Gremiales

Dos fábricas bajan la persiana y crece la preocupación por el empleo: cierres, despidos y el impacto de las importaciones


Una láctea de Bragado cerró después de décadas de actividad y despidió a sus dos trabajadores; una histórica textil de La Plata anunció el cierre tras 53 años

La crisis de la industria y las dificultades que atraviesan las pequeñas y medianas empresas volvieron a quedar expuestas con dos nuevos cierres productivos en la provincia de Buenos Aires. Una histórica empresa láctea de Bragado cerró sus puertas y dejó a sus dos trabajadores sin empleo, mientras que una fábrica textil de Tolosa, en La Plata, anunció el final de sus operaciones después de 53 años de actividad.

Aunque se trata de situaciones empresariales diferentes, ambos casos tienen un denominador común: plantas que dejaron de ser sustentables en un contexto marcado por la caída del consumo, mayores dificultades para las empresas y una fuerte competencia de productos importados.

Una láctea cerró y dejó a sus trabajadores sin cobrar las indemnizaciones

En Bragado, la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) se movilizó frente a Bragalac, una firma histórica de la ciudad que cerró definitivamente su planta y desvinculó a los dos trabajadores que todavía permanecían en actividad.

El reclamo sindical apunta al pago de salarios atrasados, vacaciones proporcionales, aguinaldo e indemnizaciones. Según explicó Cristian Fenoglio, referente de ATILRA seccional Chivilcoy, los empleados despedidos tenían 16 y 20 años de antigüedad en la empresa.

El dirigente sostuvo además que los propietarios de la compañía, los hermanos Mario y Raúl Torreta, manifestaron durante dos audiencias ante la Secretaría de Trabajo que no pagarían las sumas reclamadas por los trabajadores.

Desde el gremio también denunciaron presuntas irregularidades en los aportes y contribuciones a la seguridad social durante los años de funcionamiento de la empresa.

ATILRA advirtió que continuará con las medidas de protesta hasta obtener una respuesta y el pago de las indemnizaciones correspondientes.

Una textil con 53 años de historia también cierra

El segundo caso se produjo en Tolosa, La Plata, donde Clan Issime anunció que el próximo lunes 31 de agosto apagará definitivamente sus máquinas después de 53 años de actividad.

La empresa llegó a tener 129 trabajadores en 2007, pero actualmente contaba con apenas nueve operarios. La propietaria, Dolores Torres, explicó que la decisión fue consecuencia de un escenario que definió como un “cóctel explosivo”, marcado por la presión fiscal, la caída del consumo y la competencia de productos adquiridos a través de plataformas internacionales.

“Producimos, pero es imposible con las importaciones”, resumió la empresaria.

Torres cuestionó especialmente la competencia de plataformas como Temu y Shein, a las que señaló por permitir el ingreso de productos bajo condiciones que, según su visión, no son comparables con las que enfrenta una fábrica argentina.

También apuntó contra la presión impositiva y las dificultades para sostener una estructura formal de trabajadores.

La empresaria aseguró que la firma atravesó diferentes crisis económicas a lo largo de su historia y que incluso durante la pandemia reconvirtió parte de su producción para fabricar barbijos y ropa hospitalaria. Sin embargo, sostuvo que esta vez la situación resultó imposible de sostener.

El cierre contempla el remate del stock y de la maquinaria de la planta con el objetivo de afrontar las indemnizaciones de los trabajadores.

El empleo industrial, otra vez en el centro del debate

Los dos casos muestran distintas caras de un mismo problema: empresas que durante décadas lograron atravesar crisis económicas, cambios de gobierno y diferentes escenarios de consumo y que ahora encuentran dificultades para sostener sus estructuras productivas.

En Bragado, el cierre derivó directamente en el despido de los últimos dos trabajadores de la planta y en un conflicto por el pago de las indemnizaciones. En La Plata, una empresa con más de medio siglo de historia decidió cerrar después de reducir su plantilla de 129 empleados a apenas nueve.

La caída del consumo interno aparece como uno de los principales factores mencionados por los empresarios, junto con la presión tributaria y la creciente competencia de productos importados.

El impacto no se limita a las fábricas. Cada cierre productivo también repercute sobre proveedores, trabajadores, comercios y servicios vinculados a esas empresas.

Mientras continúan los debates sobre el rumbo de la economía, estos casos vuelven a poner sobre la mesa una pregunta central para el sector productivo: qué capacidad tendrá la industria argentina para sostener empleo y producción frente a un escenario de menor demanda y mayor competencia externa.