Funciona en barrio Sarmiento desde hace cuatro años y cubre las necesidades de los vecinos de la zona con apoyo escolar, talleres y comida

Por Diego Carballido

En Pacheco 657, la zona de Travesía y Sorrento, desde hace cuatro años  un grupo de voluntarios encabezados por Facundo Vijande sostiene con mucho esfuerzo el Centro Cultural y Comedor Dorita  Un espacio donde cuatro veces por semana se prepara el almuerzo para unas 400 personas que se llegan hasta el lugar y se van con su ración de comida.  «La entregamos tipo vianda, siempre acompañado de alguna merienda», explicó Vijande y agregó: «Lamentablemente nuestra principal actividad sigue siendo el comedor». Y lo dice no porque no quiera asistir a sus vecinos, sino porque el espíritu de “Dorita” es tratar de brindar herramientas, como por ejemplo apoyo escolar, a los chicos del barrio. Sin embargo, en el último tiempo las necesidades alimenticias fueron la prioridad.

«Nosotros nos sostenemos 100% gracias a las donaciones de particulares o por las gestiones que hacen nuestro voluntarios. No recibimos ayuda gubernamental de ningún tipo, no porque no la necesitemos sino porque no aceptamos ningún tipo de condicionamiento a cambio de ayuda», aclaró Vijande respecto al funcionamiento de “Dorita” y agregó que: «A través de las redes sociales hemos encontrado una gran herramienta de comunicación por donde solemos realizar pedidos de ayuda. Porque no debemos olvidar que cocinar para tantas personas requiere de un presupuesto bastante elevado y a eso le tenemos que sumar el gasto de los servicios, como luz y agua, junto con el alquiler del lugar ya que no recibimos subsidios de ningún tipo».

Posted by Comedor y Centro Cultural Dorita on Saturday, March 4, 2017

«Dorita está pensado como un espacio cultural con un lugar recreativo para niños de 3 años que funciona por la mañana monitoreado por maestras del barrio y  por la tarde tenemos un taller de apoyo escolar para chicos que van a la escuela primaria. Los esperamos con una merienda y los ayudamos con la tarea, para después compartir un espacio de juegos y taller tipo manualidades», detalló Vijande y aclaró que a pesar de que durante enero no estará abierto el centro cultural, ya están pensando que al regresar en febrero las necesidades de los chicos para comenzar las clases serán las de todos los años. «Siempre nos viene bien guardapolvos, zapatillas y útiles escolares. Porque suele pasar que algunos chicos del barrio no arrancan las clases porque no tienen, por ejemplo, zapatillas», contó Vijande.

En “Dorita” también funciona un ropero comunitario donde todos los miércoles se reparte la ropa que se recolecta producto de las donaciones. «Durante el año pasado no vimos que haya aumentado la cantidad de comensales porque el barrio tiene un límite y más gente de la que viene habitualmente no se acercó. Pero sí nos pasó que la gente vino con más frecuencia”, compartió Vijande y según su análisis: «La gente principalmente no tiene trabajo, y a eso hay que sumarle que cuando perdés la cultura del trabajo es muy difícil recuperarla».

Para el referente de ”Dorita”: «Muchos de los pibes de los barrios cuando se encuentran sin ninguna posibilidad, terminan haciendo mal las cosas», y agregó que: «Debería intervenir el Estado con un proyecto a mediano plazo donde se trabaje con los pibes en un futuro cercano. Para que tengan la educación necesaria que les permita defenderse en la vida»

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