Opinión

El cautivo de sus pasiones solo es un número en el rebaño


Por Carlos Duclos

Es muy difícil, por no expresar que imposible, que una sociedad evolucione, se desarrolle y alcance cierta paz grupal e individual cuando no es libre, cuando cada uno de los individuos que la componen son cautivos de algo o alguien que lo subyuga, lo somete. Y es imposible que el bienestar aparezca y crezca cuando las pasiones imperan y la mentira es aceptada como verdad revelada.

La sociedad argentina, en general (y no en particular), padece del síndrome del rebaño arreado. Dos o tres grandes rebaños arreados por el pastor político de turno hacia donde sus intereses requieren, pero jamás hacía donde la persona necesita. Rebaño que ha sido amansado, resignado, moldeado a gusto del pastor (dirigente, funcionario).

Décadas de pobreza estructural que ningún gobierno en los últimos cuarenta años ni siquiera mitigó (ninguno); décadas de procesos inflacionarios crónicos; décadas de planes asistenciales que ya son endémicos y que constituyen una afrenta para la dignidad de la persona. Décadas de someter a jubilados, a trabajadores, a profesionales, a comerciantes, a pequeñas y medianas empresas, es decir a una clase media que es históricamente abatida, herida, sojuzgada con una presión tributaria atroz. Una clase media que mantiene a una casta, a una corporación parásita de uno y otro signo y a sus esclavos-clientes que son millones.

Cuando se disfraza el mendrugo permanente entregado a los pobres de amor al prójimo, se comete el gran pecado de la hipocresía. Desde el año 1984 a la fecha, en todos los gobiernos, en lugar de dignificar a la persona con trabajo y educación, la casta ha preferido el asistencialismo perenne mimetizado de solidaridad ¿Casualidad? No parece. No parece, porque en un país inmensamente rico que ocurran ciertas cosas es simplemente increíble.

La mentira escandalosa histórica, las promesas de campaña incumplidas siempre, ya son tan proverbiales que hacen sonrojar hasta a la desvergüenza ¿Cómo es posible? Es posible porque se ha transformado a la persona en un esclavo de sus pasiones, se ha modelado su mente a tal punto que acepta lo malo para ella y su descendencia como algo que le resulta favorable. Lamentable.

En esta novela, siempre están los mismos actores, los mismos grupos, y los mismos métodos utilizados: la ignorancia; la división; el rencor; la pobreza para mantener cautivo al ser humano; la mente preparada para el fanatismo, para aceptar gustosa la mentira. Esta Argentina política posmoderna se parece mucho a esa única fábrica que elabora camisas para varias marcas: se cambia la etiqueta y algún detalle, pero el molde y la tela son siempre los mismos.

El cautivo de sus pasiones, quien carece de libertad de pensamiento y capacidad de discernir y cuestionar aquello que deba ser cuestionado, solo es un mero número en el rebaño.