Natalia Fiscella, responsable de Calzados Gambitas, en La Matanza, aseguró que lleva 15 días con la planta paralizada por la falta de ventas y las demoras en los pagos
La crisis de la industria del calzado golpea a las pequeñas fábricas que intentan sostener la producción en medio de la caída del consumo y las dificultades para cobrar. En La Matanza, Calzados Gambitas, una empresa familiar dedicada al calzado infantil con casi cinco décadas de trayectoria, lleva 15 días sin producir. Su dueña, Natalia Fiscella, describió un escenario crítico y cuestionó las políticas económicas del Gobierno nacional: “Estamos peor que en el 2001”.
“Hace 15 días que no abro la fábrica. 15 días que no produzco”, contó Fiscella en diálogo con Mundo Gremial. La paralización llegó después de una fuerte reducción de la actividad: incluso en esta etapa de retracción, la firma había logrado fabricar unos 100 pares semanales, un volumen que ahora también quedó interrumpido.
La historia de Gambitas muestra la dimensión del retroceso. La fábrica llegó a emplear a cerca de 40 personas y alcanzó una producción de 2.200 pares por día. Actualmente, la actividad quedó reducida al trabajo de la familia y la colaboración de dos personas cuando aparecen pedidos.
Sin ventas, con pagos demorados y el capital en retroceso
La falta de demanda no es el único problema. Fiscella explicó que los comercios también tienen dificultades para vender y demoran los pagos por la mercadería que reciben. Esa cadena de incumplimientos deja a los fabricantes sin ingresos suficientes para afrontar sus propios compromisos.
“Pero hoy ¿quién tiene espalda para esperar? Nadie. Estamos en una situación desesperante, pero de verdad”, sostuvo.
La empresaria contó que durante un tiempo pudo mantener la actividad utilizando recursos propios, pero que ese esfuerzo terminó debilitando el capital de la firma. “Nosotros bancamos de nuestros bolsillos y nos comimos el capital. Por eso no te dolía tanto al principio, porque te estabas comiendo tu capital”, explicó.
El testimonio refleja una de las dificultades que atraviesan las pequeñas industrias: aun cuando intentan sostener la producción y preservar los puestos de trabajo, la falta de pedidos y los atrasos en los cobros reducen cada vez más el margen para continuar.
La preocupación por los trabajadores que pierden su oficio
Uno de los aspectos que más angustia a Fiscella es el destino de las personas que trabajaron durante años en la fábrica. La responsable de Gambitas describió el vínculo con sus empleados como una relación familiar, construida a lo largo de una historia compartida de trabajo.
“Esa gente es mi familia, porque esa gente produce conmigo en la fábrica”, expresó.
La crisis no solo significa perder un salario. También implica que trabajadores especializados en cortar, coser, pegar y armar calzado se queden sin un lugar donde ejercer su oficio, en un sector que atraviesa dificultades en distintas regiones del país.
“¿Y qué hace ese pibe con ese oficio? ¿A qué fábrica va?”, se preguntó la empresaria.
Según relató, algunos trabajadores siguen consultando si surgió algún pedido que permita retomar la actividad. La espera y la falta de certezas profundizan la preocupación de quienes necesitan recuperar sus ingresos.
“Es muy triste y muy angustiante lo que estamos viviendo”, resumió.
Importaciones, contrabando y caída del consumo
Fiscella también cuestionó los controles sobre el ingreso de mercadería y reclamó condiciones que permitan competir a los fabricantes nacionales. “Las fronteras son un colador”, afirmó al referirse al contrabando.
Sin embargo, advirtió que el problema no se limita a la competencia con los productos importados, sino que también está relacionado con la pérdida de poder adquisitivo y la caída del mercado interno.
“Lo importado hizo ruido al principio. Ahora la gente no tiene ni guita para comprar importado”, señaló.
La fabricante expresó además su preocupación por la continuidad de las medidas antidumping que alcanzan al sector, cuyo vencimiento ubicó el 14 de diciembre, y pidió reglas que permitan sostener la producción local.
“La industria argentina no necesita lástima”
Las críticas de Fiscella apuntaron directamente al rumbo económico del Gobierno de Javier Milei. “Nos destrozó esta política de gobierno nefasta, destrozó la industria argentina”, sostuvo.
Su reclamo, explicó, va más allá de la continuidad de una empresa. Detrás de cada par de calzado hay trabajadores, proveedores y familias que dependen de una cadena productiva que requiere conocimientos y mano de obra especializada.
“La industria argentina no necesita lástima, necesita condiciones para producir, vender y crecer”, reclamó.
Y concluyó con un pedido para que se valore a las pequeñas empresas que todavía apuestan por fabricar en el país: “Pedimos que nos dejen trabajar, que haya reglas justas, que se valore a quienes todavía elegimos fabricar en este país”.
La situación de Gambitas expone el presente de una fábrica que pasó de producir miles de pares diarios y sostener decenas de puestos de trabajo a detener por completo su actividad. Mientras su dueña espera que aparezcan nuevos pedidos, la incertidumbre alcanza tanto al futuro del emprendimiento familiar como al de los trabajadores que durante años encontraron allí su sustento.
