Por Diego Añaños

“Los mercados están nerviosos”, suelen decir los analistas. Pero claro, todos sabemos que es sólo un eufemismo para ocultar una hecho: un grupo, habitualmente conformado por empresas importantes, están enviando una señal. Quieren sentarse a conversar para negociar. Puede ser que estén disconformes con una medida tomada, una por tomar, o simplemente establecer las reglas del juego hacia adelante. Los pobres y los trabajadores hace paros, cortan una arteria de circulación, o realizan una manifestación. Esos son los mecanismos de los que disponen para hacer sentir su descontento. Los empresarios plantean una crisis de confianza, o afirman que bajo determinadas circunstancias no están dadas las condiciones de seguridad jurídica para invertir.

Los principales medios del país reflejan hoy la preocupación del sector empresario por la falta de información con respecto al equipo y al plan económico de Alberto Fernández. Se filtran nombres, se filtran supuestas medidas, pero sólo son operaciones, y nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que se viene. Una nota de Pablo Wende, publicada en Infobae a comienzos de la semana sostenía que los empresarios quieren saber si el presidente electo dará un giro “pro mercado” apenas asuma. Resume así la pregunta que hacen cotidianamente los principales medios, tanto escritos como televisivos y radiales. Si ese giro no tiene lugar, afirman, las inversiones que la Argentina necesita, no van a venir.Ninguno de esos medios parece notar que venimos de cuatro años de un gobierno pro mercado, que se preocupó diligentemente de establecer todas y cada una de las condiciones que establece la vulgata, y sin embargo las inversiones efectivamente no vinieron. Veamos un poco cuáles fueron las medidas.

En primer lugar, una brutal transferencia de ingresos a los sectores más favorecidos. Ámbito Financiero publicó esta semana un estudio de la consultora Proyecto Económico, que conduce la economista y diputada nacional Fernanda Vallejos. Según el trabajo, el Estado le transfirió al sector privado, unos $691.000 millones en subsidios a sectores de altos ingresos por perdones impositivos. Los mecanismos fundamentales fueron modificaciones en el impuesto a los bienes personales, los derechos de exportación (retenciones), contribuciones patronales, más algunos cambios accesorios en el Impuesto a las Ganancias. Paralelamente se habilitó un importante blanqueo de capitales, que no sólo permitió lavar fortunas malhabidas, sino que incluso habilitó por la vía de un decreto presidencial a incluir a familiares de funcionarios en el proceso (en contra del espíritu de la ley del Congreso que lo prohibía expresamente). También se facilitó la baja de los salarios reales mediante un mecanismo muy simple: garantizando que los ingresos de los trabajadores fueran por debajo del índice general de precios. Además, se habilitaron todos los mecanismos existentes, y los otros se crearon, para permitir la compra de dólares casi ilimitada, la remisión de utilidades al exterior y la posibilidad sacar las ganancias del país.

A finales de 2017 la Argentina tenía un gobierno pro mercado y había ganado las elecciones claramente. La inflación había caído 15 puntos con respecto a 2016, los empresarios destacaban los logros de Mauricio Macri y el riesgo país tocaba su mínimo en décadas, apenas por encima de los 340 puntos. Sin dudas se avecinaba un 2018 no de lluvia, sino de inundaciones de inversiones. Y sin embargo, no ocurrió . . .

El diario La Nación publicó el jueves un informe de la consultora LatinFocus Consensus Forecast. En el mismo, se sostiene que para 2019 se espera una fuerte caída de la inflación (41,7%) y una contracción del PBI de un 1,6%. Se destaca que ambos pronósticos caen en relación a los del mes anterior. Por lo tanto, y con respecto a octubre, se espera para el año que viene un 1,1% menos de inflación. La caída de las expectativas con respecto al retroceso del producto es más notable, ya que en octubre esperaban que fuera un 2,8%, esto es casi un 43% menos de un mes a otro. Los datos, en general, van en consonancia con los datos obtenidos en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA.  Resumiendo, los analistas esperan que el primer año de gobierno de Alberto Fernández, la inflación caiga más de un 20% y la caída del producto sea de alrededor de la mitad de lo que será éste año. El informe destaca que aún existe una gran incertidumbre con respecto al programa económico que pondrá en marcha Fernández, aunque se supone que “serán políticas más intervencionistas y fiscalmente expansivas, lo que pone en riesgo la confianza de los inversores”.

Vuelve el remanido argumento de la confianza que sistemáticamente tratamos de desmitificar. Es llamativo observar cómo, ante la expectativa de la aplicación de un conjunto de medidas de estímulo estatal de la actividad económica, que involucrarían no sólo un crecimiento del Producto (y como consecuencia de las ventas y las ganancias), sino también una importante baja de la inflación, la respuesta es no generan confianza.

Parece una locura, pero los empresarios están diciendo que no confían en aquello que les permitirá ganar más dinero produciendo, lo que en definitiva es su trabajo. De hecho, el mismo Hernán Lacunza declaró el miércoles que un plan de expansión monetaria por la vía de la emisión no será necesariamente inflacionario, si va acompañado de un programa macroeconómico consistente. La pregunta es porqué Cambiemos no generó ese programa. La respuesta es otra letanía “la herencia era demasiado grande”. El ministro sostuvo, que se intentó “corregir el dólar, las tarifas, bajar la inflación y crecer, los libros dicen que no se puede, y no se pudo”. Los libros, tal vez ahí esté el problema, probablemente el mejor equipo de los últimos 50 años estuvo leyendo los libros equivocados.

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