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Carnaval de Pocho: 17 años de celebración y compromiso


Por Diego Carballido

El carnaval en el Ludueña es la historia de una tragedia transformada en rito y alegría. Cada final de febrero, la plaza principal del barrio se tiñe de música, color y compromiso social. La imagen del recordado “Pocho” se hace más presente que nunca, y un nuevo aniversario de su nacimiento es la excusa perfecta para demostrar que su lucha aún sigue viva. Su asesinato durante los hechos fatídicos de aquel diciembre del 2001, en manos de la policía santafesina, no tuvieron el efecto esperado. No pudieron amedrentar al barrio con su muerte. Todo lo contrario, como dicen quienes lo conocieron: al Pocho no lo mataron, sino que lo multiplicaron.

Cada 25 de febrero, en la plaza Claudio Lepratti de Larrea y Vélez Sarsfield se festeja el cumpleaños-carnaval de “Pocho”. Es tan grande la celebración que son necesarios tres días. Tres jornadas donde el público asiste a los talleres que se desarrollan en el Bodegón Cultural y a los recitales que transcurren en la plaza. Este año, todo comenzó el domingo 25 y se extendió hasta el martes 27 donde se realizó la tradicional quema de Momo, como parte del rito de finalización. Aunque este año tuvo una particularidad, fue Moma a quien se incineró. Todo un símbolo de la impronta que está teniendo la lucha llevada adelante por las mujeres en los tiempos que corren.

«Elegimos a Moma para significar la transformación y la fortaleza de la mujer en los espacios colectivos y comunitarios» relata Emilio, uno de los integrantes del Bodegón Cultural y parte de la organización de esta fiesta popular, y agrega: «Todos los años existe una intencionalidad del carnaval, siempre en torno a lo que se denomina la coyuntura. Porque la memoria y la historia sirven en la medida que nos ayuden a comprender el presente “.

Los preparativos del carnaval de Pocho se gestan con muchos meses de anterioridad, con una participación conjunta entre los vecinos y las distintas organizaciones que tienen presencia en el Ludueña. «Se trabaja mucho para que sea un carnaval dinámico y del barrio, en lugar de un show de expresiones», explica Emilio, y amplía: «Siempre se  toman reivindicaciones, pedidos de justicia y defensa de las políticas de vida. Más allá de porqué se inició el carnaval, debido al asesinato del compañero Pocho en manos de la policía de Reutemann».

Conscientes de que habitan una zona de la ciudad que, generalmente, es noticia por sucesos negativos o policiales, la demostración de la vigencia del carnaval es una respuesta al estigma con que se quiere identificar al barrio. «Al Ludueña siempre se nos trata como una zona roja y la propia organización del barrio está intentando demostrar que  esa idea se utiliza para instalar un sistema de compras y ventas de miedos y encierro, propio de este sistema” dice Emilio, y concluye: «La calle nos aúna, nos muestra en movimiento, reclamando y evitando que sucedan algunas situaciones que nos arrasan, no sólo la subjetividad sino literalmente. El carnaval de Pocho nos genera una alegría, pero no de compra y venta, sino la alegría que genera la organización y la acción. Es una alegría política».