Opinión

Despenalización del aborto y control demográfico


Por Samuel Fuentes

 

Hace unos siete años, la cadena BBC publicaba un artículo respecto de la idea de las potencias y de los poderes económicos mundiales de controlar el crecimiento demográfico. En una parte el artículo en cuestión señala: “Desde los años ’60, el Banco Mundial, la ONU, y fundaciones estadounidenses, como la Ford o la Rockefeller, empezaron a enfocarse en lo que consideraban el problema de las cifras crecientes del Tercer Mundo. Consideraban que la sobrepoblación era la principal causa de degradación ambiental, el bajo desarrollo económico y la inestabilidad política. La población masiva en el Tercer Mundo se veía como una amenaza al capitalismo occidental y al acceso a los recursos, dice la profesora Betsy Hartman del Hampshire College, en Massachusetts, Estados Unidos. «La vista del sur está muy dentro de este marco malthusiano. Se ha convertido en una ideología poderosa», dice. En 1966, el presidente Lyndon Johnson advirtió que Estados Unidos podría verse desbordado por masas desesperadas e hizo que la ayuda a países en desarrollo dependiera de que adaptaran programas de planificación familiar”.

El Informe Kissinger

Kissinger presentó en su momento un trabajo amplio al gobierno estadounidense y a las Naciones Unidas sobre la necesidad de controlar los nacimientos en los países del hemisferio sur, es decir en las colonias. Se trata del “Memorandum de Estudio para la Seguridad Nacional nº 200 (NSSM 200) – “Implicaciones del Crecimiento Poblacional Mundial para la Seguridad de Estados Unidos e Intereses de Ultramar”, presentado el 24 de abril de 1974.
En 1989 estos documentos fueron desclasificados, y esto permitió saber cómo el Informe Kissinger recomendaba controlar la natalidad en muchos países del Tercer Mundo. El ex secretario de Estado sostenía que la “explosión” demográfica era una “amenaza” para la seguridad de los EE.UU. Entre otras cosas, recomendaba a las agencias del gobierno de Norteamérica no usar el término “control de la natalidad” para no asustar a los políticos, sino expresiones como “planificación familiar” o “paternidad responsable”.

Para el poder económico mundial, para el gobierno único y universal (que existe y que se formalizará con el tiempo) los pobres son necesarios, pero demasiados son un peligro. Son necesarios porque significan mano de obra barata, pero en demasía son peligrosos porque ante la falta de satisfacción de derechos elementales, se convierten en una masa rebelde y desestabilizan los negocios y la utilidad.
Las ideas de control de la natalidad y planificación demográfica no son nuevas, ya en el principio del siglo 20 y aun antes, se hablaba en el poder central del mundo sobre el peligro que entrañaba el crecimiebto de la población en los países pobres o subdesarrollados. Thomas Malthus, allá por el 1.800 escribía: «El hombre que nace en un mundo ya ocupado no tiene derecho alguno a reclamar una parte cualquiera de alimentación y está de más en el mundo. En el gran banquete de la naturaleza no hay cubierto para él. La naturaleza le exige que se vaya, y no tardará en ejecutar ella misma tal orden»

Exterminio

Las formas de control de la natalidad o, mejor dicho, la forma neonazi de controlar el nacimiento de personas en la masa, especialmente pobre, son varias: planes gratuitos anticonceptivos, fumigación (aunque no se crea), contaminación y fomento del aborto aduciendo derechos. En este último aspecto, cierta izquierda ha sido funcional a la ultra derecha que maneja el mundo. Cierta izquierda decimos, porque algunos dirigentes comprendiendo que la despenalización del aborto es una idea (entre otras) pergeñada por el ultraliberalismo, se opusieron al aborto. Ejemplo Rafael Correa, en Ecuador. Y de paso dígase que el aborto permite conseguir fetos que son utilizados por grande empresas multinacionales ¿No? El 28 de febrero del año 1985 el prestigioso diario español El País publicaba lo siguiente: «El descubrimiento de un comercio ilegal de fetos y órganos humanos destinados a la fabricación de productos de belleza ha provocado en Austria un escándalo de enormes proporciones. Embriones procedentes de las dos principales clínicas de abortos de la capital austriaca han sido vendidos regularmente en los últimos años a la industria cosmética»

 

Despenalización en Argentina

Hoy, en la Argentina, un presidente de centro derecha que en su momento se opuso a la despenalización del aborto, fomenta el debate del mismo ¿Por qué? Pues porque ha recibido préstamos del poder internacional, y se sabe que una de las condiciones impuestas por este poder es avanzar sobre el control de la natalidad. Léase lo siguiente: “Permitir que la mujer tenga acceso a medios anticonceptivos modernos y medidas de planificación familiar también contribuye a impulsar el crecimiento económico y reduce las altas tasas de natalidad que están profundamente ligadas a la pobreza endémica, las deficiencias en materia de educación y el elevado número de muertes maternas e infantiles”, señala Joy Phumaphi, vicepresidenta de Desarrollo Humano del Banco Mundial” (Publicación del mismo Banco Mundial).
Es decir, para ser claros: el poder mundial sostiene que la forma de garantizar los negocios y evitar conflictos es suprimir la vida. Ni más, ni menos. Lo curioso y paradójico es que mucha gente que se dice defensora de la vida elige a este poder y sus representantes y que muchos progresistas son funcionales a los planes de sus adversarios ideológicos.
En fin, que Lenin decía que los extremos se tocan. Parece que es cierto.