Opinión

Economía colaborativa, mucho más que changas y rebusques


Por Javier Madariaga (*)

Alquilar algo que no usamos a cambio de un dinero extra puede resultar muy tentador. Si bien en la base de la economía colaborativa hay un componente importante de circulación de bienes subutilizados, estos modelos van mucho más allá de una mera estrategia individual para incrementar el ingreso. La economía colaborativa engloba a modelos de consumo, producción y financiamiento que se basan en el intercambio a través de plataformas digitales creadoras de comunidades abiertas de usuarios. Es una caja de herramientas que puede abarcar múltiples sectores.
La economía colaborativa está cambiando, por ejemplo, cómo nos movemos. El uso compartido de vehículos (carsharing), los trayectos compartidos (carpooling) o el transporte de mercancías ponen en cuestión la necesidad de tener un vehículo propio que pasa la mayor parte del tiempo estacionado. Esto optimiza los gastos individuales de transporte pero sobre todo mejora la movilidad urbana y reduce la contaminación ambiental, entre otras derivaciones. También el alojamiento se ve afectado por la economía colaborativa: se ofrecen espacios disponibles en las residencias con fines turísticos o para el cuidado de mascotas.
Sin embargo, la economía colaborativa surgió para compartir y no siempre se basa en actividades mercantiles. Existen comunidades online donde se intercambian habilidades (bancos de tiempo) sin contraprestación monetaria. Otras ofrecen experiencias de ocio a turistas con fines puramente sociales. Por conciencia ambiental, también hay grupos que entregan objetos en desuso de forma gratuita.
Según un informe de la consultora Nielsen, que relevó los hábitos de 30.000 personas de 60 países de todo el globo, este fenómeno tiene un mayor grado de penetración en países que atravesaron crisis económicas desde 2009. En esas naciones, más de la mitad de los ciudadanos compartiría o alquilaría bienes vía consumo colaborativo. Por otro lado, la consultora PWC, en 2016 proyectó un mercado internacional para los cinco sectores más desarrollados de la economía colaborativa de USD 335.000 millones para 2025, 20 veces superior al actual.
Entender qué es la economía colaborativa resulta fundamental para dimensionar sus desafíos en materia de políticas y regulación. La falta de una legislación adecuada fomenta la precarización laboral, la evasión fiscal y la competencia desleal.
Para que la economía colaborativa promueva un desarrollo económico equitativo, las políticas laborales y tributarias deben tomar en cuenta las nuevas formas de trabajar y generar ingresos para proteger los derechos de los trabajadores. Es clave que el sector público entienda no sólo las oportunidades sino también los desafíos, y que se avance en base a pruebas piloto controladas que permitan comprender mejor el fenómeno y toda su complejidad. El programa de Ciudades de CIPPEC en asociación con el FOMIN-BID y el Ministerio de Producción de la Nación, lleva a cabo un proyecto de economía colaborativa y desarrollo urbano en las cinco regiones del país que ya está implementando de manera piloto en Puerto Madryn y Mendoza, donde se está trabajando a partir del ecosistema emprendedor local. Este trabajo permitirá generar información, estudios y métricas clave que muestren el impacto de los modelos sobre la calidad de vida de los habitantes de las ciudades.

(*) Coordinador del programa de Ciudades del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC).