CLG dialogó con el el Vicario General del Arzobispado de Rosario, quien analizó el contexto actual y convocó a la sociedad a reflexionar con su mensaje pascual
Por Sofía Dalonse – CLG
El domingo de Pascua no solo es una tradicional celebración religiosa y cultural, sino que también es noticia y puede leerse según el contexto y las circunstancias. El Vicario General del Arzobispado de Rosario, Emilio Cardarelli, realizó esta reflexión al brindar su discurso en el marco de la conmemoración de la resurrección de Jesús.
En diálogo con CLG, explicó: «La noticia es una afirmación que leída fuera del ámbito religioso puede sonar desconcertante , un hombre muerto ha vuelto a la vida es una gran noticia que la Iglesia viene proclamando hace más de dos mil años, pero esa noticia cambia el presente. No es una consigna devocional del núcleo del cristianismo, sino que es un anuncio. No es una teoría ética, ni un sistema de valores, sino la proclamación de un hecho que pretende tener consecuencias concretas en la vida personal y en la vida social».
En este sentido, se refirió al contexto económico, político y social actual. Según detalló, el clima de esta época está marcado por situaciones que manifiestan fatiga y cansancio. En lo social, crece la soledad y la fragilidad de los vínculos. En lo económico, se traduce en la angustia cotidiana; y en lo político, la polarización erosiona la posibilidad de diálogo.
Al respecto, expresó: «Viene al corazón la pregunta: ¿hay salida? Esta inquietud no es nueva. Según los relatos del Evangelio, los primeros seguidores de Jesucristo experimentaron una profunda desilusión después de su muerte, ese proyecto en el que habían depositado expectativas parecía haber fracasado. Tantas veces los argentinos pusimos expectativas en proyectos que terminaron en fracasos. Justamente en este punto, un proyecto aparentemente fracasado, donde el cristianismo sitúa su origen, La afirmación de que Jesús ha resucitado no aparece como un consuelo simbólico, sino como reinterpretación radical de la realidad».
Cardarelli es reconocido por su participación activa en la Iglesia local, su defensa de la visión cristiana del hombre y su compromiso con causas sociales y pastorales. Es uno de los principales referentes del episcopado local, participando en asuntos pastorales y sociales.
Según señaló, para los primeros cristianos la Pascua significó que la muerte no tiene la última palabra, que el fracaso no es definitivo, que la historia permanece abierta. Pero este anuncio no se dirige solo al ámbito religioso sino también interpela las experiencias humanas más universales: el dolor, la injusticia, la perdida, la incertidumbre.
En la misma línea, continuó analizando el panorama actual: «Estamos en una época donde predominan diagnósticos estructurales, económicos, sociológicos, políticos. El mensaje de la Pascua introduce un enfoque diferente, no se niega la gravedad de la crisis, pero se desplaza el centro de la gravedad».
Consecuentemente, aseguró que la transformación no comienza en los sistemas sino en la persona. el anuncio sostiene que la renovación social es inseparable de una experiencia personal, la cual es el encuentro con Jesucristo vivo: «Según esta lógica del anuncio cristiano que la Iglesia viene haciendo de la Pascua, no se trata de arreglar el mundo o el país, se trata de toda una vida que al ser alcanzada por el encuentro con Jesucristo comienza a irradiar cambio. Ese encuentro te cambia la vida de tal modo que empezas a transformar la realidad».
Y continuó: «Uno de los rasgos distintivos del cristianismo primitivo es que sus primeros anunciadores no se presentaban como tipos teóricos sino como testigos, no estaban afirmando una doctrina sino una experiencia: de haber pasado del miedo a la valentía, de la tristeza a la esperanza, del encierro a la misión. Y este paso es central para comprender la dimensión del anuncio. El anuncio de la Pascua no se agota en una idea, sino que reclama ser verificado en la vida, en la existencia. Estamos, sin duda, ante una sociedad cada vez mas secularizada, que deja al margen este anuncio».
El Vicario General del Arzobispado de Rosario afirmó que la Pascua, en medio de estas circunstancias, corre el riesgo de diluirse tanto en lo cultural como en lo simbólico: «El contexto de crisis abre una posibilidad inesperada, que el anuncio recupere su carácter original de noticia. Es importante que desde un medio de comunicación le pidan a un sacerdote de la Iglesia católica hacer referencia a esta noticia. Una noticia en sentido estricto, no es solo información. es algo que irrumpe, que altera el estado de las cosas, que obliga a tomar posición».
Finalmente, recuperó el mensaje esperanzador de la resurrección y llamó a la sociedad a ser protagonista para cambiar la realidad:» Por eso la afirmación cristiana sigue siendo provocadora: si cristo vive entonces la desesperanza no es una conclusión inevitable. Desde fuera de la fe, el núcleo del anuncio puede leerse como una hipótesis fuerte. Desde dentro de la fe, no hablamos de una hipótesis sino de un certeza que transforma la mirada. Jesucristo resucitó, la historia no está cerrada, la persona no está condenada a repetirse, el sentido no depende exclusivamente de las circunstancias.
Y cerró: «Estamos en un tiempo que acumula diagnósticos pero le falta horizontes claros. La Pascua plantea una afirmación incómoda y, al mismo tiempo, sugestiva: que la esperanza no es ingenuidad sino respuesta a un acontecimiento y que si ese acontecimiento es real y la convicción de los cristianos es real, todavía hay algo nuevo por empezar y nosotros somos protagonistas de ese escenario».
