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En medio de la crisis por la pandemia, el Vaticano empieza a cobrar el acceso a su diario


"Suscribiéndote antes del 30 de septiembre podrás beneficiarte del precio promocional de 20 € anuales", agrega la leyenda que abre el portal del periódico oficial de la Santa Sede

El Vaticano empezó este mes a cobrar el acceso a su diario y boletín oficial, L’Osservatore Romano, por primera vez en su historia, en medio de la crisis económica generada por la pandemia que causó un déficit de cerca de 53 millones de euros en 2020.

«Estimada lectora, estimado lector, a partir del 1 de julio la lectura de L’Osservatore Romano en todas sus ediciones estará reservada a los suscriptores», indica desde este jueves un cartel en el sitio web del periódico de 160 años de historia.

«Suscribiéndote antes del 30 de septiembre podrás beneficiarte del precio promocional de 20 € anuales», agrega la leyenda que abre el portal del periódico oficial de la Santa Sede, que funciona además como boletín oficial vaticano.

La inédita decisión se enmarca en el golpe que la pandemia causó a las cuentas vaticanas, que para 2020 tuvieron un déficit aproximado de 53 millones de euros.

El Dicasterio para las Comunicaciones del Vaticano, del que depende el diario oficial, cuenta con un presupuesto para 2021 de 43 millones de euros, lo que supone un 20% del presupuesto total del Vaticano.

A fines de mayo, el papa Francisco había planteado su preocupación por la baja audiencia de los medios del Vaticano en comparación con la masa de recursos que reciben.

«Hay muchos motivos para preocuparse sobre Radio Vaticano y L’Osservatore, pero uno que llega a mi corazón: ¿Cuántas personas escuchan Radio Vaticano? ¿Cuántas personas leen L’Osservatore Romano?», se preguntó entonces.

En los últimos cinco años, los ingresos del Vaticano rondaron los 270 millones de euros anuales, y las salidas fueron en torno a los 320 millones por año, con un déficit que ha oscilado entre los 60 y los 70 millones de euros, y que en 2020 se agravó por la difusión del coronavirus y las restricciones que sufrieron los Museos Vaticanos, su principal fuente de ingresos.