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Día Mundial del Agua: «Es un derecho humano y no una mercancía»


En diálogo con CLG, Anibal Faccendini, director de la Cátedra del Agua de la UNR, expuso la importancia de reconocer al agua como "sujeto de derecho" para defenderla del "biocidio"

Por Gonzalo Santamaría

Cada 22 de marzo se conmemora, mediante una propuesta de la Organización de las Naciones Unidas en 1993, el Día Mundial del Agua con el objetivo de reflexionar la importancia que tiene el agua en la sociedad. Si se parte de la base que el planeta Tierra es conformado en un 70% por H2O y que el cuerpo humano tiene un 75% de este componente, es indudable pensar en lo necesario de tener acceso a la potabilidad de la misma. En este contexto, el mundo enfrenta una de las problemáticas más complicadas: 2.100 millones de personas en todo el mundo no acceden a un servicio básico.

Lo vital del agua queda expuesto en los datos y en la ciencia: una persona puede pasar un mes sin comer sólidos, pero no puede estar 72 horas sin tomar agua. «Sin el agua no se puede existir», sentenció en diálogo con CLG Anibal Faccendini, director de la Cátedra del Agua de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) e integrante del colectivo Argentina del Ágora de los Habitantes de la Tierra, Centro Interdisciplinario del Agua.

Faccendini marcó la importancia de cuidar el agua ya que «sólo el 1% del total que hay en el planeta es potable» y, a pesar de los acuerdos internacionales, hay un grave problema. «Cuatro mil niños mueren por día por la contaminación del agua y 4.200 millones de personas no acceden integralmente al saneamiento, lo que produce enfermedades contagiosas», expresó el especialista. Según los datos expuestos por las ONGs a nivel mundial, 137 millones de seres humanos en el año contraen enfermedades digestivas, de piel y visuales por aguas contaminas.

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El 40% de la población mundial no accede a instalaciones de agua potable ni jabón, un procedimiento fundamental para el lavado de manos en situación de pandemia. El director de la Cátedra fue claro al marcar que «ciudades importantes todavía siguen con problemas de acceso de agua». «Los objetivos planteados a 2015 de bajar un 50% la escasez social del agua (se denomina así ya que el recurso natural no está a disposición de la gente por falta de políticas públicas) no fueron suficientes», señaló.

«Los que no acceden al agua son los pobres», sentenció Faccendini y agregó que la expectativa de la ONU de erradicar la falta de agua al 100% en 2030 «lamentablemente no se va a cumplir por una falta de decisión política» por parte de los países y de la propia Organización de las Naciones Unidas. «Hubo avances, pero no son suficientes porque hay un proceso de naturalización que a los pobres no les llega el agua y eso marca un camino de empobrecimiento», deslizó.

El director de la Cátedra del Agua de la UNR marcó que desde su posición exigen que «el Concejo Municipal de Rosario reconozca la subjetivación universal y jurídica del agua en todas sus formas (liquida, nieve, napas, ríos, etc) y así considerarlo sujeto de derecho». Y añadió: «Esto derivaría en la posibilidad de defenderlo en la Justicia de la depredación y contaminación, como pasa en el Río de La Plata».

En consecuencia, destacó la necesidad de un «gran pacto climático mundial para erradicar la pobreza de agua, proteger a los pobres del agua y para que que esta subjetivación se lleve a cabo».

El docente de la UNR adelantó que se estima que para el 2050 la población mundial pase de 7.700 millones a más de 9.000 millones (algunas fuentes indican que será aún mayor, llegando a 11.500 millones) y que el 60% del crecimiento poblacional se dará en el hemisferio sur, lo que elevaría los datos de falta de agua en la población. «La ONU y los países deben llegar a un acuerdo colectivo para que podamos compartir este recurso y fundamentalmente para que podamos construir justicia social porque en cualquier lugar del mundo este problema no afecta a los ricos sino a los pobres», puntualizó.

Para Faccendini este 22 de marzo llega para lograr una «profunda de reflexión, conmemoración, racionalizar la cuestión del agua y compromiso con la vida».

En este sentido, reclamó que es demasiada la cantidad de agua promedio que utiliza una persona diariamente: «No puede ser que necesitemos 400 litros de agua por día para cada persona, necesitamos bajarlo a la mitad». Otro de los puntos a modificar en cuanto al derroche está relacionada a la perdida que se da en las redes y allí marcó que se debe reducir un «30% esa cuestión». «Hay un biocidio de lesa ambientalidad, que los distintos Estados del mundo y la ONU les cuesta asumir para solucionar», firmó.

«El agua que derrochamos deja sin agua al prójimo. Es una cuestión de solidaridad», hizo hincapié Faccendini.

Por último, habló de los conflictos que genera el agua y del más reciente que llevó al H2O a cotizar en Wall Street. «Evidentemente la biomercantilización y su proceso de privatización terminó con la cotización (del agua) el 7 de diciembre de 2020″.

«Las privatizaciones del siglo XXI, se producen también por contaminación de agua y aire, privando a todos los seres vivos a su acceso. Frente a la sequía en la alta California, y la crisis del agua entre Nuevo México y Chihuahua, el biomercantilismo impone como solución la financiarización de la vida; es decir la privatización de los bienes comunes públicos, en vez de establecer la solidaridad, la paz y la cooperación«, explicó al finalizar el diálogo con CLG y agregó que existen otros puntos del mundo donde ocurren conflictos por este recurso como en Siria, Haití, Irak o la gran diferencia de consumo entre Palestina e Israel, donde los habitantes del primer país sólo consumen 150 litros diarios, mientras que los israelíes están por encima de 300 litros por día.