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Ser mujer bombero: tarea gratificante pero no sencilla


Luciana Cárdenas es segundo jefe del cuartel de Bomberos Voluntarios de El Hoyo, Chubut. Su historia, cómo llegó a donde está hoy y cómo se metió en una actividad que "para la gran mayoría es sólo de hombres"

Por Belén Corvalán

“Me ha pasado de estar dándole la teta al bebe, arranca a sonar la sirena y tengo que salir corriendo”. Así, Luciana Cárdenas, en diálogo con CLG, cuenta una secuencia que protagoniza repetidas veces como parte de su rutina diaria. Es que Luciana es segundo jefe del cuartel de Bomberos Voluntarios de El Hoyo, provincia de Chubut, y cuando el sonido de la emergencia retumba en la ciudad, se calza las botas y sin dudarlo, cualquiera sea la hora, deja su hogar para prestar servicio y hacer frente a las llamas.

Desde hace quince años Luciana Cardenas se desempeña como bombero voluntario y desde hace tres fue nombrada segundo jefe del cuartel El Hoyo. Vocación que ama, y que enfrenta pese a los prejuicios que se le fueron presentando en el camino por realizar una actividad que siempre fue catalogada estrictamente “para hombres”. “No es fácil para la mujer. Es un ambiente machista. Ahora es más fácil, antes era mucho más complicado. Tenés que estar todo el tiempo justificando las decisiones que tomás”, dice.

Según registra el Servicio Nacional de Bomberos Voluntarios, solo 7.000 son mujeres, en comparación a 36.000 hombres. “Es difícil, por eso somos pocas. La idea también es que eso vaya cambiando”, enfatiza Luciana que actualmente tiene 26 personas a cargo, de las que ocho son mujeres y el resto, hombres. “Ahora somos más chicas que antes, y estoy feliz y orgullosa, porque pasé mucho tiempo sola”.

“En el cuartel de El Hoyo somos privilegiadas. Tenemos compañeros con la mente abierta, que nos acompañan y apoyan. Hemos ascendido, tenemos cargos y nos respetan”, remarca. No obstante, no sucede lo mismo en otros cuarteles donde las mujeres se encuentran con numerosos obstáculos dentro del ambiente. “Escuchamos versiones donde la situación es todo lo contrario. Tenemos compañeras de otros lugares en los que les cuesta ascender, no se les da la misma importancia, ni el respeto. Por suerte a nosotras no nos pasa nada de eso. Siempre el respeto está, no tengo nada para decir. Tengo un grupo ideal para trabajar en equipo, aceptan las decisiones y cuando les das órdenes”, afirma. Es que el compañerismo es fundamental, ya que es mucho el tiempo compartido. Hasta el vestuario donde se realizan los cambios de ropa es para varones y mujeres. “Ellos tienen mucha paciencia porque suelo llegar y dejar todo tirado”, sostiene entre risas.

Sin embargo, no es tarea sencilla desarmar los moldes culturalmente impuestos. Hasta los equipos de ropa que usan están hechos para cuerpos masculinos. “Nos cuesta más porque no vienen para mujer, entonces te tocan botas más grandes. Por ejemplo, yo calzo 36 y uso unas que son 39, porque está pensado para el cuerpo de un hombre. Algunas empresas están empezando a hacer el cambio. En eso vamos un poquito atrasados”, cuenta.

Pese a los prejuicios que tildan a determinadas actividades exclusivas para hombres, como es el caso de ser bombero, Luciana lo rebate: “Lo importante es el trabajo en equipo por un mismo objetivo”. Aun así, opina que ante ciertas circunstancias el sexo femenino tiende a develar más su sensibilidad. “Creo que las mujeres en situaciones críticas tendemos a ser más sentimentales, pero más que nada cuando tengo gente a cargo, me pongo en el lugar de ese familiar, hijo, hermano o mamá”, enfatiza.

Asimismo, remarca que la presencia de mujeres bomberos en un incendio continúa causando asombro en la gente. “Se sorprenden mucho cuando llegamos y empezamos a tirar manga, pero también nos saludan, nos dicen que nos admiran y nos preguntan cómo hacemos”, sostiene. Y sin dudar añade que es una tarea difícil, “pero depende mucho del acompañamiento de la familia”, y destaca que sin el apoyo que recibe por parte de su marido y sus hijos, de otra forma no podría hacerlo.

Luciana es mamá de cuatro niños: el mayor, de 10 años, los mellizos de seis y el más pequeño de tres. “En cualquier momento puede sonar la sirena o me pueden llamar por handy, entonces nosotros salimos y no sabemos a qué hora regresamos. Hemos tenido incendios forestales importantes, así que me he pasado la semana entera fuera de casa”, indica. Todo eso, sumado al tiempo que durante la semana deben cumplir en horarios de capacitaciones y guardias obligatorias. “Nosotros sabemos a lo que vamos pero nunca a la hora que volvemos. Hemos estado tres días fuera de casa. Perdemos la noción de tiempo”, destaca Luciana, que estudió la carrera de Emergencias médicas y que decidió ser bombero por la admiración que le provocaba la tarea que realizaban.

En ese contexto, apunta que el apoyo de la familia, sobre todo de su marido, es fundamental. “Si él no se ocupara sería imposible que yo haga lo que hago. No es lo mismo que falte una mujer en la casa que la figura masculina, y más cuando los nenes son chicos”, relata. En tanto, sus cuatro hijos ya tienen naturalizado que su mamá es bombera. “Ellos lo incorporaron. Al más grande, cuando era chiquito, yo lo llevaba a las guardias conmigo. Ellos ya sienten la sirena y me avisan”.