CLG dialogó con Cintia Paredes, su impulsora, quien dio detalles de este proyecto solidario que lleva adelante hace 18 años con mucho amor y a pulmón
Por Sofía Dalonse – CLG
Son tiempos difíciles donde crece constantemente la demanda de personas que se encuentran afectadas por la crisis económica y social. La contracara de esta triste realidad es que hay gente solidaria que potencia su energía y empatía para ayudar a los demás. Cintia Paredes es un claro ejemplo de ello.
Hace 18 años, Cintia lleva adelante un proyecto solidario que sigue funcionando y se sigue expandiendo. Se trata de un ropero comunitario que funciona desde sus comienzos en barrio Villa Urquiza de la ciudad, más precisamente en en Magallanes 2353.
«Nuestro roperito nació de las ganas de ayudar y compartir con quienes más lo necesitan. No se trata solamente de entregar ropa, sino que para mi siempre fue pensado con la idea de brindar una mano y hacer un poquito más fácil la vida de los demás. Desde chica me gusta ayudar, pero hace 18 años que llevo adelante este proyecto de manera constante; es algo que hago con muchísimo amor y que me llena el corazón de alegría», contó a CLG.

Según detalló, el ropero es un espacio solidario compuesto por seis personas con ganas de ayudar y hacer algo por los demás. Allí reciben donaciones de todo tipo: ropa, calzado, muebles, medicamentos, frazadas y hasta materiales de construcción: «Somos un grupo chico pero hermoso, unido por las ganas de ayudar y de hacer algo por los demás; cada uno aporta su granito de arena para que este proyecto siga creciendo y podamos llegar a más personas.Todo aquello que pueda ser útil para alguien es bienvenido, cada granito de arena cuenta», señaló.
Al hablar de la tarea cotidiana, relató: «Nuestro día a día está lleno de movimiento, trabajo y solidaridad. Recibimos las donaciones, organizamos lo que llega y acompañamos a las personas que se acercan a buscar lo que necesitan. Cada donación tiene un valor especial porque sabemos que puede resolver una necesidad».

Asimismo, destacó que en estos 18 años el ropero fue creciendo y adaptando a las necesidades de la gente. En este sentido, habló de la situación actual y aseguró que cada vez son más las familias que necesitan ayuda: «Somos un grupo chico pero hermoso y tratamos de ayudar a todas las personas y familias que se acercan porque necesitan una mano. Hoy, son muchísimas las familias que de verdad la están pasando muy mal y creo que la solidaridad en estos momentos es fundamental. A veces, algo que para nosotros parece poquito, para otra persona significa muchísimo».

Emocionada, Cintia aseguró que este proyecto es una parte esencial de su vida: «Mi mayor alegría es saber que puedo ayudar, aunque sea con poco, a muchas personas. Me emociona pensar que algo que alguien necesitaba llegó a sus manos gracias a una donación. Eso me llena el alma y me da fuerzas para seguir».
Al concluir, expresó: «Quiero agradecer a cada persona que nos acompaña y colabora. Estoy convencida de que, cuando ayudamos de corazón, las cosas lindas se multiplican. No hace falta tener mucho para ayudar, solamente tener ganas de compartir.Lo más lindo es ver cómo la solidaridad crece y cómo, entre todos, podemos hacer una gran diferencia porque donde hay solidaridad, siempre hay esperanza».
