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Opinión: «Las finanzas de fiesta, la economía real de velorio»


Por Diego Añaños – CLG

Nietzsche decía que no existe la realidad, en todo caso existen las interpretaciones. La gigantesca intervención del Tesoro de los EEUU en la economía argentina generó un vibrante debate acerca de los verdaderos motivos, sus alcances y el tipo de condiciones que el país del norte impuso. Estaban los que afirmaban que el apoyo de la mayor potencia económica y militar  del planeta significaba la confirmación de la relevancia que el mundo occidental le daba al nuevo proceso político y económico que se había iniciado en la Argentina en diciembre de 2023. Otros sostenían que se trataba de una cuestión casi personal entre Donald Trump y Javier Milei, algo así como un premio al sometimiento humillante al que se había prestado nuestro presidente desde el minuto cero. No faltaron los que sostuvieron que se trataba de un capítulo más de la historia de imposición del poder norteamericano en América Latina, que viene utilizando el endeudamiento como mecanismo de disciplinamiento y control político desde hace décadas. Todas interpretaciones, probablemente todas válidas.

Pero, como decía El General, la única verdad es la Realidad. Si a alguno le quedaba alguna duda, Scott Bessent se ocupó de clarificar las cosas. Ante la pregunta de un periodista acerca de cómo consideraba que el rescate a la Argentina podía favorecer a los ciudadanos norteamericanos, el Secretario del Tesoro se molestó, y preguntó: “Por qué lo llamas rescate?”. “No se trató de un rescate”, sostuvo, y aclaró que era un swap de monedas proveniente del Fondo de Estabilización Cambiaria, que él mismo controla personalmente y que jamás dio pérdidas. Es más, aseguró que no sólo no hubo pérdidas, sino que EEUU se vió beneficiado financieramente por la operación de compra de pesos (en realidad no fueron pesos, sino bonos nominados en pesos). Lo peor de todo es que el secretario dice la verdad. En un hecho absolutamente inédito, el Tesoro norteamericano, asumiendo el papel de cuevero o de usurero, salió a prestarle dinero a un gobierno que, como sostuvo el mismo Trump, estaba al borde de la muerte. Y no sólo eso, sino que también ganó por partida doble. Por un lado liquidó los títulos en pesos y recompró dólares, llevándose más de los que había prestado. Y por el otro, ganará con los intereses que genere la activación del swap de monedas (que el gobierno tuvo que activar para que Bessent se llevara los dólares que había puesto más la ganancia de corto plazo, fruto del interés de los bonos en pesos y del diferencial de dólares que pudo adquirir dado que la divisa norteamericana bajó de precio). Les dejo una adivinanza: quién/quiénes creen ustedes que ponen la diferencia entre lo que Bessent trajo y lo que se llevó? Les doy tres opciones: Wanda Nara, Messi o  todos nosotros, Si, adivinaron. Ah, y todo esto a plena luz del día, sin repetir y sin soplar, y sin que nadie se ponga colorado. Salvo el pobre Santilli, claro.

La cuestión es que, al menos al parecer en el corto plazo se alinearon los planetas para Javier Milei. Pasadas las turbulencias electorales y con el apoyo de su amigo Donald Trump, el presidente viene teniendo una semana llena de buenas noticias, al menos en lo financiero. El dólar sigue navegando por debajo de la banda superior de flotación, e incluso registró un descenso en su cotización de casi $50 en la semana. Los bonos y las acciones, por su parte, muestran una recuperación en los mercados locales y globales, empujadas sobre el fin de la semana por el acuerdo comercial con los EEUU, por lo que el equipo económico respira aliviado. Sin embargo, el Riesgo País sigue siendo una preocupación para el gobierno. Si bien bajó sensiblemente, se resiste a perforar la zona de los 600 puntos básicos, lo cual es un impedimento fundamental para volver al mercado de capitales. Por el momento el ecosistema financiero prefiera la prudencia, y desconfía de la capacidad del gobierno de gestionar su debilidad legislativa. Paralelamente, llegan versiones cruzadas, aunque no necesariamente contradictorias, desde la conducción económica, lo cual acrecienta el ruido comunicacional. Mientras que el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning hace un par de días que no falta mucho para levantar las restricciones cambiarias que pesan sobre las empresas, el ministro de Economía declaró que va a sostener el esquema de bandas cambiarias. Estamos en el país de la libertad o no? No nos olvidemos que, durante la campaña, Javier Milei mostraba su teléfono diciendo que con un llamado venían los U$S20.000 millones para dolarizar. Ya se fumó más de U$S80.000 millones y de la dolarización ni se habla.

Mientras en el plano financiero todo bien, la economía real sigue sufriendo las consecuencias de tener a un timbero de ministro. El miércoles pasado el INDEC publicó el dato de la inflación del mes de octubre, que  alcanzó al 2,3%. Tres cuestiones a tener en cuenta. La primera es que es el cuarto registro más alto del año, luego del 3,7% de marzo, el 2,8% de abril y el 2,4% de febrero, por lo que, lejos de morir (como pronosticaba Manuel Adorni en un tweet del 11 de diciembre del año pasado), la inflación está más viva que nunca. La segunda es que, luego de la fuerte desaceleración registrada en mayo, es el quinto mes consecutivo en el que la inflación no baja (Mayo 1,5%, Junio 1,6%, Julio 1,9%, Agosto 1,9%, Septiembre 2,1% y Octubre 2,3%). La tercera cuestión es que, con el dato de octubre la inflación interanual se ubica en el 24,8%, virtualmente la misma inflación que medía el Congreso hace exactamente 10 años. Efectivamente, los que se tomen la breve molestia de googlearlo, se van a encontrar con una foto de Patricia Bullrich (acompañada por Federico Sturzenegger, claro) sosteniendo un cartel que decía que la inflación de octubre medida por los economistas opositores (la inflación Congreso), había alcanzado el 1,52% en octubre de 2015, lo que daba un dato interanual del 25,01%. En síntesis, lo que durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se interpretaba como una tragedia, pasa a ser festejado como un éxito 10 años después. Como decía mi tía María: “Más vivís, más ves . . .”.