Por Diego Añaños - CLG
Por Diego Añaños – CLG
Acaba de terminar una semana muy difícil para el gobierno. Todo lo que podía salir mal, salió mal. El Congreso en pleno le puso los puntos a Milei, el martes en Diputados y el jueves en Senadores, con mayorías abrumadoras. Al mismo tiempo, el escándalo de las valijas pegó en la línea de flotación, no sólo por el hecho en sí, sino porque también reavivó el caso $Libra, con la aparición de nuevas pruebas que refuerzan la teoría de la estafa. El mercado cambiario, un termómetro muy sensible a los vaivenes de la política, recibió de lleno el impacto y el tipo de cambio tuvo un respingo preocupante. De hecho, y visto en perspectiva, durante la primera mitad del año, las cosas no están saliendo como los esperaban los libertarios. El año pasado tuvo un cierre a toda orquesta (con la baja de la inflación y el dólar controlado), y nada hacía temer que el 2025 fuera una sucesión de derrotas en continuado. Desde el escándalo de la memecoin en adelante el gobierno no para de recibir cachetazos, y apuesta todas las fichas a que un buen resultados en las elecciones de medio término de octubre, pueda torcer el rumbo de un año que ya a esta altura parece no tener destino.
Los últimos meses han sido una catarata de golpes a la quijada. En primer lugar en el plano económico-productivo. A partir del segundo trimestre del año se multiplicó el número de empresas que anunciaron que no estaban en condiciones de afrontar el pago de sus obligaciones. Comenzó con Los Grobo, Agrodina y Surcos. Luego la empresa Albanesi, Celulosa Argentina y la petrolera Aconcagua Energía. Paralelamente un número creciente de empresas abandona la Argentina (HSBC, Xerox, Clorox, Prudential, Nutrien, ENAP, Fresenius Medical Care, Procter & Gamble, Nissan, y Carrefour en trámite). En el plano financiero las cosas se vienen complicando. Todo comenzó con la Morgan Stanley negándose a elevar la calificación crediticia de la Argentina hace dos semanas. Luego la Moody´s advirtiendo al gobierno sobre el atraso cambiario. Y, sobre llovido, mojado, la JP Morgan recomendando a los inversores desarmar posiciones de carry trade en la Argentina.
En el plano político general el gobierno tiene dos frentes abiertos, el interno y el de la oposición. En el frente interno esa disputa tiene a su vez dos frentes paralelos. Por un lado la feroz disputa al interior del Triángulo de Hierro que conforman el presidente, su hermana y Santiago Caputo. Hay una evidente contradicción entre la estrategia claramente confrontativa de Karina, y el espíritu negociador del Mago del Kremlin. Por el momento es sólo una cuestión de estrategias, por lo que Milei todavía no se vio obligado a tomar una decisión por uno de los dos en términos personales. Pero no es imposible que en algún momento el enfrentamiento escale y se transforme en una cuestión de nombres. Si la sangre llega al río, es poco probable que Caputo tenga posibilidades. El otro frente es con la vice presidenta. En la última semana los cruces entre Villarruel y Bullrich le subieron la temperatura a las redes. La vicepresidenta castigó duramente a la ministra de Seguridad, acusándola de haber integrado una “orga terrorista” (en una clara alusión a su paso por Montoneros). La respuesta subió inmediatamente al ring al propio presidente que no dudó en tratarla de “traidora”. Como dice el dicho: “hay que pegarle al chancho para que apareza el dueño”.
Finalmente en lo que podríamos llamar el frente externo, el gobierno se enfrenta a una incipiente rebelión en la granja de los gobernadores. En el análisis político es siempre recomendable no dejarse llevar por las emociones, y ser prudente. En virtud de lo dicho, llamamos “incipiente” a la avanzada de los jefes provinciales. Desde el comienzo de la gestión, Javier Milei a tenido a los gobernadores en la palma de la mano. Insultándolos, denigrándolos, pero prometiendo negociaciones futuras por los recursos que Nación adeudaba. Pero parece que la paciencia se va terminando. De hecho a nadie preocupaba seriamente las faltas de respeto del presidente, sin embargo, la sequía de recursos fue la gota que rebalsó el vaso. Hace algunas semanas ya que las charlas entre el jefe de Gabinete y los enviados de las provincias se encontraban estancadas. Desde el interior reclamaban dos cuestiones fundamentales: una modificación en los criterios de distribución de los Aportes del Tesoro Nacional y el giro de los recursos provenientes del Impuesto a los Combustibles Líquidos para ser administrados por las provincias. Ante la falta de respuesta por parte del gobierno, amenazaron con ir al Congreso con un proyecto propio de modificación de la ley. No los escucharon. Los gobernadores cumplieron su promesa, pasaron a la acción y fueron por más.
El martes en la Cámara de Diputados aprobó el dictamen de mayoría que aumenta el presupuesto de las universidades nacionales. La iniciativa actualiza las partidas de funcionamiento por inflación, a la vez que emplaza al gobierno a abrir las paritarias de docentes y no-docentes. A su vez, ya comenzaron las conversaciones entre los bloques para convocar a una sesión especial donde se proponen tratar la declaración de emergencia en pediatría a raíz de la crisis del Hospital Garraham. Posteriormente, el jueves en la Cámara de Senadores, y por una mayoría abrumadora, convirtió en ley un aumento a los jubilados, la prórroga de la moratoria previsional y la emergencia en discapacidad. Además, dio media sanción a un nuevo mecanismo para distribuir los fondos nacionales a las provincias (ATN e impuestos a los combustibles), que será girado ahora a la Cámara de Diputados. El presidente, ante la apabullante demostración de fuerza de la oposición amenazó alternativamente con impugnar la sesión, vetar las leyes y/o judicializar las cuestiones. Evidentemente el gobierno se siente acorralado, y como cualquier animal asustado, intenta sobreactuar su furia. Hoy la oposición se puso de pie y desafía al autoritarismo mileísta. De aquí en adelante es sólo cuestión de tiempo para ver quién se impone. Es probable que LLA gane las elecciones de medio término, pero lo único que pondría a resguardo al oficialismo sería una victoria por una enorme diferencia en octubre. No parece que vaya a suceder, al menos es lo que puede concluirse al día de hoy.
