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Opinión: «¿Lo peor ya pasó»


Por Diego Añaños – CLG

“Lo peor ya pasó” es una frase que repiten como un mantra todos los funcionarios mileístas. No importa cuándo ni qué haya ocurrido, lo mejor está por venir. Sólo les falta escribir la afirmación con lápiz de labio en un espejo, como lo hacía Nacha Guevara en su programa de comienzos de los 90s, “Me gusta ser mujer”. Pareciera ser que, Javier Milei no sólo quiere gobernar a fuerza de decretos. Quiere convencernos de que basta con decretar algo para que eso se transforme en realidad, una suerte de pizza de chorizo y dulce de leche, donde las doctrinas libertarias se hibridan obscenamente con la metafísica y el mindfullnes. Desde el inicio de su gestión nos vienen prometiendo que todo futuro será mejor, y que la Tierra Prometida siempre está por llegar, sólo necesitamos mantener la entereza y no cambiar de caballo (o de león) en la mitad del río. Qué quieren que les diga, ya cruzar un río a caballo me parece un montonazo . . .

Seguramente en estos tiempos debería renovarse el mantra. Los últimos quince días han acumulado una sucesión de derrotas en el plano internacional difíciles de digerir para el gobierno. Desde la épica virada lulista, pasando por el revés de Netanyahu, hasta la paliza que recibió Donald Trump en martes pasado, el presidente no pudo festejar ni por algunos minutos, ya que sus principales aliados globales mordieron el polvo amargo de la derrota electoral. Nada, ni una alegría. Y el fracaso se amplifica porque el presidente de involucró personalmente en las campañas de sus amigos, sin tener ni un segundo en cuenta su investidura presidencial, ni la responsabilidad que representa ser el jefe de Estado de una nación soberana. En las próximas semanas la espuma irá decantando, y se podrá establecer con mayor certidumbre cuáles son los efectos concretos de jugarse todas la fichas al 0 y que salga el 36, porque nada de esto es gratuito. Sin embargo, todavía no se puede tener una evaluación definitiva de los colaterales hasta que no transcurra un poco el tiempo.

Lo que sí está claro a esta altura de la soirée (como decía mi tío Chacho), es que la situación por la que atraviesa el país en este momento es responsabilidad del presidente y sus colaboradores. Y no estoy diciendo nada nuevo. La caída de la actividad económica, la huida de los inversores, la inflación que no cede, el aumento del desempleo y la pobreza, y el crecimiento exponencial del Riesgo País, no tienen su fundamento en acontecimientos externos. Son el efecto esperado de las decisiones de política macro que se vienen tomando desde el 10 de diciembre de 2023. Ahora, es cierto que, dado que el gobierno hace tiempo que no está en control, es natural que se mire hacia afuera esperando respuestas. Y en este sentido es poco probable que lleguen. Si bien es cierto que las derrotas de los aliados no han producido un daño notable en las principales variables de referencia con el Riesgo País o la cotización de las acciones y bonos (que ya estaban en crisis ANTES de las elecciones de Brasil, Israel y EEUU), las expectativas hacia adelante se han deteriorado notablemente.

Profundicemos un poco. Más allá de las simpatías personales, las elecciones brasileñas dejan sentimientos encontrados para las Fuerzas del Cielo. Por un lado implicaron una devalución del real (que impacta negativamente en la competitividad precio de nuestros productos) y un reflujo de capitales de la región hacia colocaciones más amigables. Por el otro, y por más que Milei no lo diga en público, se evitó el ajuste bolsonarista que conducía irreversiblemente a un enlentecimiento del crecimiento del país hermano, y por lo tanto a algún grado de deterioro de nuestra balanza comercial. Sin embargo, los analistas coinciden en el hecho de que necesariamente Lula deberá ordenar las cuentas del Estado, por lo que es poco probable que Brasil sea la locomotora que la administración libertaria necesita para un cambio profundo de las expectativas. Las derrotas de Trump y Netanyahu, en cambio, encienden las luces de alarma para el presidente y su equipo. Son los únicos socios globales con los que cuenta, y en el caso particular de los EEUU, una derrota del republicano complica las posibilidades de tener un fondo de rescate permanente a disposición. De ahora en adelante, tanto Trump como Scott Bessent, van a estar mucho más preocupados en cuidar sus propios puestos, que en cuidar de Javier Milei.

Y vamos cerrando con eso. Cada vez más el presidente va quedando sólo (incluso lo abandonan dentro de su propio espacio) y depende de sus propios talentos para conseguir la reelección. No sería prudente pensar que el mundo va a salir periódicamente a financiar otra vez su propia incapacidad para gobernar, algo que se refleja claramente en el crecimiento exponencial del Riesgo País de los últimos días. Es por eso que a veces en la política es mejor permanecer callado, porque escupir para arriba no suele ser una buena idea, y los archivos son inmisericordes. El 16 de diciembre de 2018 Javier Milei tweeteaba: “Frente a la suba del Riesgo País los inútiles de Kambiemos (lo escribe con K) dicen que sube por el temor a CFK. Por un lado el Riesgo País sube porque el país tiene un endeudamiento explosivo que lo hace insolvente. Por el otro lado, si CFK crece es porque los Kambiemos (otra vez con K) son unos incompetentes gobernando”. Maravilloso pasaje del registro de la profecía política, que se termina transformando en una confesión firmada con ocho años de anticipación o, como diría Fito, en un deja vú de lo que va a venir.