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Por qué tendemos a caminar en el sentido contrario a las agujas del reloj


Un estudio halló que moverse en sentido antihorario es una tendencia humana, algo que podría ser útil para diseñar recorridos de evacuación con multitudes

Un estudio realizado en España y Japón mostró que, cuando las personas tienen libertad para moverse y caminar sin rumbo fijo, tienden a girar en sentido contrario a las agujas del reloj, lo que podría tener importantes implicancias para el diseño de rutas de evacuación en lugares concurridos como aeropuertos, estadios y centros comerciales.

El trabajo, que surge de investigaciones previas sobre distanciamiento social realizados en España durante la pandemia de Covid-19, pertenece a investigadores de la Universidad de Navarra en colaboración con la Universidad de Tokio, y fue publicado en la revista Nature Communications.

En qué consistió el experimento

Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el estudio utilizó un grupo de peatones y observó que «las personas, al moverse y girar, mostraban una clara preferencia por girar en sentido contrario a las agujas del reloj», afirmó Claudio Feliciani de la Universidad de Tokio.

«Este resultado fue completamente inesperado, ya que, al menos instintivamente, cuando la gente camina sin rumbo fijo, solemos imaginar que giran según sus propias necesidades, sin mostrar una preferencia general.»

Este sesgo locomotor intrínseco, según los investigadores, ayuda a explicar algunos de los patrones colectivos observados en grupos de peatones y cuestiona la idea de que dichos comportamientos dependan exclusivamente de las normas sociales o de la interacción entre las personas.

Asimismo, esta tendencia a caminar en sentido contrario a las agujas del reloj ya se había observado anteriormente, por ejemplo, en el tumulto que se produce entre el público en los conciertos de heavy metal. En ese sentido, los investigadores decidieron realizar un nuevo estudio para evaluar qué factores podrían influir en este comportamiento.

Los experimentos se realizaron tanto en espacios abiertos como cerrados, y con diversos grupos de edad.

En una prueba en particular, se pidió a 209 personas que caminaran solas y libremente dentro de un recinto hexagonal formado por sillas y mesas, eliminando así cualquier posibilidad de ser influenciadas por la multitud.

De esa manera, en todas estas pruebas se observó una ligera tendencia al movimiento en sentido antihorario, que no dependía de la mano o el pie dominante de los sujetos, ni de su género.

En el caso de los niños, estos mostraron una mayor propensión al movimiento en sentido antihorario. 

Asimismo, las causas de este fenómeno aún no están claras. «Queríamos averiguar si el fenómeno dependía de normas culturales, de la interacción con el entorno o de las estrategias de evasión entre peatones. Los resultados indican que ninguno de estos factores, por sí solo, explica completamente lo que observamos», indicó el investigador Iker Zuriguel.

De todas maneras, el descubrimiento podría tener aplicaciones prácticas en ámbitos como la movilidad urbana y la gestión de grandes concentraciones de personas.