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Opinión: «Se fue Lavagna, la inflación continúa creciendo»


Por Diego Añaños - CLG

Por Diego Añaños – CLG

Parece que se terminó la novela. Bah, en realidad no sabemos si terminó la novela o fue solamente una temporada. Tal vez ni siquiera eso, pero por lo menos se terminó el episodio en el que Marco Lavagna es eyectado de la dirección del Indec luego del delirante intento de cumplir con lo acordado con el Fondo Monetario Internacional y anunciado un par de semanas antes por el propio gobierno. La cuestión es que finalmente el organismo dio a conocer la inflación del primer mes del año y se ubicó en el 2,9%, levemente por encima del 2,8% de diciembre, pero muy por encima del 2,5% que había estimado Luis Caputo y del 2,4% que habían predicho los 45 participantes del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central. Ni hablar que está a años luz del 0% que proyectó el presidente para agosto de este año. Pero bueno, todavía agosto no llegó, así que tenemos tiempo para seguir esperando. Todo hace pensar que hay pocas probabilidades de que los pronósticos del oficialismo, pero la economía no es matemática. Veremos.

A partir de conocido el dato, dos hechos se comprueban. El primero es que el argumento oficialista que sostenía que, si bien la inflación intermensual tenía sus altibajos, la tendencia interanual era claramente descendente, podría verse discutido. Enero de 2026 contra enero de 2025 mostró un incremento de casi un 1% contra la registrada entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, lo que rompe la tendencia mencionada. Es cierto que un mes aislado puede ser una rareza, pero al menos aparece un primer dato que contrasta con el relato oficial. El segundo tiene que ver con los ritmos de evolución de los cambios de las variables macroeconómicas. Javier Milei, en su discurso de asunción del 10 de diciembre de 2023 anunció una profunda limpieza de los pasivos del Banco Central y el fin de la emisión monetaria, con el objetivo de eliminar la inflación. En el mencionado discurso sostuvo que, dado que el impacto de los cambios en la política monetaria muestran normalmente un retraso importante, la inflación iría bajando lentamente. Y no sólo eso, le puso fecha: el rezago sería de entre 18 y 24 meses. Pues bien, la evidencia empírica muestra que, 25 meses después, la inflación no sólo no desapareció, sino que hace 8 meses que crece. Daría la impresión de que la realidad no siempre se ajusta a las predicciones de los libros de texto, muy a pesar del ñoño del niño Javier.

Sin embargo, lo verdaderamente relevante no es la cifra. Seguramente los ciudadanos argentinos no necesitaban de la publicación del dato para darse cuenta de la situación que estaban atravesando. Así como billetera mata galán, heladera mata Indec. Repito, lo verdaderamente relevante no es el 2,9%, sino el contexto en el que es cifra se inscribe. Tal vez lo más jóvenes no lo recuerden, pero allá por febrero de 2015, Patricia Bullrich, con Federico Sturzenegger a su derecha, presentaba el índice de inflación de enero de ese año medida por el Congreso Nacional: arrojaba un 2,08% intermensual y un 35,21% interanual. Números muy similares a los actuales. La diferencia está en el contexto. En ese momento la Argentina aún crecía de manera relativamente homogénea y los trabajadores defendían sus ingresos del avance de los precios en paritarias. Hoy la situación es muy distinta. La economía se encuentra en una profunda crisis productiva, y sólo tres sectores traccionan el crecimiento: agro, minerales y combustibles y finanzas. Las paritarias están pisadas en la mayoría de los sectores y el ingreso de los trabajadores registra un profundo deterioro. Como consecuencia de la crisis la recaudación tributaria en términos reales cayó en enero por sexto mes consecutivo. Por otro lado el endeudamiento de las familias se viene incrementando de manera constante y los niveles de morosidad rompen récords: la irregularidad en el pago de deudas se triplicó en el último año y alcanzó su nivel más alto desde 2010.

Es paradójico: un economista que se presentaba como especialista en crecimiento con y sin dinero, que fatigó los estudios de televisión explicando cómo domar los precios, no consigue que el país crezca ni logra frenar la inflación. Justamente donde debía surfear la ola como un campeón, no para de chocar la calesita. Pero si algo le faltaba para ponerle la frutilla al postre, era fracasar en la cruzada de la ética. En el segundo año de mandato de Javier Milei, la Argentina cayó cinco puestos en el Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por la ONG Transparencia Internacional, obteniendo un puntaje de 36 sobre 100, por detrás de Zambia, Lesoto, Gambia y Republica Dominicana. Los nulos esfuerzos por instrumentar políticas anti-corrupción activas, así como los escándalos de $LIBRA y la Agencia Nacional de Discapacidad, penalizaron el desempeño del gobierno argentino, y lo llevaron al fondo de la tabla. Otra paradoja, los campeones de la moral se van al descenso por sospechas de corrupción.

Para ir cerrando. Al momento de cerrar esta columna, tiene pocas horas la aprobación de la reforma laboral impulsada por La Libertad Avanza, y apoyada por el radicalismo, el PRO y algunos gobernadores cercanos. Seguramente con el correr de los días podremos hacer un análisis más profundo del contenido de la misma. Al margen, tenemos la impresión de que, lejos de producir el efecto que el oficialismo dice buscar, el único logro a la vista es el cercenamiento de derechos de los trabajadores. Tal vez nos equivoquemos y, una vez reglamentada la ley, una catarata de empresarios se lance al mercado de trabajo ofreciendo puestos desesperadamente. Es lo que debería ocurrir, de acuerdo a las expectativas que generó el gobierno. Si no ocurre, se comprobará la profecía de Tato Bores a comienzos de los 90s, cuando decía que la idea de que una reforma laboral iba a bajar el costo argentino e iba a aumentar el empleo es simplemente un VERSO.