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Opinión: «Lionel Messi: el hombre que hizo eterno el nombre de Rosario»


Por Diego Mussetta - CLG

Por Diego Mussetta – CLG

Hay futbolistas extraordinarios. Hay leyendas. Y después está Lionel Andrés Messi. El rosarino que convirtió un sueño de potrero en la historia más extraordinaria que haya escrito el fútbol.

No existe discusión posible. No hay comparación que alcance. No hay estadística que pueda explicar lo que representa. Porque Messi dejó hace tiempo de competir contra otros futbolistas. Hace años que sólo compite contra el tiempo.

A los 39 años volvió a jugar una final del mundo. La tercera de su carrera. La sexta Copa del Mundo que disputó con la camiseta argentina. Veinte goles en Mundiales. Más de dos décadas llevando sobre sus hombros la ilusión de un país entero.

Ningún argentino sintió tanto el peso de esa camiseta. Y ninguno la honró tanto como él. Muchos crecimos viéndolo debutar. Lo vimos sufrir las finales perdidas. Lo vimos llorar. Lo vimos levantarse. Lo vimos convertirse en campeón de América. Lo vimos levantar la Copa del Mundo en Qatar. Y todavía lo vimos volver cuatro años después para conducir otra vez a la Argentina hasta la final.

Eso ya no pertenece al deporte. Pertenece a la eternidad. Messi fue mucho más que el capitán de esta Selección. Fue el faro. La guía.

El ejemplo silencioso que contagió a una generación completa de futbolistas que entendieron que el talento alcanza su verdadera dimensión cuando está acompañado por humildad, sacrificio y trabajo.

Scaloni construyó un equipo. Messi construyó una cultura. La cultura de creer. La de competir siempre. La de nunca bajar los brazos. No necesitaba jugar otra final para demostrar quién era. No necesitaba otra copa para ser el mejor de todos los tiempos. Pero volvió. Porque todavía sentía que podía darle algo más al país que lo vio nacer. Y eso habla de una grandeza que trasciende cualquier resultado.

Rosario tuvo el privilegio de ver nacer al mejor futbolista que conoció la humanidad. Ese chico que aprendió a gambetear en Grandoli, que soñó en las inferiores de Newell’s y que terminó conquistando el planeta sin olvidar jamás de dónde salió. Messi hizo que el nombre de Rosario se pronunciara en todos los idiomas del mundo. Cada vez que alguien habla de fútbol, inevitablemente habla de él. Y cuando habla de él, también habla de esta ciudad. Por eso ningún resultado puede disminuir su legado. Ni una final perdida. Ni el paso de los años. Ni siquiera el inevitable momento del retiro. Porque las leyendas no se miden por las copas que levantan. Se miden por las generaciones que inspiran. Y Lionel Messi inspiró a millones. Nos enseñó que se puede caer y volver. Que la paciencia también gana campeonatos. Que el talento necesita perseverancia. Y que los sueños más grandes siempre empiezan en los lugares más humildes.

Algún día Leo dejará de jugar. Ese día el fútbol perderá al mejor. Pero Rosario seguirá diciendo, con un orgullo imposible de explicar: «Acá nació Lionel Messi.» Y eso, simplemente, ya forma parte de la historia más grande jamás contada por una pelota.