Opinión

Opinión: «El estancamiento, los morosos, y los dólares de Toto»


Por Diego Añaños – CLG

Sobre el inicio de la semana apareció posteo del presidente en la red X que intentaba refutar las noticias sobre la caída de la actividad económica. En la red del su amigo Elon Musk, Javier Milei publicó una foto del shopping Soleil en Boulogne donde se observa una gran cantidad de gente abarrotando las galerías. Sin embargo, sus denodados esfuerzos chocaron con los datos publicados por el propio INDEC: las ventas en los centros comerciales cayeron un 4,9% en junio respecto al mismo mes del año pasado, y ya acumula un caída del 2,7% en todo el 2026.

Paralelamente, el martes el INDEC publicó los datos del nivel de actividad de julio (que es el último mes procesado disponible). Según el relevamiento, la producción manufacturera
registró una caída intermensual del 5% (con respecto a junio), con una caída del 4,9% interanual, y una caída acumulada del 2,6% en los primeros meses del año. La construcción,
por su parte, mostró una caída del 4,5% interanual (aunque todavía conserva un leve crecimiento del 1,7% en lo que va del año). En resumen, la misma dinámica del 2025, pero
profundizada.

El amesetamiento del crecimiento ya se había hecho notar a comienzos de año. De hecho, el nivel de actividad durante el primer semestre había crecido a un cuarto de la velocidad de los
registros de primer semestre del año pasado (1,5% del 2026 contra un 6% del 2025). Es paradógico, ya que, no sólo los principales analistas, sino también los organismos financieros
internacionales, proyectaban una curva de crecimiento mucho más pronunciada para la economía argentina en 2026. A fines del año pasado, tanto el Banco Mundial como el FMI, estimaban que nuestra economía crecería un 4% en relación con 2025. Luego fueron ajustando las previsiones, pero nunca bajaron del 3,5%. Desde el Relevamiento de Expectativas de
Mercado que publica mensualmente el Banco Central, en enero de este año se proyectaba un crecimiento algo más modesto, del orden del 3,2%. A medida que fueron pasando los meses,
las promesas fueron quedando en el camino, y las estimaciones comenzaron a bajar sensiblemente. En el último Relevamiento del Central, la proyección se situó en el 2,1%,
prácticamente la mitad del crecimiento proyectado por los organismos internacionales a fin del año pasado. Los brotes verdes siguen sin aparecer, y parece que los mejores dieciocho meses que la Argentina haya visto en décadas (profetizados por el Toto Caputo el 14 de abril de este año) no empiezan más. Será cuestión de tener un poco más de paciencia.

Los que no pueden esperar más son los morosos. Afortunadamente la oposición pudo imponerse en la Cámara de Diputados, y consiguió establecer un cronograma de trabajo en
comisiones para discutir la crisis de morosidad (además de la prórroga de la emergencia en Discapacidad). Y digo afortunadamente porque esta semana surgieron dos datos que dan
cuenta de la gravedad de la cuestión. Según datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, tres de cada diez hogares argentinos pidieron préstamos a familiares, amigos o
financieras para sostener sus gastos cotidianos (no para la adquisición de bienes durables, para la diaria). Sigamos, de acuerdo a un relevamiento nacional realizado por el Instituto Periferias,
el 60% de las familias en barrios pobres de la Argentina se endeudaron para comprar comida.

Sí, así como lo escuchan COMIDA. Una más, según datos del Banco Central, la mitad de los actuales deudores morosos estaban al día con sus pagos hace dos años. Es decir, no son, como
pretende instalar el Gobierno, unos irresponsables que se endeudaron sin considerar las consecuencias, fue el deterioro de la situación económica lo que los llevó al atraso en el pago
de sus obligaciones. Queda claro, el problema es el modelo.

Para ir cerrando, la del estribo. Durante una conferencia que ofreció esta semana a los estudiantes de la Universidad Di Tella, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, reconoció
que el modelo económico de reconversión productiva impulsado por el Gobierno tiene un impacto asimétrico, de modo que mientras que hay sectores que crecen aceleradamente
(agro, minería, combustibles y finanzas), hay otros a los que les va a costar un poco más. En síntesis, las cifras publicadas por el INDEC que consignan la fuerte caída de sectores como los
que mencionábamos recién (industria y construcción), no reflejarían una profunda crisis producto de la caída de la demanda interna, sino que serían un emergente de un proceso de
destrucción creativa. En ese sentido, sostuvo que, aunque las señales de la macro son positivas, una parte importante de los ahorristas argentinos prefiere tener sus dólares por
fuera del circuito bancario. Efectivamente, y pese a que la Ley de Inocencia Fiscal ya está vigente, los tenedores de divisas extranjeras no confían en las nuevas garantías que le ofrece el
sistema bancario a través de la norma promulgada a comienzos de este año. Por eso, aprovechó la ocasión para recomendarle a los alumnos que no se enojen con sus padres
cuando les dicen: “Yo no voy a sacar la plata del colchón”, para cerrar diciendo: “Pero traten de convencerlos igual”. Habrá que ver si tienen éxito, aunque lo veo difícil. Digo, hasta el día
de hoy, los esfuerzos denodados Luis Nicolás, Agustín, Cristóbal, Santiago, Sofía y Alexia (los seis hijos del Toto) por tratar de convencer a su padre de que traiga los casi nueve millones de
dólares (declarados) que tiene fuera de la Argentina, han sido en vano. Mirá que le meten presión en la casa, (hasta le leyeron la Ley de Inocencia Fiscal), pero no afloja. No perdamos la esperanza, por ahí nos llevamos una sorpresa y Caputo repatria sus dólares.