Análisis

El huevo de la serpiente, o acerca de las causas de la volatilidad global


Por Diego Añaños

Durante los últimos días, fui uno de los miles de testigos azorados que tuvieron la oportunidad de observar el desfile de ex funcionarios del área económica por los principales medios masivos opositores. Como en El Regreso de los Muertos Vivos, se pudo ver a José Luis Machinea, Hernán Lacunza y Federico Sturzenegger (entre otros), a cara lavada, sin repetir y sin soplar, y sin ponerse colorados, dar cátedra acerca de cuál es la solución para todos los problemas del país. Incluso Miguel Ángel Broda, un economista que no acierta un pronóstico hace 30 años, y que cada vez que dio un consejo y fue escuchado la cosa se puso peor, se dio el gusto de augurar un futuro negro para el gobierno de Alberto Fernández. El mismo futuro negro que tenía claramente delante de los ojos en 2015 apenas se conocieron las primeras medidas del gobierno de Cambiemos. Claro, se ve que por aquel entonces tenía los lentes empañados. Es como si alguien le prende fuego a tu auto, y cuando lo estás tratando de apagar, se sienta en la vereda a darte órdenes acerca de cómo se maneja un incendio. Así de delirante, sin exagerar.

En este contexto, el gobierno argentino anunció el envío de una carta formal al FMI dirigida a su titular, Kristalina Georgieva. La misma lleva la firma del ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del BCRA, Miguel Pesce. En la misma se le solicita al organismo la apertura de las negociaciones para avanzar en la resolución de la crisis de deuda en que dejó sumido al país la gestión de Mauricio Macri. Durante la mañana de ayer Alberto Fernández mantuvo una videoconferencia con la titular del Fondo en la que acordaron poner en orden las cuentas de la Argentina con los organismos internacionales. El presidente aseguró que de aquí en adelante las metas del gobierno son crear trabajo y producción, ya que sólo creciendo de manera genuina el país podrá hacer frente a sus compromisos. Hoy todas las miradas parecen estar puestas en la Argentina, ya que tiene en suspenso el préstamo más grande otorgado jamás por el FMI. Sin embargo no deberíamos olvidar los descomunales niveles que alcanza hoy la deuda global. Incluso noto poca preocupación por la deuda norteamericana y la china, que se han disparado hasta ser virtualmente impagables, y son hoy una bomba de tiempo.

Informe sobre el Desarrollo Mundial 2019 del Banco Mundial: Una vez más, el  «remedio» es peor que la enfermedad : Internacional de la educación

Desde fines del año pasado el Banco Mundial viene advirtiendo acerca del incremento significativo del endeudamiento global. El organismo publica cada dos años un informe denominado Global Economic Prospects, y en la presentación de comienzos de 2020 se destaca que, mientras la economía mundial se frena, la deuda sigue disparándose. De hecho se concluye que la actual oleada de deuda es la mayor, más rápida y más generalizada de las cuatro que se han producido en los últimos 50 años. Si bien es cierto que el fenómeno afecta tanto a países desarrollados como a emergentes, la deuda de los países emergentes pasó de representar un 115% del PBI en 2010, a un 170% del PBI en 2018. Los temores del Banco Mundial se fundan en la evidencia empírica histórica, ya que cada vez que se observó un fuerte incremento de la ratio deuda global/PBI global, las cosas no terminaron bien. Concretamente se citan: a. los casos de los incumplimientos de pago de deuda soberana de inicios de los 80s, b. las crisis financieras de la década del 90, c. la crisis de endeudamiento durante los 2000s, y d. la crisis financiera mundial de 2008/2009.

El problema de la deuda es hoy un problema global, que excede largamente al caso argentino, incluso el de los países emergentes. El nivel de endeudamiento público y privado alcanza hoy niveles que están incluso por encima de los registrados a mediados de la década de los 2000, poco antes de que se desatara la crisis financiera de 2008, luego del colapso de la burbuja inmobiliaria de 2006 y la posterior crisis de las hipotecas sub prime desatada sobre fines de 2007. Sin un proceso de endeudamiento generalizado y desmedido, la burbuja inmobiliaria jamás hubiera ocurrido. Evidentemente, cuando el dinero sobra, el mundo se transforma en un lugar mucho más inestable y volátil.

Si hacemos un repaso rápido de la historia económica del capitalismo, y si quieren del mundo, nos vamos a encontrar con que nunca se produjeron tantas crisis juntas en un período tan corto de tiempo. Jamás el planeta estuvo sometido a la volatilidad que ha enfrentado en los últimos cuarenta años. Casualmente el inicio de esta fase de inestabilidad se corresponde con el ascenso de gobiernos que pusieron en marcha procesos de reformas estructurales, vulgarmente conocidos como neoliberales (que nada tienen de nuevos, ni de liberales, porque son viejos conservadores). Ahí es donde debemos buscar el huevo de la serpiente. No en un ejercicio nostálgico de la memoria, sino para tratar de entender en qué momento el capitalismo comenzó a comportarse de un modo particular, para luego sumirnos en una era de inestabilidad extrema.

No sugiero que nos pongamos puerilmente optimistas, pero si propongo contemplar la posibilidad de que esta crisis permita abrir una ventana de oportunidad para rediscutir los fundamentos de un orden económico perverso. No digo para destruir al capitalismo, pero sí, al menos, para modificar algunos de sus principios de organización.