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Transporte urbano rosarino: un viaje entre el pasaje y el conductor


Por Santiago Ceron y Gonzalo Santamaría

El sistema de transporte público rosarino: un tópico que genera elogios y críticas por igual. Desde su primera gestión ha sido una obsesión de la intendenta Mónica Fein, pero no siempre obtuvo los mejores resultados. Nuevas unidades, carriles exclusivos, cambios de recorridos, tarjetas magnéticas y uno de los boletos más caros del país.

Según datos oficiales, alrededor del 60% de los rosarinos utiliza el sistema de transporte público, es decir, aproximadamente 720.000 personas. Esto implica una estructura y organización de gran magnitud para poder tener un transporte eficiente.

Para mostrar y analizar cómo viaja el rosarino CLG se subió a diferentes líneas de colectivo y habló con pasajeros y choferes, quienes dieron opiniones dispares sobre el transporte público de la ciudad.

Viajar en colectivo en Rosario implica realidades diferentes según quién lo utilice. No es lo mismo moverse dentro del centro que partir de zona sur y descender en Arroyito, por ejemplo. Las experiencias y las opiniones de los pasajeros cambian según la zona.

La mayor parte de quienes suelen viajar en la zona del centro dieron opiniones favorables para el transporte público, asegurando que «hay buena frecuencia» y que «todas las nuevas unidades tienen aire acondicionado».

Por otro lado, la mirada de los barrios es opuesta. Las mayores quejas se refieren a una baja frecuencia y que «uno espera 30 o 40 minutos por un colectivo y queda a merced de la inseguridad».

Pero si hay algo que en que casi todos coincidieron es en lo costoso que resulta el pasaje: desde el 1º de enero el boleto de colectivo cuesta $23,17 por viaje, algo que trajo muchas críticas para Fein y compañía.

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