Tras un brote en un crucero, especialistas alertan que la enfermedad también circula en la región. Piden estar atentos a fiebre sin síntomas respiratorios y reforzar medidas de prevención
Luego de los casos de hantavirus detectados en un crucero que partió de Ushuaia y llegó a Cabo Verde, en África, crece la preocupación por la enfermedad y su posible impacto local. En Rosario, especialistas advierten que no se trata de un problema lejano: existen contagios regulares y es clave reforzar la prevención.
La médica infectóloga Carolina Subirá explicó que, si bien el brote internacional generó alarma, en Argentina la situación presenta características distintas según la región. “La variante Andes, que circula en el sur del país, es la única con transmisión interhumana, pero requiere contacto muy estrecho y no es frecuente”, señaló.
En cambio, en la zona centro —incluida Santa Fe— el contagio se produce principalmente por contacto o inhalación de partículas provenientes de la orina o materia fecal de roedores, lo que convierte a esta enfermedad en una zoonosis presente en la vida cotidiana.
Uno de los mayores riesgos del hantavirus es su período de incubación. La especialista advirtió sobre una “ventana silenciosa” que puede extenderse hasta dos meses desde la exposición, lo que dificulta detectar el origen del contagio. Además, remarcó que se trata de una patología con alta letalidad, que puede superar el 40% en algunos casos.
En cuanto a los síntomas, Subirá destacó la importancia de identificar señales tempranas. “Hay que prestar atención a cuadros de fiebre, dolor muscular y de cabeza sin síntomas respiratorios. No hay tos, no hay congestión. Esa es una diferencia clave”, explicó.
También insistió en no confundir el hantavirus con otras enfermedades transmitidas por roedores, como la leptospirosis o la fiebre hemorrágica argentina, que tienen tratamientos o vacunas disponibles, a diferencia del hantavirus, donde solo se puede brindar soporte clínico.
En este contexto, la prevención resulta fundamental. La recomendación principal es mantener una correcta higiene, especialmente el lavado frecuente de manos con agua y jabón o alcohol en gel. Además, se aconseja extremar cuidados al limpiar espacios cerrados, galpones o lugares donde puedan habitar roedores.
“La medida más efectiva sigue siendo la más simple: la higiene constante”, concluyó la especialista, al subrayar la importancia de sostener hábitos cotidianos que permitan reducir el riesgo de contagio.
