiendo fijado la oferta monetaria en julio de 2024 (y teniendo la política monetaria un rezago de entre 18 y 24 meses), la inflación debería desaparecer a mediados de este año. Con el paso de los meses, Milei moderó su profecía originaria para pasar a afirmar que iba a comenzar con 0. “Cero coma algo”, sentenció. Como sabemos, no sólo no fue así, sino que en la última medición, la inflación sufrió una leve aceleración. Pero como las Fuerzas del Cielo festejan todo, hasta los goles en contra, el León salió a festejar. Qué festejó se preguntarán ustedes? Pues que la inflación MAYORISTA fue del 0,8%. En su cuenta de X publicó ayer: “Y al final Julio empezó con CERO . . . INFLACIÓN MAYORISTA = 0. CIAO!”. Es como si yo dijera que mañana no va a llover, y cuando amanece lloviendo, posteo una foto de un amanecer soleado en el Caribe, y digo: “Al final no llovió”. No sólo es un festival de deshonestidades, sino que tenemos que considerar, además, que la inflación mayorista no mide la misma canasta que la minorista. Sólo por hacer una breve enumeración de las cosas que NO mide podemos nombrar: alquileres, expensas, prepagas, consultas médicas y odontológicas, colegios, restaurantes, bares, hoteles, transporte público, taxis, estacionamiento, internet, telefonía celultar, etc. Pero bueno, es así, nunca va a ser Javier Zapata, porque jamás ni siquiera empata. Recuerden, el León siempre gana.
El presidente se autodefine como especialista en temas de crecimiento, con o sin dinero. Esto nos podría llevar a concluir que su fracaso en la eliminación de la inflación no se debe tanto a su falta de esfuerzos, como a que no es un área fundamental de expertise. En ese sentido, habría que focalizar más el análisis en la evolución de la actividad económica general, que en variables sueltas. Durante una cena organizada por la Fundación Libertad, allá por abril de 2024, Javier Milei lanzó una de sus frases más conocidas: “La economía va subir como pedo de buzo”. El Javo es a la política, lo que Moria es a la farándula, una fuente inagotable de frases matadoras, y no puede contener su impulso. La cuestión es que van pasando los años y la cosa no arranca. Luis Caputo acaba de declarar que los brotes verdes ya comienzan a salir de la tierra y que el 2027 será un gran año. Pero los datos duros no sostienen las afirmaciones del ministro de Economía. Veamos la película en movimiento. El primer semestre del año pasado la economía creció a un ritmo del 6% anual. Luego se estancó en el tercer trimestre (0,1%) y en cuarto trimestre (0,6%). Para no hacerla tan larga: durante el primer semestre de este año, el ritmo de crecimiento de la actividad pasó de aquel 6% del 2025 a un 1,5%, es decir hoy la economía argentina va a un cuarto de la velocidad a la que crecía el año pasado. Del pedo de buzo mejor olvidarse.
Pero lo verdaderamente preocupante es que la agenda del gobierno está muy lejos de concentrarse en resolver los problemas más urgentes de la sociedad argentina. Muy por el contrario, se focalizan en abordar algunas cuestiones políticas que demanda el calendario electoral o, en todo caso, favorecer a sectores económicos muy puntuales. Concretamente, los proyectos del oficialismo en el Congreso son la Reforma Política (para eliminar o suspender las PASO), el Súper Rigi, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la Inocencia Fiscal II. Mientras tanto, los salarios siguen implosionando, el consumo y la recaudación no remontan, el desempleo y la informalidad crecen, el Riesgo País sube (ya está firme por encima de los 500 puntos nuevamente), y los activos argentinos se planchan en las bolsas globales. Sin embargo, en el medio de todo este berenjenal de malas noticias, se destaca un fenómeno para seguir de cerca. La demanda de cobertura cambiaria se cuadruplicó en los últimos tres meses. Normalmente, y ante un frente incierto, los agentes económicos suelen dolarizar sus carteras para cubrirse de eventuales cimbronazos cambiarios. Todos estábamos esperando que eso suceda a medida que las elecciones ejecutivas del año que viene se acercaran. Que comience a ocurrir tanto tiempo antes es una señal de alerta que no deberíamos ignorar.
