Análisis

Opinión: «La Argentina en clave electoral»


Por Diego Añaños

Por Diego Añaños

El pasado lunes el diario Página 12 publicó una interesante nota de Alfredo Zaiat titulada: “Cristina, Alberto, elecciones de 2023 y un debate con pocos dólares”. En la misma, el periodista económico reflexiona acerca de dos o tres cuestiones: el porqué de la derrota en las elecciones de medio término de 2021, los principales lineamientos del debate macroeconómico al interior de la coalición gobernante, y las perspectivas que se abren para las presidenciales de 2023 ante la complejización del escenario económico-político. Como notarán en la descripción esquemática, es un análisis que avanza casi exclusivamente en clave electoral. La nota está bien escrita. Bajo ningún punto de vista es mi intención caerle a Alfredo. Pero está claro que lo que hace Zaiat es tomar el pulso del debate en función de los insumos que el mismo oficialismo le ofrece. Esto es, el debate que el Frente de Todos le propone a la sociedad, pretende saldar las responsabilidades de la derrota de 2021 y trazar un programa ganador para el año que viene. Queda en evidencia que el horizonte de la discusión difícilmente exceda el año y medio. Y no es ningún descubrimiento, ninguna genialidad, decir que los problemas reales se resuelven en el mediano y el largo plazo, jamás para la próxima elección.

En el Frente de Todos todavía no se saldó la discusión por la derrota del 2021. No basta la explicación de que los efectos negativos de la pandemia afectaron principalmente a las fuerzas gobernantes, por lo que los oficialismos perdieron alrededor del planeta. Desde el kirchnerismo más duro le achacan al ejecutivo el excesivo fiscalismo de la mirada de Martín Guzmán, y suponen que, con un poco más de sostén de los sectores más vulnerados, hubiera sido posible mejorar el humor social y, al menos, no perder por paliza. Incluso en los últimos días apareció Martín Redrado criticando al ministro de economía, y diciendo sin decirlo que mantiene conversaciones habituales con Cristina Fernández. Hoy en el oficialismo se discuten básicamente dos cuestiones: cómo incrementar la oferta de dólares en la economía por la vía del crecimiento del saldo neto de la balanza comercial y por otro lado cómo captar parte del excedente de los sectores más concentrados de la economía nacional. No mucho más que eso. La gaffe del presidente anunciando un aumento de las retenciones y la inmediata desmentida del ministro de Agricultura Julián Domínguez, no son más que una muestra del desconcierto que reina en las filas oficialistas.

Mientras tanto, desde la oposición, se ataca la política económica con argumentos ortodoxos que, no solamente atrasan doscientos años, sino que han sido los fundamentos de los peores desastres. Y así suenen como una letanía las críticas por el exceso de la emisión monetaria, el desmadre del déficit fiscal, la política de subsidios, etc. Parecen olvidar todo lo que hicieron cuando fueron gobierno. Recordemos: levantaron el cepo, bajaron las retenciones, eliminaron los subsidios de las tarifas de los servicios públicos, le pagaron a los buitres, abrieron la economía, desregularon los mercados financieros, eliminaron las obligaciones de liquidar dólares en el país a las empresas exportadoras, vendieron cinco millones de dólares por mes sin preguntar absolutamente nada y a cualquiera, blanquearon a evasores y delincuentes, eliminaron las paritarias, pagaron tasas obscenas desde el Banco Central y se endeudaron salvajemente. Sólo después de todo eso, y cuando quedó en evidencia que no funcionaba, fueron a pedir la escupidera en el FMI, e incrementaron aún más el endeudamiento.

Hoy nos encontramos entrampados. Las opciones son una oposición que nos ofrece un programa ortodoxo, probadamente ineficaz, basado en el ajuste; y un oficialismo, que nos propone una agenda interesante, alineada con el interés nacional, pero de corto plazo. Es decir, no plantea la resolución de los problemas, sino la morigeración de sus manifestaciones fenoménicas. Resolver la restricción externa, o lo que es lo mismo, la escasez estructural de dólares, requiere, por un lado, de plan consistente de sustitución de importaciones, y de un incremento y, fundamentalmente, diversificación de nuestras exportaciones. Es decir, tenemos que ampliar no sólo nuestros mercados, si no la oferta de productos y servicios que forman parte de nuestra canasta exportadora, a la vez que preparamos a la industria nacional para producir algunos de los bienes y servicios que estamos comprando en el exterior. Por el otro, necesitamos un programa de crecimiento y fortalecimiento del mercado interno. Hoy el mundo se vuelve cada día más hostil, tanto en términos comerciales como en términos financieros, por lo que crecer desde adentro no es hoy una de los caminos a mano: es el único.