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Opinión: «El FMI suspende la revisión: las reservas no son suficientes para cumplir con la meta»


Por Diego Añaños - CLG

Por Diego Añaños – CLG

Para cualquier argentino, la deuda externa suele representar un fantasma que se cierne de manera amenazante y permanente sobre los destinos de la Nación. Tal vez algunos memoriosos, o algunos estudiosos, recuerden los tiempos en los que el endeudamiento no formaba parte de las preocupaciones cotidianas de los argentinos. Sin embargo, para la gran mayoría de la población está presente desde que tienen conciencia. Hay algo que es importante entender, la deuda no implica necesariamente un problema. Todos los países del mundo contraen deuda para financiar sus programas de gobierno. Sin embargo, como cualquier instrumento de política económica, puede ser utilizada de distintos modos. Además, hay muchas variables que influyen a la hora de definir el perfil del endeudamiento: el monto de la deuda, la moneda en la que se emite la deuda, los objetivos del préstamo, las tasas de interés que se pagan, los tribunales que se establecen como sedes para la resolución de conflictos, etc.

Desde pequeños aprendemos en la escuela primaria que fue Bernardino Rivadavia el primero que endeudó a la Argentina. En efecto, el 1° de julio de 1824 se firma el famoso empréstito con la Baring Brothers de Londres por 1.000.000 de libras esterlinas. Una deuda que tuvo sus complicaciones, ya que en una primera etapa sólo se pagó durante seis semestres. En 1828, Dorrego suspende los pagos a raíz de la imposibilidad de seguir haciendo frente a los compromisos, dado que la guerra con Brasil se llevaba todos los recursos. Quince años después, Rosas intentó una negociación para saldar la deuda con los británicos (Baring Brothers incluidos) en la que se ofrecía las Islas Malvinas como prenda de pago, pero no prosperó. Luego en 1857 se acuerda un plan de pagos de una deuda que ya ascendía, entre capital e intereses, a 1.646.000 libras esterlinas. Para el año 1866, la deuda es asumida finalmente por la Nación, dado que hasta el momento la misma era atribuida a la provincia de Buenos Aires. Finalmente se termina de pagar en el año 1947, casi 120 años después, durante el primer gobierno de Perón.

Podríamos decir que la segunda etapa de la historia del endeudamiento argentino se inicia con el ingreso formal al FMI el 20 de septiembre de 1956. Luego, el 4 de diciembre de 1958, durante el gobierno de Arturo Frondizi, se firma el primer acuerdo con el organismo, por un monto de U$S 75 millones millones, para financiar un programa de estabilización antiinflacionario. Con el último acuerdo firmado por el gobierno de Javier Milei, la suma (entre programas stand-by y facilidades extendidas), llega a 23, de los cuales ninguno funcionó. Hoy la Argentina es el principal deudor del FMI, ya que concentra alrededor de un tercio de la cartera total de préstamos. Lo siguen, de lejos, Ucrania con un 10,1% y Egipto con un 7,7%.

Fue durante la Dictadura cívico militar de 1976 cuando se inaugura la etapa más importante de la historia de nuestro endeudamiento. Al comienzo de la presidencia de Jorge Rafael Videla, la deuda externa era de alrededor de U$S9.000 millones, lo que representaba alrededor de un 15, 5% del PBI de aquel entonces. La crisis del petróleo y la explosión de capitales que se produjo como consecuencia, inundó de dólares las plazas financieras globales, y los países emergentes se volcaron el mercado voluntario para aprovechar las ventajas del endeudamiento barato. El gobierno militar utilizó la ventana de oportunidad para financiar su programa de gobierno, y para fines de 1983, la deuda ya ascendía a aproximadamente U$S 46.000 millones. Un cálculo muy revelador dice que, en diciembre de 1975, cada argentino debía U$S157, mientras que para comienzos del gobierno de Raúl Alfonsín la cifra se había elevado a U$S1.088. La crisis de la deuda, que se inicia en 1982 luego del default mejicano, es producto del ingreso de los EEUU a los mercados de capitales globales, en busca de financiamiento para sostener la guerra de las Galaxias iniciada por Ronald Reagan, lo que dispara las tasas de interés de manera exponencial y lleva a los emergentes fuertemente endeudados a la quiebra. Es precisamente en ese pasaje de la historia donde la deuda se transforma definitivamente en un problema central para nuestro país.

La argentina necesita dólares, como cualquier país del mundo. La pregunta es para qué? Los necesita para pagar sus importaciones (y los servicios asociados), para saldar los gastos que realizan los argentinos en el exterior y para afrontar los pagos de la deuda. La única usina genuina de dólares es nuestro comercio exterior. Lo que ocurre es que, eventualmente, el resultado de la balanza comercial no cubre todas las necesidades de divisas por lo que, a menos que se produzca un significativo ingreso de capitales, es necesario endeudarse para cubrir los saldos. Si los gobiernos, someten al país a procesos de endeudamiento sistemáticos, las necesidades de financiamiento externo tienden al infinito, y los dólares nunca alcanzan. Especialmente cuando se llevan adelante programas de estabilización como el que encaró Javier Milei, que no pueden sostenerse sin un flujo de divisas permanente, dado que la fuerte apreciación de la moneda conduce necesariamente a un déficit constante de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos. Por eso es que el Fondo acaba de postergar la revisión prevista para dentro de diez días: porque ya sabe que la Argentina no a cumplir con la meta de acumulación de reservas. El plan económico libertario se transformó en un barril sin fondo. Como todos sus antecesores es un gigantesco canal de fuga de capitales y de déficit de cuenta corriente, por eso jamás va a ser suficiente.