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Opinión: «Programa financiero 2026/27, más dudas que certezas»


Por Diego Añaños – CLG

El lunes por la tarde el equipo económico en pleno, liderado por Luis Caputo, presentó el programa financiero para hacer frente a los compromisos de deuda hasta fines del año que viene. Durante su disertación, el ministro aseguró que la Argentina ya tiene una hoja de ruta perfectamente diseñada que le permitirá encarar exitosamente todos los pagos en moneda extranjera hasta el fin del mandato de Javier Milei. La fórmula es simple: los intereses se pagan con superávit primario y los vencimientos de capital se refinancian. Sostuvo que actualmente la vuelta al mercado voluntario de capitales era sólo una de las opciones posibles sobre la mesa, pero que bajo ningún punto de vista era un objetivo a cumplir. Es más, el ministro afirmó que por el momento se decidió no volver. De hecho Caputo íntimamente piensa que a medida que su plan vaya alcanzando éxitos parciales, el Riesgo País tenderá a bajar, y se abrirán las puertas de los mercados financieros globales. En este sentido, afirmó que nuestro país registró históricamente una “sobredependencia” del financiamiento exterior, por lo cual no estaría mal tratar de reducirla. En línea con lo planteado en la presentación por el secretario de Finanzas, Federico Furiase, las líneas de financiamiento aseguradas para el 2026 suman U$S22.900 millones de dólares, mientras que los compromisos de paso se sitúan en los U$S19.200 para lo que resta del año, por lo que incluso se podrá iniciar el 2027 con un colchón de U$S3.700 millones de reservas.

Algunas reflexiones al respecto. Si la economía argentina no registra en el corto plazo una fuerte recuperación, y los intereses van a ser pagados con el superávit fiscal, no quedan dudas de que se viene más ajuste. La cuenta es simple: si la recaudación fiscal sigue en picada, no hay modo de incrementar el saldo positivo de las cuentas fiscales si no se profundiza el recorte de los gastos. Vale recordar que la recaudación vino cayendo diez meses seguidos, tuvo una leve recuperación en mayo, y volvió a mostrar una nueva caída interanual real de un 7,4% en junio. En este contexto, sostener el superávit fiscal sólo es posible mediante la decisión política de hundir aún más las partidas de gastos de la administración pública. No se puede luchar contra las matemáticas. Paralelamente, escondida bajo el elegante eufemismo de la refinanciación del capital adeudado, no hay otra salida que más deuda. Ahora, lo verdaderamente paradójico es intentar escapar de la sobredependencia externa, incrementando el endeudamiento con organismos financieros internacionales. Un gigantesco jardín de contradicciones.

Una lectura detenida del programa financiero y sus fundamentos, deja algunas dudas con respecto a la solidez del plan. Como lo advirtió esta semana la JP Morgan, hay que ir con pies de plomo. El equipo económico parte de un conjunto de presupuestos que, de cumplirse, asegurarían el éxito del plan, sin embargo esos presupuestos son sólo especulaciones, no datos. Por ejemplo, se da por sentado que en 2027 el país conseguirá rollear (esto es, renovar) todos los bonos en dólares bajo legislación local, a la vez que se abrirá el acceso a nuevas fuentes de financiamiento, ya sea por la vía de aporte de los organismos multilaterales de crédito, como por la vía de acuerdos bilaterales. En los hechos esto es sólo una posibilidad, no una certeza. También se presume una clara victoria oficialista, lo que permitiría aceitar el acceso a los mercados globales. Sin embargo, cuando la JP Morgan realizó simulaciones prospectivas considerando escenarios alternativos con elecciones ejecutivas más polarizadas, los resultados fueron muy distintos a los previstos por el ministro Caputo. Bajo tales condiciones, el acceso al financiamiento se complica. Esto obligaría al Banco Central a comprar alrededor de U$S10.700 millones, más del doble de los U$S4.900 previstos en el plan. Todo esto sin considerar una sentencia adversa en la disputa por los bonos PBI bajo legislación británica, más los vencimientos por U$S5.300 de bopreales. Ambos ignorados por los integrantes de equipo económico a la hora de la presentación.

Hay además, una serie de presupuestos de tipo político que están implícitos en el programa financiero. El primero es que las posibilidades de vuelta del kircherismo (o alguna forma de pan-peronismo), son virtualmente nulas, por los que el Riesgo Kuka, como les gusta llamarlo, es igual a cero. Esto es algo que el Luis Caputo ha dicho en más de una oportunidad. No sé si lo cree, pero lo dice y actúa como si lo creyera. También se confía en conservar el apoyo de los gobernadores. Un acto de confianza por demás de riesgoso, ya que un pequeño cambio en las percepciones ya más cerca de las elecciones del año que viene, podría revertir rápidamente esa situación. En este sentido, siempre hay que tener presente un viejo precepto de la política: “Es probable que te acompañen hasta la puerta del cementerio, incluso hasta el nicho, pero nadie se va a meter en el cajón con vos”.

Finalmente, también hay algunos presupuestos con respecto al escenario internacional. En primer lugar se descuenta que la guerra entre EEUU e Irán era un asunto del pasado. Probablemente el día de la conferencia lo era, pero volvieron las hostilidades, y el impacto del conflicto sobre la inflación global, y consecuentemente sobre las tasas de interés, puede significar eventualmente un duro revés para los planes del gobierno. Por otro lado, también se asumen dos cuestiones en virtud de la relación con los EEUU. La primera es que Donald Trump podrá conservar una cuota importante de poder luego de las elecciones de medio término de noviembre, algo que va en contra de todos los pronósticos de la gran mayoría de los especialistas. La segunda es que Javier Milei contará siempre con el apoyo del presidente norteamericano, por lo que el salvataje recibido durante la corrida del año pasado no fue la última bala de plata en la cartuchera. En fin, demasiados presupuestos y pocos fundamentos para un programa económico que no termina nunca de transformarse en el milagro de crecimiento y bienestar general que se prometió durante la campaña.