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Según el papa

Canonización de Romero, «un mensaje de reconciliación» a Latinoamérica


El papa Francisco aseguró este lunes que la canonización del obispo salvadoreño, monseñor Óscar Arnulfo Romero, que ayer fue declarado santo, sirve para «lanzar un mensaje de paz y reconciliación a todos los pueblos de Latinoamérica», al recibir en el Vaticano en una audiencia especial a 7.000 fieles de El Salvador.

«Desde aquí envío mi saludo a todo el pueblo santo de Dios que peregrina en El Salvador y vibra hoy por el gozo de ver a uno de sus hijos en el honor de los altares», planteó el pontífice en la misa en el Aula Pablo VI, a la que asistió también el presidente del país centroamericano, Salvador Sánchez Cerén.

Francisco convirtió ayer en santo al obispo asesinado por un escuadrón de la muerte el 24 de marzo de 1980, luego de haberlo declarado beato en 2015 al considerar que su homicidio se había dado «in odium fidei» (por odio a la fe).

«Sus gentes tienen una fe viva que expresan en diferentes formas de religiosidad popular y que conforma su vida social y familiar», agregó el pontífice este lunes, mientras el público coreaba «Francisco buen Pastor, te quiere El Salvador».

«Sin embargo, no han faltado las dificultades y el flagelo de la división y de la guerra; la violencia se ha sentido con fuerza en su historia reciente», aseveró Jorge Bergoglio, mientras los fieles coreaban sus pedidos para que Romero, considerado «el obispo de los pobres», sea elevado a la categoría de «doctor de la Iglesia».

«No son pocos los salvadoreños que han tenido que abandonar su tierra buscando un futuro mejor. El recuerdo de san Óscar Romero es una oportunidad excepcional para lanzar un mensaje de paz y reconciliación a todos los pueblos de Latinoamérica», sentenció Bergoglio.

Francisco, que viajará a Centroamérica del 23 al 27 de enero para participar de la Jornada Mundial de la Juventud que se hará en Panamá, no respondió a la invitación que le hicieron hoy los obispos y fieles salvadoreños para visitar su país.

Al iniciar la misa de acción de gracias, Francisco enfatizó que «el mensaje de san Óscar Romero va dirigido a todos sin excepción: él repetía con fuerza que cada católico ha de ser un mártir, porque mártir quiere decir testigo, es decir, testigo del mensaje de Dios a los hombres», sostuvo el pontífice, hablando en español.

Asimismo, Francisco dirigió unas palabras de afecto a los numerosos sacerdotes y religiosos presentes y a los que quedaron en su Patria, y los alentó a ser «servidores del pueblo sacerdotal, en la vocación a la que Jesús, único y eterno sacerdote, los ha llamado. San Óscar Romero veía al sacerdote colocado en medio de dos grandes abismos: el de la misericordia infinita de Dios y el de la miseria infinita de los hombres».

«Queridos hermanos, trabajen sin descanso para dar cauce a ese anhelo infinito de Dios de perdonar a los hombres que se arrepienten de su miseria, y para abrir el corazón de sus hermanos a la ternura del amor de Dios, también a través de la denuncia profética de los males del mundo», los animó.