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Científicas argentinas integraron la investigación de la paciente que se habría curado de VIH


Natalia Laufer y Gabriela Turk analizaron el caso de la segunda persona que logra naturalmente lo que se denomina una "cura esterilizante" de la enfermedad.

Las científicas Natalia Laufer y Gabriela Turk, claves en la investigación de la paciente argentina que tuvo VIH y a quien luego no se le encontró virus viable ni siquiera en los reservorios, contaron a Télam la historia de este ejemplo exitoso de trabajo conjunto entre instituciones de distintos países, en el que el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y SIDA (Inbris) de Argentina dio el puntapié inicial.

La noticia del caso de la paciente «Esperanza» -el nombre con el que ella quiso darse a conocer- tuvo amplia repercusión por tratarse de la segunda persona (la primera fue otra mujer en San Francisco) que logra naturalmente lo que se denomina una «cura esterilizante» del VIH.

Turk y Laufer, ambas del Inbris que depende del Conicet y la Universidad de Buenos Aires (UBA) y dos de las autoras de la investigación publicada en Annals of Internal Medicine con el caso, explicaron cómo llegaron a esta paciente los estudios que permitieron concluir su condición y las hipótesis que manejan sobre por qué algunas personas podrían controlar la enfermedad sin tratamiento e incluso «eliminar» aparentemente el virus.

Télam: ¿Cómo conocieron a la paciente Esperanza?

Natalia Laufer: En 2016, en un Simposio de la Fundación Huésped después de que presentamos casos de personas que lograban controlar la enfermedad sin medicación se nos acercó un médico a contarnos la historia de esta paciente de la que él tenía dudas sobre si estaba infectada.

Ella se había acercado en 2013 a realizar una consulta porque su entonces pareja había sido diagnosticado con VIH. Durante tres años estuvo con esa angustia de no saber si tenía o no el virus.

A partir de ahí comenzamos a investigar y, si bien tenía algunas características particulares, determinamos que el diagnóstico era positivo. Al principio fue un shock para ella la confirmación.

T: ¿Cómo continuaron la investigación?

N.L: Una vez que lo asimiló se puso a disposición para que podamos estudiar el caso. Es importante destacar el compromiso de ella frente a la investigación que sigue vigente hasta hoy.

Lo que encontramos en principio fue que tenía anticuerpos contra el VIH pero todos los estudios de carga viral nos daban indetectables; además los recuentos de CD4 y CD8 (que son células de la respuesta inmunológica que se alteran con el VIH) estaban en valores normales.

Entonces comenzamos a buscar en los reservorios, que son los lugares donde el virus queda silente (se esconde). Los primeros estudios los hicimos en el laboratorio de Sharon Lewin en Australia y nos daban todos cero.

Conocimos a la doctora Xu Yu del Instituto Ragon del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, de Estados Unidos) y realizamos más estudios con grandes cantidades de sangre para seguir analizando los reservorios y también dieron cero.

El año pasado, el día que comenzó el aislamiento, Esperanza tuvo un bebé y nos dio la placenta de la que logramos aislar unas 450 millones de células que sumadas a otras 3.000 millones que obtuvimos de sangre periférica enviamos a Estados Unidos para que evalúen los reservorios.

Lo que encontraron fueron solo siete copias del virus defectivo, esto significa que ese virus no tiene capacidad de infectar ni de generar un virus infectivo.

Además se hizo un estudio a ver si se podía obtener virus viable (infectivo) a través de las células de esta paciente y dio negativo.

Gabriela Turk: Haber encontrado estas siete secuencias del virus, a pesar de que estén completamente defectivas, no dejó ningún tipo de dudas de que ella en algún momento estuvo infectada y que el virus replicó en su cuerpo, pero de alguna manera logró eliminarlo.

T:¿Se puede decir que la paciente está curada?

G.T.: La definición que se está usando es «cura esterilizante» e implica que ‘no se logra encontrar virus activo en más de 1.500 millones de células analizadas’. El caso de Esperanza encaja en esa definición.

Ahora bien, para decir que está curada en los términos convencionales deberíamos analizar todas las células de su cuerpo, y esto es imposible; por eso hay que abrir cierto paraguas y usar el potencial «se habría curado», lo «habría eliminado» porque no podemos afirmar que en el 100 por ciento de su cuerpo no haya ningún virus.

N.L.: Lo mismo pasó con el paciente de Berlín, Boston y San Francisco, se analiza una cantidad de células, no todas las del cuerpo. Son casos excepcionales y un subgrupo dentro de los que se consideran los controladores de elite.

T: ¿Qué son los controladores de elite?

N.L.: Los controladores de élite son aquellos que pueden controlar la infección sin tratamiento, que tienen CD4 y CD8 normales, no tienen inflamación y tienen la carga viral indetectable. Son un porcentaje bajísimo de las personas infectadas (menos el 1%) pero si se estudian los reservorios el virus sigue estando en el organismo y con capacidad de replicarse.

En el caso de Esperanza y la paciente de San Francisco se suma que, además, no se encuentran reservorios de virus, eso los hace excepcionales.

Luego están las personas que logran controlar la infección después de hacer el tratamiento, que son un grupo distinto a los de elite que los controladores post-tratamiento.

T: ¿Hay alguna hipótesis acerca de por qué estas personas podrían controlar e incluso ‘eliminar’ el virus?

N.L: El grupo de Mathias Lichterfeld (también del MIT) ha observado que los controladores de elite tienen virus completamente viable insertado en su ADN pero en lugares ‘silentes’ de los cromosomas, esto es, lugares que no hacen nada; esta podría ser una causa por la que el virus no se replica.

La hipótesis que estamos manejando viene de la mano de una estrategia que se está probando para eliminar los reservorios que es la siguiente: reactivar el reservorio para que el virus ‘salga’, el sistema inmune lo detecte y de esa manera destruya las células infectadas.

En esa línea, la hipótesis sería que Esperanza, la paciente de San Francisco y otros controladores de elite generan episodios de reactivación naturales de las células reservorios haciendo que las células con virus «salgan» de su escondite y de esta manera el sistema inmune las detecte y aniquile todas las células donde hay reservorio viable. Los únicos que quedan sin destruir son aquellos donde el reservorio no puede producir virus.

G.T.: Hay que entender que son casos excepcionales. Mucha investigación está dedicada hoy a encontrar la cura, pero como dijimos antes, todavía no existe.

Entonces hoy es clave poner los esfuerzos en prevención, de la forma que ya conocemos con el uso de preservativo en las relaciones sexuales, no compartir jeringas; también la importancia del testeo, que el personal de salud lo incorpore como un test de rutina, y una vez que está el diagnóstico remarcar que el tratamiento que permite mejorar la calidad de vida y evitar la transmisión.