El presidente de la Cámara, Sergio Cassinerio, aseguró que la suba de las tasas, la pérdida de poder adquisitivo y el aumento de la morosidad están modificando la forma de comprar
El consumo en los supermercados de Rosario atraviesa una etapa de cambios profundos. La pérdida de poder adquisitivo, el aumento del endeudamiento y las dificultades de las familias para llegar a fin de mes están modificando no sólo qué compran los consumidores, sino también cómo pagan y qué promociones utilizan para intentar reducir el gasto.
El panorama fue analizado por Sergio Cassinerio, presidente de la Cámara de Supermercados y Autoservicios de Rosario y la Región (Casar), quien advirtió sobre las dificultades que atraviesan tanto los consumidores como las entidades financieras y los propios comerciantes.
En diálogo con La Red Rosario, Cassinerio sostuvo que el aumento de la morosidad comenzó a complicar a los bancos que ofrecen promociones para incentivar el consumo. “Los bancos se empiezan a ver complicados”, señaló, en referencia al escenario financiero que pone en duda la continuidad de algunos beneficios.
La situación también repercute sobre los comercios, que aseguran tener cada vez menos margen para absorber los costos de las promociones.
La morosidad y las tasas, en el centro del problema
Para Cassinerio, las dificultades financieras de las familias no pueden explicarse únicamente por el consumo de determinados productos, sino que deben analizarse dentro de un escenario de endeudamiento, tasas de interés elevadas y pérdida del poder adquisitivo.
El empresario explicó que muchos consumidores que hace un año habían tomado créditos con determinadas condiciones se encontraron luego con fuertes incrementos en las tasas.
“Si el deudor hace un año estaba pagando 20, 30, 35%, la tasa se le fue al 90%”, graficó.
A esto se suma, según planteó, el aumento de los servicios y otros gastos cotidianos que reducen el dinero disponible de las familias.
En ese contexto, también cambió la relación de los consumidores con el dinero. La estabilización de los precios hizo que muchas personas dejaran de sentir la necesidad de desprenderse rápidamente de los pesos y comenzaran a evaluar otras alternativas de consumo.
“Yo no tengo la necesidad de salir corriendo para comprar un electrodoméstico”, explicó Cassinerio, al describir un comportamiento que, según observan desde el sector, también se refleja en las decisiones de compra.
El efectivo pierde terreno y la tarjeta de crédito gana protagonismo
Uno de los cambios más notorios aparece en los medios de pago. Cassinerio aseguró que “la utilización del dinero está en caída libre hace rato” y estimó que las operaciones abonadas en efectivo ya no representan más del 15% del volumen de ventas de los supermercados rosarinos.
En contrapartida, las tarjetas de crédito se convirtieron en el principal mecanismo utilizado por los consumidores. Según sus cálculos, concentran alrededor del 55% de las operaciones.
La explicación está vinculada, en buena medida, con la necesidad de financiar las compras y aprovechar descuentos y cuotas en un contexto de ingresos familiares deteriorados.
“La gente está muy pendiente y con una especie de grilla en la cual sabe qué día utilizar tal tarjeta y qué día utilizar otra”, describió Cassinerio.
El dirigente supermercadista aseguró incluso que algunos consumidores cuentan con tres o cuatro tarjetas y van alternando entre ellas según las promociones disponibles.
¿Qué puede pasar con los descuentos de MODO?
En este escenario aparece la posible discontinuidad de algunas promociones bancarias, entre ellas las que se realizan a través de MODO, una de las billeteras virtuales utilizadas para acceder a descuentos en supermercados.
Cassinerio explicó que los beneficios que llegan a representar descuentos de hasta el 25% se sostienen mediante un esquema compartido entre las entidades financieras y los comercios.
“El descuento que se ofrecía se compartía en un 50% con el banco y el resto era del comercio”, detalló.
Sin embargo, el presidente de Casar afirmó que algunos bancos comenzaron a alejarse de ese esquema y que existe la posibilidad de que varias entidades dejen de participar.
Para los supermercados, eso implicaría asumir un costo mayor para mantener los descuentos actuales.
“Estamos pensando seriamente que tal vez sea el final de este tipo de descuentos porque es imposible absorberlo”, advirtió.
La eventual desaparición de estas promociones podría tener un impacto directo sobre consumidores que actualmente organizan sus compras en función del calendario de descuentos de cada banco.
El comercio electrónico tampoco compensa la caída
Otro dato que aportó Cassinerio es que el crecimiento de las compras por internet no alcanza para compensar la pérdida de ventas en otros canales.
Según explicó, las operaciones online se mantienen “dentro de los valores de siempre” e incluso registraron bajas en algunos casos.
“No es que lo que se pierde por un canal, se gana por otro”, remarcó.
La situación se refleja también en los últimos datos oficiales disponibles. Según el Instituto Provincial de Estadística y Censos (Ipec), las ventas de supermercados en Santa Fe aumentaron 1,1% interanual en junio, aunque retrocedieron 0,9% respecto de mayo.
El comportamiento fue dispar según los rubros. Los productos de almacén registraron una suba del 3,6%, mientras que las bebidas aumentaron 3,5% y la indumentaria, calzado y textiles para el hogar, 2,7%.
En el otro extremo, los electrodomésticos y artículos para el hogar tuvieron una caída del 8,4%, seguidos por limpieza y perfumería (-4,4%), panadería (-3,9%) y alimentos preparados y rotisería (-3,8%).
Los números y las declaraciones del sector muestran así un escenario en el que las familias siguen consumiendo, pero lo hacen de otra manera: recurren más al crédito, buscan promociones, comparan precios y modifican sus prioridades, mientras comerciantes y bancos enfrentan cada vez más dificultades para sostener los mecanismos de financiación y descuentos que ayudaban a mantener el nivel de ventas.
