Qatar 2022

Opinión: «El Mundial de los goleadores: cuando los cracks vuelven a marcar el camino»


Por Diego Mussetta - CLG

Por Diego Mussetta – CLG

Los Mundiales siempre terminan encontrando una imagen que los define. A veces es una atajada imposible, una sorpresa inesperada o una selección revelación. Pero esta Copa del Mundo parece haber elegido otro sello: el de los goleadores. El de los futbolistas diferentes. El de esos jugadores que aparecen cuando el margen de error desaparece y el peso de la historia empieza a sentirse.

Lionel Messi, Kylian Mbappé y Erling Haaland lideran la tabla de goleadores con siete tantos cada uno. Apenas un escalón más abajo aparece Harry Kane, con seis. Cuatro delanteros, cuatro líderes, cuatro maneras distintas de entender el fútbol. Y todos, casualmente, conduciendo a sus selecciones hacia las instancias decisivas.

Lo de Messi ya dejó de sorprender para transformarse en una costumbre. A los 39 años sigue rompiendo cualquier lógica. Mientras muchos imaginaban un Mundial de transición para el capitán argentino, él volvió a demostrar que los grandes no entienden de fechas de nacimiento. Lleva siete goles en esta Copa, veinte en la historia de los Mundiales y continúa siendo el futbolista que mejor interpreta cada momento del partido.

Hoy ya no necesita arrancar desde la derecha ni recorrer cincuenta metros para marcar diferencias. Juega casi como centrodelantero, administra energías, aparece donde duele y sigue teniendo una voracidad competitiva admirable. Corre menos, piensa más rápido que todos. Y cuando la pelota le queda, casi siempre termina dentro del arco.

Del otro lado aparece Mbappé, el heredero natural del trono mundial. Francia encontró en él mucho más que un goleador. Encontró un capitán capaz de asumir toda la responsabilidad ofensiva de un equipo que vuelve a ilusionarse con otra final. Cada aceleración suya transmite la sensación de peligro permanente. Cada definición confirma que está atravesando uno de los mejores momentos de su carrera.

Si Francia no deja de ganar es porque tiene detrás una estructura sólida, pero delante cuenta con un futbolista que resuelve partidos por sí solo. Mbappé juega como si cada defensa rival fuera insuficiente para detenerlo.

Y si había alguna duda sobre la capacidad de Haaland para brillar en un Mundial, Noruega se encargó de despejarla rápidamente. El gigante europeo no solamente llegó a la Copa. Llegó para transformarse en la gran sensación del torneo. Sus dos goles frente a Brasil no sólo eliminaron a uno de los candidatos. También terminaron de confirmar que el delantero del Manchester City puede dominar cualquier escenario.

Su potencia intimida, su presencia obliga a modificar sistemas defensivos enteros y su capacidad para definir con pocos contactos lo convierte en un atacante prácticamente imposible de controlar. Noruega vive el mejor Mundial de su historia alrededor de un futbolista que parece diseñado para romper récords.

Y en silencio, casi sin hacer ruido, Harry Kane vuelve a demostrar por qué lleva tantos años siendo uno de los delanteros más completos del planeta. Inglaterra ya está entre los ocho mejores y buena parte de esa explicación pasa por la eficacia de su número nueve. Kane no necesita demasiadas ocasiones. Siempre aparece donde tiene que aparecer. Hace jugar al equipo, baja a asociarse, habilita compañeros y, cuando pisa el área, mantiene intacto ese instinto goleador que lo convirtió en referencia mundial.

Esta Copa del Mundo tiene selecciones revelación, partidos inolvidables y sorpresas permanentes. Pero también tiene un denominador común: cuando llega la hora de definir, aparecen ellos. Los diferentes. Los que cargan sobre sus espaldas la ilusión de millones.

Messi, Mbappé, Haaland y Kane representan generaciones distintas, estilos diferentes y caminos futbolísticos propios. Sin embargo, comparten una misma condición: son futbolistas determinantes. Esos jugadores que hacen mejores a todos los que los rodean y que aparecen cuando la presión paraliza al resto.

Quizás dentro de algunos años este Mundial sea recordado por muchas cosas. Pero hoy, mientras la Copa entra en su tramo decisivo, ya tiene una identidad muy clara.

Es, sin dudas, el Mundial de los goleadores. Y, sobre todo, el Mundial de los cracks.