Por Diego Añaños - CLG
Por Diego Añaños – CLG
Javier Milei ha hecho de la euforia una forma de gobernar. De manera permanente las Fuerzas del Cielo festejan. Festejan cuando ganan, festejan cuando empatan y festejan cuando pierden. Pareciera ser que el festejo constante se fue transformando en un dispositivo orientado a contagiar entusiasmo. “Que no decaiga”, sería la consigna, ante un evidente temor a que la mentira se desmorone de golpe y todos descubran que, en definitiva, el Rey estaba desnudo. Cual coach de zumba pasado de salbutamol, los miembros del gabinete, liderados por supuesto por el propio presidente, arengan a la multitudes invitándolas a ir por más, a seguir empujando el cambio (el mismo que no pudo concretar Mauricio, que ahora anda preocupado intentando moderar los deseos incontrolados de las masas por poseerlo TODO). Incluso los funcionarios celestiales se alientan entre ellos mismos por las redes sociales, enviándose mensajes poblados de felicitaciones y alabanzas, porque claro, como decía Perón: para un libertario no hay nada mejor que otro libertario. O algo así, por momentos la memoria se me nubla.
Ahora se festeja el crecimiento de la economía en el año 2025. A ver, no había que ser ningún genio de la econometría, ni siquiera un adivino de medio pelo, para saber que el resultado punta a punta del año pasado iba a dar un resultado positivo. Incluso lo dijimos varias veces en esta columna. Estaba tan baja la vara, era tan diminuto el punto de referencia, en este caso el año 2024, que no había dudas de que el PBI de 2025 iba a mostrar un crecimiento con respecto al año anterior. En verdad bastaba quedarse quieto y los números iban a correr solos. Por más que desde el oficialismo intenten ponerse ellos mismos las medallas, el crecimiento iba a ocurrir, casi irremediablemente. Bajo ningún punto de vista debería interpretarse como un éxito de la gestión, ya que los verdaderos objetivos que se plantearon desde el equipo económico: la acumulación de reservas, la baja de la inflación y la recuperación de la inversión luego de la baja del riesgo país, quedaron para algún segundo semestre. Crecimos si, pero no por efecto de las decisiones de política económica, sino por obra y gracia de las estadísticas. Con la aprobación de la Reforma Laboral sobre el fin de la semana, el gobierno se apunta una victoria, pero asume también un compromiso: cumplir con la promesa de que la flexibilización laboral y el recorte de derechos a los trabajadores generará un incentivo inmediato para empujar a los empresarios a incrementar su demanda de empleados. La evidencia empírica muestra que no será así, ya que el principal estímulo que tiene un capitalista para aumentar su nómina es un aumento de la demanda, y no un abaratamiento de los costos. Pero, como siempre decimos, seamos prudentes y dejemos que los hechos hablen por sí mismos. Por lo pronto Las Fuerzas del Cielo festejan.
De acuerdo a los datos publicados por el INDEC el producto creció un 4,4% en 2025. Hasta aquí la noticia. Sin embargo, la cifra de por sí no dice nada, al margen del efecto estadístico que se produce cuando la base de comparación es tan baja. Lo realmente interesante está en cuál fue el desempeño de los diversos sectores que componen el indicador de la medición oficial. Sólo tres de esos sectores muestran números negativos: servicios sociales y salud, administración pública y pesca. Luego, podemos encontrar un grupo que crece por debajo del promedio, que incluye: servicios comunitarios; industria manufacturera; enseñanza, electricidad, gas y agua; transporte y comunicaciones; actividades inmobiliarias y comercio. La construcción, por su parte, crece exactamente al mismo ritmo que el nivel general. A continuación tenemos los sectores que crecieron por encima del promedio, que son: agricultura (6,5%), hoteles y restaurantes (7,5%), minas y canteras (8%) e impuestos netos de subsidios (8,7%). Finalmente, y para cerrar, la frutilla del postre: la intermediación financiera, que crece un 24,5%. Si, escucharon bien, casi tres veces lo que creció el sector que le sigue.
Es entonces que uno debería preguntarse, qué festeja el gobierno? Como veníamos anticipando, los sectores que traccionan el crecimiento de la economía en la Argentina son básicamente la agricultura, la minería y las finanzas (y se cuela por ahí la hotelería y la gastronomía). Pero lo verdaderamente significativo es que el crecimiento de las finanzas triplica al del sector que lo sigue. En este sentido valen tres consideraciones. En primer lugar, la especulación financiera le está ganando la batalla por goleada a la producción. Luego, y es una paradoja que el gobierno debería explicar: en la Argentina libertaria los aumentos de impuestos están en el segundo lugar en términos de crecimiento en el último año. Finalmente, y en función de los desempeños relativos de cada sector, es evidente que el mercado de trabajo está sufriendo un deterioro profundo. Esto se debe a que: a. los sectores que más crecen no son generadores de puestos de trabajo de alta intensidad, y b. de cada dos puestos de trabajo formal que se destruyen, se crea uno en el sector informal. Si alguno tiene la expectativa de que la Reforma Laboral cambie el panorama en el Mercado de Trabajo, le sugiero que le compre una reposera a Mauricio.
Para algún observador común, en la Argentina están pasando cosas raras. Van dos años de gestión de un gobierno que implementó 138 medidas puntuales para abrir la economía y liberalizar el comercio. Sin embargo, en la última medición interanual reflejada por el ICA (Intercambio Comercial Argentino), y contra lo que indicaría el sentido común, las importaciones bajaron un 11,9%. Es esto posible? Se preguntarán los más distraídos (o los más legos). Si, claro que es posible, ya que las importaciones son una función matemática directa del nivel de actividad económica. Si la actividad crece la demanda de insumos importados crece, y viceversa. Ahora, si la actividad económica está retrocediendo, no influye en nada que elimines todas y cada una de las barreras comerciales, las importaciones van a caer. Y ahí está la madre del borrego. Cuando en la última encuesta de Tendencia de Negocios publicada recientemente por el INDEC se les preguntó a los empresarios: “Cuál es factor más importante que está limitando su capacidad para aumentar la producción”, menos del 12% mencionó la competencia de artículos importados como un factor determinante. Ahora bien, más del 53% respondió que la razón es la demanda interna insuficiente (léase: “no hay un mango en la calle”). Esa es la respuesta. Como decía El General: “la única verdad es la Realidad”. Por eso, sinceramente, no termino bien de entender qué es lo que festeja el gobierno.
