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Día Mundial de las Hepatitis Virales: en camino a la erradicación


Por Dra. Paola Casciato, médico de planta de la Sección de Hepatología y Trasplante Hepático y de la Unidad Interdisciplinaria de Tumores Hepáticos del Hospital Italiano de Buenos Aires

En la década del ’90 surgen en Canadá los primeros movimientos de lucha contra las hepatitis virales y el 19 de mayo muere uno de los principales activistas que trabajó en la concientización de esta enfermedad. Por otro lado, el 28 de julio nacía Baruch Samuel Blumberg, quien fue galardonado con el premio Nobel de Medicina en 1976 por el descubrimiento de la hepatitis B y años más tarde colabora con el desarrollo de la vacuna contra el virus. Ambas fechas conmemorativas son igual de importantes porque el objetivo es el mismo, concientizar al mundo sobre las hepatitis vírales y lograr todos juntos la erradicación de la enfermedad.

Si bien hay cinco cepas principales de virus: A, B, C, D y E. Las hepatitis B y C son las más comunes y provocan alrededor de 1.100.000 muertes al año y 3 millones de nuevas infecciones en el mismo período.

Las hepatitis virales, fundamentalmente las B y C, provocan una inflamación del hígado produciendo síntomas tanto de forma aguda como crónica con posibilidad de evolucionar a la cirrosis hepática y cáncer hepatocelular (cáncer primario de hígado). Sin embargo, frecuentemente pueden ser asintomáticas y los pacientes pueden permanecen años sin consultar ni ser detectados. Los síntomas más comunes de las formas agudas son los de origen gastrointestinal/disminución del apetito asociados al color amarillento de piel y ojos, decaimiento, fiebre y presencia de ganglios de forma ocasional. En el grupo de pacientes que no tienen síntomas, se descubren con análisis de sangre más detallados que solicitamos los médicos.

El virus de la hepatitis A se transmite por la ingestión de alimentos y agua contaminados o por el contacto directo con una persona infectada. Casi todo el mundo se recupera con una inmunidad de por vida. Sin embargo, una proporción muy pequeña de personas infectadas puede morir de hepatitis fulminante. El riesgo de infección por hepatitis A se asocia a la falta de agua potable y a un saneamiento e higiene deficientes (como manos contaminadas y sucias). Existe una vacuna segura y eficaz para prevenir la hepatitis A y desde 2005 la Argentina incorporó al calendario obligatorio la vacunación contra la hepatitis A a los 12 meses de edad, esto produjo un gran impacto sobre la enfermedad con la desaparición de los brotes epidémicos anuales y las complicaciones graves como la hepatitis fulminante y el trasplante hepático. Actualmente, el Ministerio de Salud recomienda la vacunación contra la VHA en adultos para un grupo seleccionado de pacientes. En los últimos años, en relación a la epidemiología de la hepatitis A se produjo un cambio de patrón y la población más afectada son las personas de entre 20 y 39 años fundamentalmente del sexo masculino.

En relación a la hepatitis B puede causar una enfermedad tanto aguda como crónica. El virus se transmite más comúnmente de madre a hijo durante el parto y el nacimiento, así como a través del contacto con la sangre u otros fluidos corporales durante las relaciones sexuales con una pareja infectada, inyecciones inseguras o exposiciones a instrumentos afilados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 296 millones de personas vivían con una infección crónica por hepatitis B en 2019 y que el virus provocó 820.000 muertes, principalmente por cirrosis y carcinoma hepatocelular (cáncer primario de hígado). En la Argentina en 2012 se da inicio a la vacunación universal contra la hepatitis B. La vacuna tiene una eficacia del 90 al 95% para prevenir la infección aguda y las formas crónicas del virus de la hepatitis B en población pediátrica y adultos. Existen tratamientos antivirales efectivos y seguros utilizados en los casos de infección crónica.

La hepatitis C puede causar hepatitis aguda y crónica, y su gravedad varía desde una enfermedad leve hasta una enfermedad grave de por vida que incluye cirrosis hepática y cáncer. Es un virus de transmisión sanguínea y la mayoría de las infecciones se producen por la exposición a la sangre a través de prácticas de inyección no seguras, atención sanitaria no segura, transfusiones de sangre no analizadas, uso de drogas inyectables y prácticas sexuales que conducen a la exposición a la sangre. A nivel mundial, se estima que 59 millones de personas tienen una infección crónica por el virus de la hepatitis C, y que se producen alrededor de 1,5 millones de nuevas infecciones al año. Los medicamentos antivirales pueden curar a más del 95% de las personas con infección por hepatitis C. En la Argentina, la llegada de nuevos antivirales permitió un descenso significativo de casos desde el 2015 en adelante, que se acompaña de una menor tasa de indicación de trasplante y disminución de la mortalidad global. No existe ninguna vacuna eficaz contra la hepatitis C.

En nuestro país, personal de salud, activistas, estado e investigadores están trabajando con el fin de alcanzar los objetivos mundiales de eliminación de las hepatitis virales para 2030.