Empresarios, sindicalistas, académicos y referentes del sector productivo se reunieron para debatir el futuro de la industria argentina. Emitieron duro comunicado
La preocupación por el futuro del empleo y de la producción volvió a ocupar el centro del debate entre empresarios, trabajadores, dirigentes sindicales y referentes del sistema educativo y científico. Más de 620 representantes de distintos sectores se reunieron este viernes en Cañuelas para discutir una agenda industrial de cara a 2027, en un escenario que definieron como crítico para la industria argentina.
El encuentro fue organizado por la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA) en el predio de Smata, bajo el lema “Industria, trabajo, productividad y calidad de vida”, y tuvo como uno de sus principales ejes el impacto que la actual política económica tiene sobre las fábricas, las pymes y el empleo.
La advertencia más contundente estuvo a cargo de Ricardo Pignanelli, secretario general de CSIRA y SMATA, quien sostuvo: “No podemos resignarnos a que un país que tiene todo no tenga industria, porque van a quedar 20 millones de argentinos en la miseria y el pluriempleo”.
El dirigente aseguró que la industria atraviesa una situación de fuerte deterioro y señaló que durante los últimos años se dieron de baja casi 30.000 pymes, con más de 400.000 puestos de trabajo afectados, según las cifras que presentó durante la jornada.
El consumo interno, en el centro del reclamo
Para los referentes industriales y sindicales, una de las claves para comenzar a revertir el escenario es recuperar el poder de compra de los trabajadores.
“Lo primero que hay que hacer es activar el consumo interno”, planteó Pignanelli, quien vinculó la caída de la actividad manufacturera con la falta de oportunidades laborales, especialmente para los jóvenes.
La diputada nacional Julia Strada coincidió con ese diagnóstico y sostuvo que “la industria nacional no va a poder tener salida si no cambian las políticas económicas”. En ese sentido, reclamó un “cambio de rumbo de 180 grados”, con una recuperación del mercado interno y medidas frente al crecimiento de las importaciones.
El debate estuvo atravesado por una preocupación que excede a las propias fábricas: qué ocurrirá con el empleo si continúa el proceso de reducción de la actividad industrial.
La exministra de Industria Débora Giorgi utilizó una frase para graficar la situación: “Ahora estamos en el quinto subsuelo”.
Inteligencia artificial: tecnología sí, pero con empleo
La inteligencia artificial también formó parte de las discusiones, aunque los participantes mostraron diferentes posiciones sobre el impacto que tendrá sobre el trabajo industrial.
Silvio Zurzolo, de la Unión Industrial Argentina (UIA), consideró que la tecnología todavía se encuentra “en la infancia”, mientras que Alejandro Gentile, de la UIPBA, sostuvo que la inteligencia artificial y la automatización no necesariamente implican reemplazar trabajadores, sino que pueden asistirlos.
Desde Rosario, el empresario Andrés Cisaruk planteó una mirada más cautelosa y puso el foco en las urgencias actuales del sector productivo.
“La prioridad hoy es sostener los trabajos y a las familias, no podemos pensar en ampliar aún más a la IA más allá de lo básico, cuando no sabemos qué va a ser de nosotros en 3 meses”, sostuvo.
El planteo refleja una de las principales tensiones del debate: la necesidad de incorporar nuevas tecnologías para mejorar la productividad, pero sin que ese proceso se produzca en un contexto de destrucción de puestos de trabajo y cierre de empresas.
Una agenda industrial para 2027
El encuentro terminó con la elaboración de un documento que propone avanzar hacia una reconstrucción del entramado industrial a partir de 2027.
Entre los principales puntos aparecen la recuperación del mercado interno, el fortalecimiento de la educación técnica, la mejora de los salarios, el acceso al financiamiento productivo, la incorporación de tecnología y el desarrollo de cadenas de valor nacionales.
También se planteó la necesidad de una mayor articulación entre el Estado, las empresas, los trabajadores y el sistema científico y tecnológico.
El objetivo, según los organizadores, es avanzar hacia un acuerdo industrial, productivo y social que permita recuperar la capacidad manufacturera y construir mayor soberanía tecnológica.
En ese escenario, la discusión ya no pasa solamente por cuánto produce la industria, sino por el modelo de país que puede construirse alrededor de ella: empleo formal, salarios, formación técnica, innovación y empresas capaces de sostenerse en el tiempo.
