Análisis

Opinión: «La tragedia que no fue»


Por Diego Añaños

Por Diego Añaños

Finalmente, la tragedia tan anunciada para el día después de las elecciones no se produjo. Ni siquiera se produjo la semana siguiente. Tampoco la brutal devaluación, de la que se habló durante semanas. Sin embargo, los principales diarios de la Argentina siempre encuentran el modo de dar malas noticias. Ahora parece que la falta de definiciones claras por parte del gobierno de Alberto Fernández tiene angustiados a los mercados. Sí, a los mercados, esa entelequia que suelen utilizar los comunicadores cuando no quieren hablar específicamente de los especuladores y los poderes fácticos en la Argentina. Para colmo, los bonos y las acciones vernáculas caen sistemáticamente de precio en las principales plazas financieras del mundo. Además, y como si no fuera suficiente, el riesgo país rompió esta semana la barrera psicológica de los 1.800 puntos. Y, claro, para rematar la opereta, Clarín publica la primera encuesta post electoral con vistas a 2023, realizada por una consultora cordobesa (cómo no?!!!). El estudio realizado por CB Consultora Opinión Pública, aquella que acertó con mayor precisión los resultados de las Paso y las generales, no hace más que mostrar lo que todos sabemos antes de que se realice: y es que hoy la intención de voto favorece claramente a Juntos por el Cambio.

Si uno se queda con lo que dicen los medios, la caída de la cotización de los papeles nacionales parece ser una particularidad del caso argentino. En realidad, los bonos y las acciones de los países emergentes están cayendo en todo el mundo, y la explicación excede largamente a la visión extremadamente parroquial que tienen los analistas económicos locales. Desde hace un tiempo ya, la Reserva Federal de los EEUU viene anunciando el tapering, esto es la reducción de los estímulos financieros que realiza la autoridad monetaria norteamericana a través de la compra de activos de empresas privadas. La expectativa del desarme de posiciones financieras dentro de la hoja de balance de la FED genera preocupación en la plaza financiera. En realidad los mercados vienen descontando desde hace un tiempo que esto ocurra, dado los altos niveles de inflación que se vienen registrando en el país del norte. Esta situación incrementa los niveles de incertidumbre y volatilidad en los mercados financieros, por lo que los inversores mueven sus posiciones hacia colocaciones más seguras y estables, movimiento conocido como flytoquality. Es normal que en ese contexto, los papeles de los emergentes, y con ellos Argentina, claro, sufra las consecuencias de los vaivenes financieros globales.

Lo del Riesgo País es otra cosa. Hace un par de semanas tuve la posibilidad de evaluar una tesina de grado en la Facultad de Ciencia Política y RRII, en la que se analizaba comparativamente las variaciones que hacían las tres grandes calificadoras de riesgo globales: Moody´s, Fitch y Standard and Poor´s (que concentran el 95% del mercado de calificaciones), en función del color político de la fuerza gobernante en la Argentina. En sus análisis, las empresas utilizan un conjunto de variables, algunas de carácter subjetivo (políticas, podríamos decir), mientras que otras tienen un carácter objetivo (niveles de determinadas variables macroeconómicas). Como todos imaginarán, el margen de deriva de las variables subjetivas, vinculadas a la situación política, es maravilloso. Las críticas del tesista caían precisamente sobre ese inmenso margen de discrecionalidad. Sin embargo, le hice notar, que las presuntas variables objetivas (y hagamos el gestito de comillas con las manos), sólo lo eran en función de su medición, pero que no respetaban el criterio de objetividad en su selección. Claro, la selección misma de las variables a analizar, condena desde el comienzo a las economías como la Argentina. Es decir, si las variables son el grado de liberalización del mercado cambiario o los niveles de déficit fiscal, sabemos que arrancamos el partido perdiendo dos a cero, y ahí está, si me permiten el anacronismo, la madre del borrego.

Sin embargo, lo relevante no parece caer en la mira de los analistas. Hoy el país está sentado a la mesa de negociación con el FMI. Ha llegado un acuerdo con el Club de París para posponer la discusión hasta el segundo trimestre del 2022. Es decir, muestra voluntad de pago y participa activamente de las negociaciones. A pesar de las críticas recibidas, se ha hecho un manejo relativamente razonable de la pandemia y, a pesar de la enorme deuda que aún tiene el gobierno de Alberto Fernández con los sectores más vulnerados de la economía, la Argentina crece. Y crece mucho más de lo que cualquier expectativa ridículamente optimista podía tener un año atrás. La recuperación es tan robusta que es muy probable que se recupere todo lo perdido en 2020, e incluso se vaya un poco más allá. Es más, una gran cantidad de sectores están registrando niveles de actividad superiores a los registrados durante el gobierno de Macri, que recibió el gobierno sin deuda, sin default y sin pandemia. Los datos están a la vista, pero ni las calificadoras de riesgo ni los medios hegemónicos en la Argentina parecen haber tomado nota.