Un día como hoy, pero del año 1933, se producía el secuestro de Marcelo Martin en Rosario, hijo del empresario multimillonario Julio Martin, dueño de la yerbatera que llevó su apellido

Mafia es una palabra que tiene muchas acepciones. Pero en los primeros años del siglo XX tenía un sentido bien definido para los habitantes de Rosario: era el término con el que se designaba a grupos bien conocidos de delincuentes, en su mayoría de origen italiano, que se dedicaban a la extorsión y el secuestro extorsivo. Fue un largo proceso que llegó a su eclosión, y también a su debacle, durante la Década Infame. El secuestro de Marcelo Enrique Martin, del que en estos días se cumplen 87 años, fue el caso que puso al descubierto a una de las organizaciones mejor estructuradas, la que respondía al célebre Juan Galiffi, alias Chicho Grande.

Los secuestros de Florencio Andueza, en Venado Tuerto (1930); Julio Nannini y Carlos Gironacci, en Arroyo Seco (1931), y Jaime Favelukes, en Buenos Aires, y Abel Ayerza, en Marcos Juárez (1932), instalaron a la mafia en el imaginario colectivo como un poder presente en todas partes y ninguna, capaz de eludir cualquier investigación. Aquellos episodios tuvieron algo en común: fueron planeados por mafiosos radicados en Rosario.

El último episodio de esa serie ocurrió en la noche del 29 de enero de 1933. Marcelo Enrique Martin dejó su voiturette en el garaje El Volante, en Tucumán 1849, y caminó hasta su casa, en Urquiza 1484. Cuando iba por esa calle, antes de llegar a la esquina de Paraguay, sobre la vereda de la iglesia San Bartolomé, fue abordado por un desconocido.

Roberto Badano y su hija Esilda, únicos testigos, vieron cómo otros dos hombres tomaban a Martin por atrás y le colocaban un pañuelo en la boca y una capucha en la cabeza. Así, luego de recoger un revólver, caído en la vereda en medio del forcejeo, lo hicieron subir a un taxi marca Hudson, color verde aceituna, de capota blanca. El vehículo tomó por Paraguay y salió a toda velocidad hacia el sur.

La familia de Martin recibió luego una carta donde le pedían 150 mil pesos como rescate. La víctima había sido bien elegida: era el hijo de Julio Martin, ex presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario y fundador de la yerbatera que llevó su apellido.

En el Cruce Alberdi

A las 4.30 del 31 de enero, Alberto Julio Martin, hermano de Marcelo, pagó el rescate en el Cruce Alberdi. De acuerdo a las exigencias de los secuestradores, iba en un auto con la capota y el parabrisas plegados y un pañuelo en el radiador; llevaba la plata en un maletín y la entregó con la mano izquierda, sin mirar al que la recibía.

La familia no hizo ninguna denuncia, pero el secuestro trascendió a la prensa. En esa época aún era un enigma el destino de Abel Ayerza, en poder de mafiosos en la provincia de Córdoba desde octubre de 1932 (en febrero de 1933 se supo que había sido asesinado). Para calmar la ansiedad pública, el 1º de febrero Martin salió a pasear con su Cadillac por el parque Independencia, con su amigo Héctor Astengo, suceso del que dieron cuenta los diarios. Su madre, Angela Joostens de Martin, había prometido que si salía indemne donaría una maternidad para la ciudad: la promesa se concretó el 8 de julio de 1939, con la inauguración de la Maternidad Martin.

 

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