La cifra la reveló un estudio realizado en Vera, General Obligado y San Javier

La obesidad es considerada como una enfermedad tratable de curso crónico, con una característica de recaídas múltiples, que impacta en la salud, calidad y expectativa de vida de los pacientes, siendo causada por mala alimentación, falta de ejercicio físico, factores genéticos y orgánicos, transtornos psicológicos y emocionales y cuestiones socioeconómicas.

Según la Organización Mundial de la Salud, constituye la mayor epidemia a nivel mundial en el siglo XXI. Puede extenderse a todas las edades, desde la infancia hasta la ancianidad en cualquier parte del globo. Relevamientos sanitarios determinaron que en los departamentos Vera, General Obligado y San Javier de la provincia de Santa Fe, uno de cada diez niños sufre obesidad.

Agustín Carnicer, médico pediatra (M. P. 2.585) y único instructor de pediatras en la prevención de sobrepeso y obesidad del norte del país, fue el encargado de realizar los estudios. El integrante de la “Dirección Provincial por la Salud en la Niñez, Adolescencia, Sexual y Reproductiva”, de la provincia de Santa Fe descubrió que el trastorno nutricional predominante en niños desde el año de vida hasta la adolescencia, es la obesidad en un 9,33 por ciento de esa población, por sobre la desnutrición con un 0,82 por ciento.

Luego de su relevamiento, Carnicer explicó: «La obesidad es causante de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), como lo son la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, diferentes tipos de cánceres, accidentes cerebro vasculares, infartos cardíacos, enfermedades respiratorias y renales. La obesidad infantil, puede ser la consecuencia de desnutrición aguda, que se conoce como ‘obesidad de la pobreza’ o por exceso de calorías recibidas, que se llama ‘obesidad de la abundancia'».

«En el primer caso la falta de alimentos produce disminución del peso que es el momento en el cual el niño presenta el mayor riesgo de enfermar o morir. Al continuar evolucionando la desnutrición aguda, el niño comenzará a no crecer longitudinalmente, es decir, su talla no aumentará, produciéndose desnutrición crónica, difícil de revertir si no se actúa tempranamente. Si se logra adaptar, podrá recuperar su peso, pero no su talla, por lo cual, pasará de ser un niño desnutrido a ser un niño con sobrepeso u obesidad», detalló.

En 2017, Santa Fe comenzó a formar parte del Plan de Alimentación Saludable en la Infancia que tiene como fin prevenir el sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes. Es un trabajo articulado además con actores intergubernamentales como Organización Panamericana de la Salud, Unicef y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Fue en ese mismo año que Carnicer empezó a atender a niños y adolescentes en localidades como Los Tábanos, Los Amores, Intiyaco y otros pueblos de la Cuña Boscosa. Junto con datos recabados del Sistema Informático de los Centros de Atención Primaria logró evaluar a 16.128 jóvenes.

«Los desnutridos fueron 133 chicos, que seguí durante tres años y 120 se recuperaron. Simplemente porque se desparasitaron, les dieron hierro, y por cambios en conductas simples en la alimentación como ponerle leche al mate cocido y mejoraron. Nueve siguen desnutridos y cuatro fallecieron», relató.

En esa misma línea, aclaró: «De todas maneras, el porcentaje de muertos por desnutrición es muy bajo comparado con otras regiones. A contrapelo de lo que la sociedad puede imaginarse, el problema es la obesidad. El objetivo de las Naciones Unidas es que en el 2025 disminuya un 25 por ciento las consecuencias de mortalidad por obesidad. Se ha demostrado que un chico que es obeso a los cinco años tiene un 30 por ciento de probabilidades de ser obeso en la vida adulta. Y en los adolescentes ese número crece a un 70 por ciento. Si arrastran 30 años de obesidad a los 30 o 40 años van a tener patologías que hoy aparecen en personas de 80 años: hipertensión, tumores, enfermedades cardíacas, cáncer de mamas, colon, páncreas, entre otras, en plena edad productiva».

Finalmente, manifestó: «Las causas son la falta de una alimentación saludable y de una vida activa. Lo que más cuesta es cambiar hábitos. Es la primera vez en la historia de la humanidad en la cual los hijos van a tener menos expectativas y calidad de vida que sus padres si no se revierte esta situación de obesidad, es la mayor epidemia del siglo XXI».

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