Opinión

Charla de Candi: La vida y el para qué


 

-Hay preguntas sobre la vida que tienen respuestas claras y contundentes y hay otras, mi querido Candi, que al menos yo no puedo responder. Sé el por qué estoy aquí, puedo conocer con cierta certeza el para qué estoy aquí, pero no tengo respuestas para el por qué ocurren ciertas cosas que interrumpen el resultado del para qué ¿Se entiende?
-Creo entenderlo, pero preferiría que fuera más claro.
-Por ejemplo: si yo tengo un propósito, una meta loable, digna de ser alcanzada, y me diagnostican una enfermedad que me interrumpirá ese emprendimiento no tengo respuestas al ¿por qué el destino, la vida o Dios me impiden la realización?
-Se me ocurren algunas reflexiones sobre lo que usted plantea, Inocencio. En primer lugar recuerdo el pensamiento de Horacio: “Carpe Diem”, vive el hoy, no confíes en el mañana. Es decir, uno debe hacer las cosas ahora mismo, no postergarlas. Es cierto que algunas obras demandan tiempo, pero es importante comenzarlas ya mismo y no mañana. Y, al mismo tiempo, es menester proclamar al mundo que la realización de tal obra está en su mente y en su corazón, que es su deseo llevarla a efecto. De tal modo, si usted no puede concluirla, alguien podrá tomar la bandera que usted deja. Y, además, quedará un rastro suyo indeleble.
-Entiendo.
-Me permito recordar, y con el permiso del doctor Fernando Staffieri y de su esposa, Rita Cerana, a la joven médica Florencia Staffieri. Ella sabía que posiblemente moriría, pero esa posibilidad no le impidió fundar la ONG “Donemos Vida”, dar charlas y difundir la necesidad de donar médula ósea para salvar vidas humanas. Ella dejó un rastro que algún peregrino, como yo, ve y admira. Y por eso ha vencido a la muerte.
-¡Ah Florencia! Gran espíritu.
-Lo otro que deseo decirle pertenece a mi propia experiencia.
-¡Uy! Confesiones
-Yo he perdido mucha vida, he adelantado la muerte.
-Es muy fuerte eso.
-Perdí vida en cuestiones efímeras, vanas; perdí vida cuando me fallé a mí mismo y a las demás criaturas, perdí vida al hacer cosas buenas que no disfruté plenamente. Si a usted le gusta bailar, cantar, tomar un cognac, ayudar al prójimo, hacer música, pensar, escribir, acariciar a un animal o besar a su amor, cuando lo haga hágalo con plena consciencia del momento y de lo que hace, realícelo disfrutando cabal y plenamente. No lo haga de forma automatizada o creyendo que se repetirá mañana, pasado o el año que viene. Uno nunca sabe cuando es el último acto en esta vida.
-Eso me gusta.
-Si a usted, como a mí, le gusta el silencio, disfrute del silencio, vívalo completamente. Y si usted es creyente, sepa que el silencio es la voz de Dios. Y si no es creyente, el silencio es la voz de la vida y la verdad, es la voz de su conciencia, de su “yo” profundo. Sepa escuchar lo que dice el silencio.
-¡Ah, bueno! ¡Qué palabras amigo mío! “El silencio es la voz de Dios”
-Luego, es cierto que para algunas cosas no tenemos respuestas (yo soy uno que busca aun cuando sé que no encontraré… ¡loco!), pero eso no tiene importancia. Lo que importa en la vida, en realidad, es que cuando llegue el último instante se pueda decir: me voy conforme. Todo lo demás déjeselo a los filósofos y a Dios. Usted haga el bien que quiere y no el mal que no quiere y ¡a vivir!