Opinión

Viaje a Malvinas: un día para la historia


Por Claudio Avruj  

 

Hoy es un día que quedará grabado en la memoria colectiva para siempre, un nuevo capítulo en la hoja de ruta que representa el acuerdo entre nuestro país, Gran Bretaña y el Comité Internacional de la Cruz Roja, en el marco del Derecho Humanitario para la identificación de los héroes argentinos que yacían en el cementerio de Darwin, al amparo de ser soldado argentino sólo reconocido por Dios. Es insondable el impacto emocional que este trabajo tiene en los familiares, porque significa cerrar dolorosas historias inconclusas, recuperar a los seres queridos desde un lugar simbólico único, que sólo lo puede dar la certeza de lo ocurrido cuando llega la muerte. Esa huella imborrable se filtrará también entre todos los que tuvimos la dicha de ser elegidos para dar nuestros esfuerzos en el cumplimiento del trabajo comprometido y en todos los argentinos que podemos mirarnos más allá de nuestros propios intereses y entender que cuota parte importantísima de la deuda que el estado contrajo y no saldó con los héroes caídos, sus familias y los combatientes. Y no se trata de deudas materiales, es mucho más que ello. Debemos felicitarnos por la continuidad de una política pública. Este proceso tuvo distintos tiempos y múltiples actores. La periodista Gabriela Cofici y el Veterano Julio Aro, (No me olvides), que supieron interesar a Roger Waters, y la decisión gubernamental de convertir a este tema en una política de plena continuidad.  

Nuestra gestión sintió la obligación moral de retomar el camino abandonado y reencauzarlo, superar los obstáculos que la mezquindad y especulación política se encargó de instalar, pensando en el bien común y fundamentalmente en las familias. Profundizamos el diálogo, la escucha y la contención. Desarrollamos la idea de «humanizar la política», para lograr el éxito. Así fue. Fueron largas jornadas de trabajo en estos dos años, amalgamando voluntades desde el gobierno en diferentes áreas, los familiares de los héroes, los organismos internacionales y la opinión pública.  

Me mueve un profundo sentimiento por Malvinas como a todos los argentinos; sé que acciones como esta, basadas en los principios y valores de la paz y ejecutadas, sólo sostenidas por el diálogo serio y comprometido, nos llevarán a concretar el sueño ya bicentenario. Por haber sido soldado conscripto Clase 1959 y movilizado al sur en el Conflicto del Beagle, me unen infinitas sensaciones y experiencias con los combatientes. Ví y viví todo menos el combate, supe de hechos heroicos y fui testigo de las peores miserias, supe también del dolor, del silencio y la indiferencia.  

Hoy, es otro tiempo, este proceso que es un claro y contundente ejemplo de buenas prácticas, nos debe servir para vernos en perspectiva entendiendo que a todos es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Ojalá lo sepamos ver, ojalá haya llegado el tiempo en que estemos humanizando la política. Todas las lágrimas caídas por los familiares, las de la tristeza hasta ayer y las de la emoción de hoy, lo merecen y nos marcan el camino.