Por Diego Añaños – CLG
Se acercan las elecciones y el gobierno ha decidido apretar el acelerador. Pero claro, como la economía no lo acompaña, se ha volcado de lleno a la política como arena de batalla. El martes pasado fue el día elegido para el evento denominado La Derecha Fest. El lugar, como no podía ser de otra manera, la provincia de Córdoba. El Quórum Hotel, situado en las inmediaciones del aeropuerto de la capital mediterránea, fue el escenario elegido para el evento. Allí se dieron cita más de 2.500 asistentes, que pagaron las entradas que rondaban los $35.000, para escuchar a los principales referentes de las huestes libertarias. El objetivo: fortalecer la base militante de LLA, y arengar a los representantes de las Fuerzas del Cielo para las elecciones de medio término de octubre. La organización presentaba orgullosamente al encuentro como “el más anti-zurdo del mundo”. Más payaso no se consigue. El tono del meeting fue claramente violento y confrontativo, y no solamente para con el kirchnerismo. Hoy el objeto del odio libertario se ha dispersado, y también alcanza, no sólo a la vice-presidenta, Victoria Villarruel, sino también a los sectores internos dentro del oficialismo que quedaron fuera del armado electoral y han expresado su molestia. Es que hoy no hay lugar para la disidencia en LLA, como lo dijo claramente Karina Milei: “la lealtad no es una opción, es una condición”. A buen entendedor, pocas palabras.
Está claro que para el gobierno la política no es un divertimento. Los resultados de las elecciones de octubre marcarán lo que queda de la gestión libertaria. Casi todos los analistas dan por sentado que al oficialismo le va a ir bien. Sin embargo, “bien” puede significar muchas cosas. Ganar por un punto es “bien”, y ganar por diez puntos también lo es. La cuestión es que si el gobierno quiere un cambio favorable en la correlación de fuerzas parlamentarias no le basta con que le vaya “bien”, precisa una goleada. De otro modo, no es posible garantizar la estabilidad del programa económico en el mediano plazo. Esa debilidad es percibida por los agentes financieros internacionales. Como venimos comentando desde hace un par de semanas, se multiplican las advertencias, tanto sobre las inconsistencias del plan, como sobre las limitaciones políticas de la gestión. Hace unos días habló el director ejecutivo del banco de inversión Morgan Stanley para América Latina, Fernando Sedano. El economista, si bien reconoce los éxitos del gobierno en el control de la inflación y el déficit fiscal, se mostró preocupado por la continuidad del programa. Traducción: hasta que el gobierno no dé muestras claras de que puede hacer algo más que planchar los precios y ajustar el gasto (y agregaría: además de construir una mayoría legislativa consistente), es muy poco probable que el mundo se decida a poner un peso en la Argentina. Un serio problema para una gestión que apostaba a que una vez que el Estado desapareciera de la economía la inversión operaría como driver del crecimiento.
Como ya dijimos el año pasado, e independientemente de lo que hiciera el gobierno, era muy probable que el 2025 apareciera en las estadísticas como un año de crecimiento. Esto se debe a que la medición se haría contra una referencia muy pobre, como lo fue el año 2024. Sin embargo poco de esa recuperación sería real. Los pequeños atisbos de recuperación muestran un comportamiento errático. Algunos meses se observa un crecimiento interanual del nivel de actividad, para luego amesetarse o caer. Pese a las afirmaciones del gobierno, todavía no se evidencia una tendencia consistente que permita afirmar que la economía argentina salió del proceso recesivo. Salvo algunos sectores puntuales, como el agropecuario, el financiero o el minero, la mayoría de los sectores muestran números negativos. Lo mismo ocurre con el consumo que, impulsado por la aparición del crédito, muestra una leve recuperación para los bienes durables, pero un estancamiento del consumo de bienes salario. Paralelamente, las entidades bancarias están alertando por un crecimiento de la morosidad en créditos personales y tarjetas de crédito. Si bien la situación no es crítica, y aún se está lejos de los promedios históricos, se observa una clara tendencia al alza. En este sentido, no es para despreciar la fuerte influencia negativa que puede tener sobre el fenómeno el disparo de las tasas de interés que se viene observando en los últimos días. Si bien el gobierno niega haber intervenido, es evidente que hay un intento desesperado de frenar la huida de los pesos al dólar.
Es en este contexto que el Fondo Monetario Internacional, a pesar de aprobar la revisión de Capítulo IV del programa cerrado por la administración Milei, ha expresado su preocupación por la situación argentina. Desde el organismo internacional advirtieron que no sólo el gobierno no está cumpliendo con el objetivo de acumulación de reservas acordado en el programa, sino que su nivel actual es críticamente bajo. En un informe publicado hace dos días, titulado “Desequilibrios globales en un mundo cambiante”, el FMI hace un repaso por la situación del sector externo de las 30 principales economías del mundo. En el mismo, pese a destacarse los logros de la administración Milei, se hace foco en el elevado nivel de riesgo país, de alrededor de 750 puntos básicos, que imposibilita el acceso del país al mercado voluntario de capitales. Según los técnicos del Fondo, una baja de esos niveles de incertidumbre requiere “de la aplicación de reformas estructurales que impulsen la competitividad y la productividad”. En resumen, lo hecho hasta el momento no alcanza, y hoy el FMI le reclama al país una reforma laboral, una reforma previsional, un esquema de tipo de cambio más flexible, y la eliminación total de los controles cambiarios, que aún pesan sobre las empresas. Es por eso que octubre es tan importante, porque sin un cambio profundo en la correlación de fuerzas en el Congreso es casi imposible que LLA pueda conseguir las leyes que necesita.
