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Raúl Castro cumple 10 años como presidente de Cuba


Raúl Castro cumplirá mañana 10 años como presidente de Cuba, período en el que debió conducir con pericia y coraje el proceso de apertura económica y el histórico acercamiento con Estados Unidos bajo la sombra de su hermano Fidel, el gran líder revolucionario que apenas pudo apuntalarlo con esporádicas apariciones públicas y columnas de opinión en la prensa estatal hasta su muerte, a fines de 2016.

Cuando el 24 de febrero de 2008 asumió oficialmente la presidencia, ya hacía más de un año y medio que Raúl venía llevando a rienda corta los destinos del poder, más precisamente desde el 31 de julio de 2006, cuando Fidel anunció que le delegaba el cargo de manera interina para someterse a una delicadísima operación abdominal de la que pudo recuperarse, pero no al punto de retornar al gobierno.

El aniversario de mañana le llega a Raúl a dos meses de su retiro, ya que la legislatura que surgirá en las elecciones del 11 de marzo próximo elegirá a su sucesor en abril.

Aunque no se ha conocido una confirmación oficial, se espera que tome el control de la presidencia el actual vicepresidente primero, Miguel Díaz-Canel, de 58 años, quien se ha mostrado partidario de seguir una línea continuista en el modelo socialista cubano con apertura hacia la actividad mixta.

Aquel 24 de febrero de hace 10 años el ya por entonces veterano ministro de Defensa asumió el poder con la misión de llevar adelante los lineamientos resueltos en 2011 por el VI Congreso del Partido Comunista Cubano, tarea iniciada por Fidel en plena forma física y tan fuerte en el poder como siempre.

«La batalla económica constituye hoy, más que nunca, la tarea principal y el centro del trabajo ideológico de los cuadros, porque de ella depende la sostenibilidad y preservación de nuestro sistema social». Aquellas fueron las palabras con las que comenzó el documento de «Lineamientos de la Política Económica y Social» que condensa el trabajo del encuentro partidario quinquenal, el granítico órgano de resolución del comunismo cubano.

De lo que se trataba, básicamente, era de buscar nuevos horizontes laborales para los cubanos, ya que las plantillas de empleo estatal no alcanzaban para cumplir aquella misión.

De ahí que comenzaron a tomar forma los trabajos dirigidos a la actividad privada con alguna contención estatal, como los emprendimientos comerciales y turísticos.

En ese cometido, Raúl ordenó levantar diferentes trabas legales que limitaban al pueblo, tal es el caso del libre acceso a los hoteles y la renta de automóviles o permitir la libre venta de teléfonos celulares.

En su sesión constitutiva solicitó a la Asamblea Nacional del Poder Popular una prórroga hasta fines de 2008 para la reestructuración del Gobierno, hecho que se produjo en marzo de 2009 con la fusión de varios ministerios y la sustitución de casi la mitad de los ministros.

En el plano de la política exterior mantuvo algunas de las alianzas regionales y mundiales que había enhebrado su cerebral antecesor, especialmente con la Venezuela de Hugo Chávez que le proveyó de combustible y de tecnología acorde a los nuevos desafíos de la modernidad.

Pero también le imprimió su propia impronta, cuando dirigió algunas atenciones más a China que a Rusia, o cuando, no sin sorpresa para el mundo, mostró su interés en iniciar conversaciones con Estados Unidos.
No fue aquel un proceso fácil, pero las negociaciones -muchas secretas, las menos a la luz del día y todas bajo la bendición intelectual del papa Francisco- se coronaron con un histórico acuerdo en 2014.

El 17 de diciembre de ese año Raúl anunció, junto a su par estadounidense Barack Obama, la restitución de relaciones diplomáticas entre los dos países, proceso que continuó con liberaciones mutuas de prisioneros históricos, ya casi reliquias y símbolos de la guerra fría.

Con todo, Raúl Castro no podrá entregarle a su sucesor demasiados resultados concretos de este histórico acercamiento, conocido popularmente como «deshielo», pero no por responsabilidad propia sino del vecino del norte: desde que asumió en la Casa Blanca, hace apenas un año y un mes, Donald Trump ha ido desandando el camino iniciado por Obama hasta prácticamente hacer como si nunca hubiera existido.