Opinión

La idea de la felicidad


La idea de la felicidad
Charla de Candi e Inocencio

-No, de ningún modo, no acepto la idea de que el ser humano ha venido al mundo a sufrir. Como lo he sostenido muchas veces, Dios no ha creado al hombre para que sufriera.
-¿Dios? ¿Acaso existe Dios?
-No es mi intención, querido Inocencio, discutir eso ahora ¿No le gusta el empleo del concepto de Dios? Pues bien, lo diré de esta manera: la naturaleza inteligente, la energía de la creación que todo lo sabe, no ha creado al hombre para que sufriera, lo creó para que fuera feliz, para que alcanzara un grado de desarrollo intelectual, material y espiritual cada vez más alto. Lo creó para que sus emociones fueran satisfactorias, plena de gozo, de alegría, de serenidad interior y paz grupal. El hombre fue creado para sentirse completo, satisfecho, feliz. Es más, mi querido amigo, ninguna criatura, ninguna cosa, fue creada para que su vida estuviera signada por la tristeza.
-Pero no es así, no sucede eso ¿Por qué?
-Porque las circunstancias lo trastocaron todo. Y las circunstancias son el resultado del pensamiento, la palabra y la obra humana. Mejor dicho, de ciertos seres humanos con poder. Cuando ciertos hombres astutos y mezquinos descubrieron los alcances de la idea de posesión, riqueza, gloria y placer, cambiaron la idea de que la tierra es de todos y para todos, por esta otra: «La tierra me pertenece y yo no soy él. Yo soy yo» En ese mismo instante los pensamientos, palabras y acciones de estos hombres, que acabaron siendo la minoría selecta de la tribu, comenzaron a someter a los más débiles, a los más inocentes. Y allí comenzó la autodestrucción del género humano y del planeta.
-Entiendo. Para alcanzar la posesión, el oro, la gloria, el placer, hubieron de cruzar estos padres del mal el límite de la ética y pisotear la moral: el fin justifica los medios.
-Así es. Lamentablemente, muchas personas buenas, con cierto poder sobre el entorno inmediato, se vieron influenciadas por esta corriente o arrojadas a la sobrevivencia y abandonaron (y abandonan a veces sin quererlo) a sus más cercanos. El mercado y la vida social hoy son un claro ejemplo. Pero como a toda acción corresponde una reacción, esta minoría mezquina y ávida de poder, que creyó que podría salvarse, alcanzar el nivel casi divino, se encontró presa también de la circunstancia que provocó. Por eso hay ricos que, como muchos pobres, enferman prematuramente y mueren; por eso hay ricos que son robados y asesinados; ricos que han sido guillotinados. Y lo que es peor…
-¿Peor?
-Sí, peor: ricos vacíos, que padecen soledad, instatisfechos. Ricos que no conocen el amor. Y eso amigo mío, es un gran peso, una gran aflicción. Un ser humano puede hasta sufrir por amor, pero es un dulce sufrimiento al fin. El sufrimiento más terrible es el de quien no conoce ni conoció el amor, el de quien sabe que si alguien se le acerca no es por lo que él vale, sino por lo que tiene o por lo que puede obtener de él en cuanto a orden material se refiere. El hombre pobre, mientras tanto, sabe o debe saber que hay algo que nadie le podrá quitar: su capacidad de discernir, de decidir qué quiere para su vida; su capacidad para lograrlo pese al que oprime. El pobre sabe, debe saber, que quien se le acerca es por lo que él como persona vale y que a partir de allí puede construir, si lo decide y se empeña, una vida feliz. El pobre, aunque parezca lo contrario, siempre está más cerca de «la verdad» que el rico, simplemente porque su corazón no está enturbiado ni enceguecido. De todos modos, yo creo que si hay infelicidad es porque una casta de seres humanos lo pervirtió todo, derramando hacia abajo un concepto de vida que no es tal.
-¿Qué es la felicidad?
-No es una alegría permanente, un placer constante, sino el gozo prudente en los momentos de ventura y la templanza en los momentos de adversidad, sabiendo que el estado natural del ser es el reposo y que a él se retorna siempre si se vive en el amor, el amor por sí mismo y por el otro.